Mucho criticar y nada que solucionar

En la presentación de su último libro, Arturo Pérez-Reverte me recordó a Otto von Bismark (“Envidio a España, lleva varios siglos intentando destruirse a sí misma y no lo ha conseguido”) cuando matizaba sobre el estado de “liquidación” de un país que ya está más que segmentado y confrontado por el tremendo sectarismo y la escasa/nula capacidad de los gobernantes para defender nuestros intereses con un mínimo de sentido común. 


Uno de los argumentos que se están gestionando con enorme desafuero es el de la inmigración ilegal y la panoplia de populismo que de este asunto se desprende. Las distintas versiones, interpretaciones, ocurrencias y oportunismo que afloran sitúan a un sector ideológico como generoso benefactor, frente a otro tildado de racista y xenófobo; la milonga de siempre. Y, mientras estas posiciones se radicalizan como seña de identidad sectaria, el problema crece. Consecuentemente, los “observadores” de nuestra debilidad y vulnerabilidad no dudarán en sacar provecho en sus actividades claramente delictivas, incrementando la intensidad y crudeza en su modelo de “negocio”, independientemente de los controles, limitaciones y legalidad establecida por un país con un gobierno que, ayer monta una fiesta mediática de recepción, y hoy prohíbe la información sobre la constante afluencia de pateras para evitar la sensación de “invasión (sic)”.


Ya van dos intervenciones en sede parlamentaria de la representante de Vox por la provincia de Almería, Luz Belinda, y a cual más desafortunada en la forma. Insisto, en la forma. Decir que Salvamento Marítimo “no rescata”, sino que es un “autobús al servicio de ciertas llamadas”, es un gran error. En España tenemos grandes servicios de ayuda y auxilio en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, así como un altísimo nivel en Bomberos, servicios sanitarios y rescate en situaciones límite, y si hay que destacar un notable crecimiento e intensidad en su trabajo es Salvamento Marítimo. 


Por experiencia propia, les aseguro que no hay nada más angustioso que quedar a meced de una situación extrema en altamar. Así, cuando escucho esta ligereza en un asunto tan delicado, no puedo más que estremecerme con conmiseración ante la ignorancia con la que se prodigan ciertas expresiones.


Salvamento Marítimo y Guardia Civil del Mar lo son todo en cuanto a control, seguridad, auxilio y rescate en nuestras costas. Todo, menos un servicio de “autobús”. La desafortunada afirmación, no obstante y con grandes matizaciones, esconde una verdad mal expresada. Todo cambiaría si se hubiese dicho que “las mafias creen que han tomado a nuestros servicios de salvamento por un autobús, y esto no es así”. 


Resulta altamente sospechoso que cada patera fletada por las mafias negreras que zarpa de las costas de Marruecos sea precedida o secundada de una llamada telefónica informando de las penosas condiciones de la embarcación, así como la posición aproximada para “facilitar” el trabajo de localización a las embarcaciones o helicóptero de rescate españoles -casi nunca de Marruecos-. Igualmente, las inversiones de las mafias en material de trasporte se han abaratado (menos combustible; motores de menor potencia; ausencia de GPS plotter, radar, radio), así la rentabilidad del negrero es más que aceptable aunque se pierda la embarcación cuando sean rescatados los ocupantes. 


Aviso programado 52 ilegales rescatados tuvieron que pagar 216 000 euros para media travesía hasta Isla de Alborán, donde fueron rescatados gracias a un “aviso telefónico programado”. Salen a algo más de cuatro mil euros por persona. Según las mafias, esta “tarifa” incluye el rescate por Salvamento Marítimo y la logística para alcanzar suelo francés.


Mientras las mafias afinan sus ofertas y rentabilidad en estos paquetes cerrados, los españoles nos afanamos en la confrontación que surge de una frase desafortunada, y somos lo suficientemente insensatos como para hacer de esto forma y fondo de un problema que, hemos de reconocer, estamos demostrando no poder controlar. Y, si éramos pocos, ahora se lía con Pablo Casado y sus medidas para las madres inmigrantes ilegales que den sus hijos en adopción (fake news). Interesante episodio que evidencia la imposibilidad de alcanzar siquiera la mediocridad en la errática política de comunicación del PP. Es tradición secular.   


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