Autoinmunidad

  • José Antonio Garrido
  • 07:00
  • 13.06.2018

Cada año, más de ocho millones de personas fallecen como consecuencia de un cáncer, en todo el mundo, y se diagnostican más de catorce millones de casos. Es decir, el cáncer es el causante del 13 % de todas las muertes que se producen en nuestro planeta, y la OMS estima que en torno al 40% de la población actual lo padecerá a lo largo de su vida. Con estos datos, no es de extrañar que esta enfermedad se haya convertido en el principal problema de salud en los países desarrollados. 


Para entender qué es el cáncer y cómo se puede actuar contra él, vamos a definir dos términos que resulta fundamental entender: célula cancerosa y metástasis. Las cancerosas son células que se dividen sin ningún orden. En un organismo sano, la división celular es un proceso regulado. Pero cuando una célula empieza a dividirse sin control, decimos que se ha vuelto cancerosa. Una agregación de estas células es un tumor. Y cuando estos tumores permanecen estables en una localización concreta, decimos que son benignos. El problema se hace mayor cuando las células de un tumor empiezan a ocupar otros tejidos u órganos. En este caso, hablamos de metástasis


Tradicionalmente, la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia han sido las principales armas con las que la medicina ha contado en su lucha contra la enfermedad. Pero recientemente ha surgido una nueva con esperanzadores resultados: la inmunoterapia. Ésta es una estrategia terapéutica innovadora que consiste en aprovechar los mecanismos de defensa del sistema inmunitario del enfermo para destruir a las células cancerosas. Como decimos, es una terapia novedosa, por lo que aún queda mucho camino por recorrer, pero docenas de noticias nos llegan en las últimas semanas relacionadas con esta metodología. La principal ventaja de la inmunoterapia es su especificidad. Si la quimioterapia o la radioterapia tienen un escaso o nulo poder discriminatorio entre las células sanas y las tumorales, la inmunoterapia actúa únicamente frente a las segundas. Y esto nos lleva a un término que tiene que dirigir los tratamientos del futuro: la medicina personalizada. Pero, como decimos, aún es una metodología demasiado reciente. Aún existen demasiadas preguntas en torno a ella que habrá que resolver antes de que se convierta en una verdadera solución al problema del cáncer. ¿Por qué es efectiva con unos pacientes y no con otros? ¿Es conveniente su utilización en combinación con otras terapias clásicas? ¿Cuáles son los efectos a largo plazo del tratamiento? ¿Podrá todo el mundo, independientemente del tipo de cáncer, beneficiarse? Todas estas preguntas serán resueltas en los años siguientes. Y tanto más rápida y efectiva será la respuesta, cuantos más recursos se destinen a la investigación.

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