Pint of Science

  • José Antonio Garrido
  • 07:00
  • 16.05.2018
  • / actualizado a las 07:00
  • 16.05.2018

Siempre he otorgado a la divulgación científica el carácter de derecho y de obligación. Derecho del ciudadano que vive lejos del acto científico, y obligación del investigador que lo protagoniza. Además, se trata de una obligación doble. Primero, porque la mayor parte de la investigación científica que se hace en el mundo está pagada con dinero público, y es preceptivo que el científico le devuelva a quien le paga los réditos de su trabajo; y, segundo, porque existe la obligación moral de formar a la sociedad en conocimientos científicos para romper estereotipos e ideas maniqueas que durante mucho tiempo han colocado injustamente a los hombres y mujeres que hacen ciencia muy alejados de la realidad.


Por eso, es una muy buena noticia que en estos días se esté celebrando en nuestra ciudad un acontecimiento como Pint of Science. El objetivo del evento es llevar la ciencia a los bares. Hablar sobre la vanguardia científica en un tono desenfadado. Compartir la emoción por descubrir con los que viven al margen de las estructuras científicas oficiales. Durante tres días se va a hablar de Genética, Microbiología, Informática, Sexología o Sociología, blandiendo los argumentos científicos como un arma de libertad.


Pero no sólo se va a llevar a cabo en el Bar La Fuga de nuestra ciudad. Pint os Science se convierte en distribuidor de ciencia en locales de casi 300 ciudades a lo largo de todo el mundo. De una manera relajada y fresca, el discurso científico se va a colar en la conciencia colectiva de las grandes urbes brasileñas, de la city londinense o de la salvaje majestuosidad de las ciudades sudafricanas.

La idea parte de una iniciativa privada cuyo germen habría que buscar en el Imperial Collegue londinense. Una iniciativa privada que se mueve a golpe de ilusión, poniendo al descubierto las carencias de un sistema público con muchos más recursos. Y no es que defienda que la divulgación tenga que nacer desde o en las Universidades, Hospitales o cualquier otro Centro Público de Investigación. Nada más lejos de mi intención. Cada iniciativa tiene su espacio. Pero sí que quiero subrayar el éxito de una idea que se soporta en el trabajo desinteresado de un buen puñado de voluntarios, que normalmente no cuentan con las herramientas administrativas ni con los recursos económicos que facilitarían la consecución del objetivo último que es enseñar la Ciencia. 


En cualquier caso, lo importante es que, por primera vez para los almerienses, este evento que amenaza con hacerse fuerte, se cuela en nuestras agendas. Yo pienso estar ahí. ¿Y tú?

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