España, devaluada en Europa

Fausto Romero-Miura
07:00 • 22 jul. 2018

No es necesario remontarse a los tiempos del Imperio español, cuando dominaba el norte, el centro y el sur de Europa. Aquello sucedió, pero es historia. Hablo de los tiempos contemporáneos, de lo sucedido desde que Calvo Sotelo consiguió el ingreso de España en la OTAN, en mayo de 1982; en los Gobiernos de Felipe González, con el ingreso en la CEE en 1985, y hasta que a principios de este siglo José María Aznar enloqueció definitivamente y le dio por hacerse fotos en las Azores, con todo lo que simbolizaban. En  ese tiempo España logró tener un protagonismo importante en Europa y en los organismos internacionales. Llegó a ser el admirado país de moda.


Ministros valiosos de Asuntos Exteriores en aquella época fueron José Pedro Pérez Llorca, Francisco Fernández Ordóñez, Javier Solana, Abel Matutes, José Piqué… y luego llegaron los grises incapaces -Ana Palacio, Moratinos, Trini Jiménez, José Manuel García Margallo y Alfonso Dastis-, con los que, lógicamente, llegó la grisura: el desvanecimiento de la influencia de España.


Es posible, con todo, que sea el signo de los tiempos: desde que en 2005 Holanda y Francia rechazaron aprobar su Constitución, Europa va cuesta abajo y sin frenos, carente de liderazgo y en trance de desintegrarse. La ¿Unión? Europea, realmente, en sus más de sesenta años de vida no ha logrado pasar de una unión en lo económico, incapaz de vertebrarse en lo político. ¿Qué elemento político común existe entre los países europeos, cada vez más nacionalistas -“la peor de todas las pestes”, según Stefan Zweig; “el nacionalismo es la guerra”,   dijo Miterrand-, populistas, anti sistema? ¿Existe una política exterior, de fronteras e inmigración, de educación, de defensa, de seguridad, de infraestructuras, de energía, de libre circulación efectiva con un Acuerdo de Schengen que se suspende cada poco...? ¿Un marco judicial común?



Y quiero quedarme con éste.


En 2002 se redactaron leyes de armonización, de homogenización, entre las que destacó la Orden Europea de Detención y Entrega de delincuentes, acordada el 13 de junio de 2002 por el Consejo de Ministros europeos de Justicia e Interior como “Decisión Marco”, que perseguía convertir el “principio del reconocimiento mutuo” en el núcleo de un  nuevo espacio judicial europeo de seguridad. Se consideró que era la esencia, el núcleo, de un sistema judicial común, que perseguía atribuir al ámbito judicial, y no al político, la extradición entre países europeos –todos Estados de Derecho- dada su homogeneidad, confianza y credibilidad entre iguales; que los nacionales de un país, huido a otro de la UE, fuesen entregados al suyo para ser juzgados por el delito cometido en él: entre Estados de Derecho, unidos, no cabía escapatoria. ¡Pues vaya, al primer tapón, zurrapa! La “eurorden” ha sido burlada por la Justicia alemana, al negarse a entregar a España a Puigdemont por el delito de rebelión.



La Decisión Marco  sólo exige –y no en todos los casos-  que, “con independencia de los elementos constitutivos o la calificación del mismo”, los mismos hechos sean delito en los dos países, lo que significa que la Justicia del Estado requerido no puede entrar a analizar el fondo, a enjuiciar.

Sin embargo, por dos veces ya, el Tribunal Superior de Schleswig-Holstein, el equivalente a un Tribunal de comunidad Autónoma española, ha absuelto en Alemania a un ciudadano español del delito de rebelión presuntamente cometido en España, e impedido al Reino soberano de España, miembro de las Unión Europea, juzgarlo por tal delito. España ha visto burlado su derecho legal europeo a la reintegración de un delincuente español huido. Y, además, de manera inapelable, pues no hay un Tribunal Superior europeo que pueda revocar, con efectos ejecutivos, esa decisión. Las consecuencias para Europa pueden ser, literalmente, trágicas, pulverizadoras. Con razón, en febrero de 2017, el Presidente del Consejo de Europa dijo: “nuestro futuro es altamente impredecible... El nacionalismo y el egoísmo se están convirtiendo en una alternativa atractiva a la integración”.



De ahí, pues, que el Magistrado Llarena haya rechazado la resolución alemana y reivindicado la legalidad europea –quebrantada por ese tribunal regional- y la dignidad, rango e independencia del Tribunal Supremo del Reino de España: no acepta que un tribunal inferior alemán haya enjuiciado, impidiendo, así, que España pueda juzgar al líder del golpe en Cataluña.

Y, ¡ah!, por cierto: a ninguno de los candidatos a la presidencia del PP y, en su día, del Gobierno, le he oído hablar del papel de España en Europa. Sólo a Casado, de pasada, ya elegido Presidente.

¿Estamos volviendo al África empieza en los Pirineos?


El Partido Popular, fracturado Ayer, Pablo Casado fue elegido Presidente nacional del PP, con 1.701 votos de los compromisarios, frente a los 1.250 obtenidos por Soraya Sáenz de Santamaría. En las primarias-primarias del 5 de julio, en que contaba, sólo, el voto de los afiliados, Soraya le ganó a Casado por 21.513 a 19.967, 1.546 votos de diferencia.

Así pues, los compromisarios han desautorizado y vapuleado a los afiliados, a los militantes, “lo que me parece todo menos democrático”, escribí el día 8, en un artículo titulado “Primarias con segundas”. Y, antes aún dije que “las primarias primerizas tienen estas cosas. Y van a dejar heridas incurables.” 

Y, creo que sí, que las van a dejar y que el PP sale de su Congreso, fracturado y, ya se sabe: pese a las invocaciones a la unidad y a la integración, en los Partidos rige lo de “al enemigo, polvorones en el desierto.” 

Soraya creo que se equivocó al creer que ser la heredera de Rajoy la convertía en su sucesora. Y, precisamente eso, se ha vuelto en su contra: ayer, se enterró el rajoysmo, merced a un discurso galvanizador e ilusionante de Casado, que propugnó la vuelta a los orígenes e ideologizar el Partido, tan diluido e indefinido en los últimos tiempos.

…Pero mi candidata era Ana Pastor.


El Alpe Huez El ciclismo me parece el más heroico de los deportes, y los ciclistas, sobre todo los escaladores, titanes heroicos, sin más motor que su cuerpo y su inconcebible capacidad de sacrificio.Recordaré siempre a Carlos Sastre, en 2008, demarrando en la primera de las 21 curvas del Alpe d’Huez, el más mítico de los puertos del Tour, y dejando clavados a sus compañeros. Como hacía Bahamontes, como hacía Pantani…Este año, sin embargo, se disputó la llegada al sprinti.¡Se están perdiendo las buenas costumbres!

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