¿Ha llegado la hora de Almería?

“La provincia puede, por primera vez en 40 años, tener un peso real en la política andaluza”

Javier Aureliano García y Marta Bosquet.
Javier Aureliano García y Marta Bosquet. La Voz
Pedro Manuel de La Cruz
00:02 • 20 ene. 2019

Después de veinticinco años y un día de irrelevancia y de diez años y solo tres consejeros almerienses –Martín Soler, Mari Carmen Ortiz y Rodrigo Sánchez- con capacidad decisoria en áreas importantes para Almería en el consejo de Gobierno, la provincia puede, por primera vez en los casi cuarenta años de gobiernos autonómicos, tener un peso político real en la política andaluza. 



Desde 1982 hasta 2008, solo la breve presencia de Antonio García Tripiana en el entorno político del presidente Borbolla fue la excepción de una regla marcada por el olvido cuando no el desprecio. Mientras Cádiz, con Luis Pizarro, y Jaén, con Gaspar Zarrías tenían una proyección de amplio espectro en la política andaluza, al socialismo capitalino (en realidad siempre mandaron ellos; la provincia solo era tropa) nunca le interesó Sevilla. Tan poco les interesó Sevilla y tan nula fue su influencia allí durante veinticinco años, veinticinco, nada menos, que los 210 kilómetros de carretera tercermundista que separaban Adra del campo de Lorca se convirtieron antes en autovía que los 110 que separan Almería de Guadix. Almería siempre ha estado muy lejos de Sevilla para los sevillanos y (qué inmenso error) también para los almerienses. Pero esa ignorancia compartida es ya historia y nada hay más inútil que azotar un caballo muerto.



Con el cambio político provocado por la aritmética parlamentaria en las elecciones de diciembre se puede, se debe y se tiene que abrir una nueva etapa. Ningún dirigente socialista- ni Martín Soler cuando formaba parte del tridente con Chaves y Pizarro- gozó nunca de la capacidad de influencia privilegiada que ahora tienen Gabriel Amat, Javier Aureliano, Carmen Crespo y Marta Bosquet. Recorramos los porqués.



Gabriel Amat porque el resultado de diciembre no solo reiteró la hegemonía electoral del PP en Almería, sino que situó a esta provincia como la única en la que los populares fueron mayoritarios. La política es matemática y emoción. Los cuatro parlamentarios y los mas de 70.000 votos avalan la primera; la vinculación del presidente almeriense del PP con Arenas y, a través del incombustible político andaluz, con Juanma Moreno (al que, salvo en las primarias y por razones que algún día desvelará, siempre apoyó más que ningún otro presidente provincial) le garantiza el rincón de los afectos, tan importantes en política. 



Javier Aureliano porque su presidencia de la Diputación y su presencia en el comité ejecutivo nacional por decisión de Pablo Casado le sitúa en una posición privilegiada. Juanma Moreno no fue de Casado, pero Casado sí es, desde la noche del 2 de diciembre, de Moreno. Javier Aureliano está llamado a ser un puente transitable por las dos orillas de un rio que ahora baja en calma pero en el que cada uno de los que en el navegan tienen memoria. Un resultado electoral favorable- e inesperado- tapa más los desencuentros que el frío una manta zamorana.



Carmen Crespo porque las lealtades arriesgadas en política se deben acabar pagando. La portavoz andaluza del partido permaneció junto a Moreno en medio de las turbulencias desatadas en las primarias. Apostó por Soraya cuando, de forma tácita, el PP almeriense apoyó a Cospedal. Una política experta- y Crespo lo es, vaya si lo es- sabía lo que se jugaba en la partida. En medio de la encrucijada eligió el camino de la lealtad a quien le había llevado a la portavocía regional y, antes, a la delegación del Gobierno en Andalucía. Su opción perdió las primarias pero ha ganado las elecciones y esa circunstancia le sitúa en una posición y en un puesto, en San Telmo o en el parlamento, de privilegio.



Y por último (pero no por eso con menos influencia, todo lo contrario) Marta Bosquet. La presidenta del Parlamento se ha convertido, decididamente, en la número 2 de Ciudadanos en Andalucía, una posición en la escala de mando que aleja la posibilidad de acabar convertida en presa en la jaula de oro que, para algunos y algunas de sus antecesoras, acabó siendo la presidencia del parlamento. La posición de Marta Bosquet está en las antípodas de la que ocupó Fuensanta Coves cuando fue elegida presidenta de la Cámara. Su influencia en los consejeros de Ciudadanos será todo lo determinante que ella quiera y seguro que querrá y la ejercerá, pero siempre con la sutileza elegante con que lo ha hecho hasta ahora. Pudo elegir y no lo hizo. El partido lo hizo por ella y ese camino tiene un largo recorrido. Los escolásticos diferenciaban entre el poder y la influencia. Bosquet pudo optar; no lo hizo y esa decisión le hace acumular las dos fortalezas.



Dos fortalezas que unidas a las que reúnen los otros dirigentes del PP hacen inevitable la pregunta de si a Almería le ha llegado la hora de tener peso, de verdad, en la política andaluza. Ojalá que el caudal que ahora acumulan no se pierda en el exceso de prudencia, la sumisión partidista o el complejo de lejanía que tanto ha perjudicado a esta provincia. Si no cumplen con su deber no les valdrá ninguna excusa. 


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