Mola

Mola
  • Camilo Sesto, durante una actuación en Ecuador en 2008.
  • La Voz
  • Ramón García
  • 23:11
  • 16.04.2018
  • / actualizado a las 07:00
  • 17.04.2018

Es injusto que una carrera brillante te deje mal sabor de boca y algo así pasó con aquel fallido intento de conexión con las nuevas generaciones llamado “Mola mazo” que dio tanta vergüenza ajena al escucharlo como cuando algún familiar de cierta edad te suelta  “vas a dar un voltio” o “guay del Paraguay” y no sabes dónde meterte.


Uno vale lo que su obra completa y no hay que juzgar por un pequeño patinazo. Así que hace poco, debido a ciertas coincidencias, decidí bucear un poco en la discografía de nuestro alcoyano universal, ese Camilo que hizo realidad eso de la ‘fe en tus posibilidades’ que tanto se asocia a su ciudad.


De allí salió bien joven dispuesto a comerse el mundo con ‘Los Dayson’ en un Madrid sesentero donde se adivinaban colores tras tanto blanco y negro. Como mandan los cánones – los triunfitos poco saben de eso – pasó momentos de miseria, alternados con golpes de suerte como sus apariciones en algunos films de la época, Los chicos del Preu o Hamelin, ya como voz cantante en ‘Los Botines’.


Punto de inflexión fue su mili, en la que recaló en nuestra Almería. Cuentan los veteranos que algunos fines de semana acudía a la terraza del Club Náutico y los ‘Teddy Boys’ le invitaban a cantar ‘Please release me’. Tras el parón militar su suerte cambió de un brinco: Juan Pardo reparó en él y lo puso en la órbita musical del momento. No solo era una buena voz y una cara bonita – las féminas se lo rifaban – también tenía talento para la composición. De su mente surgieron éxitos que han pasado a la historia de la música melódica en castellano: ‘Algo de mí’, ‘Quieres ser mi amante’, ‘Jamás’, la deliciosa ‘Melina’ o ese himno llamado ‘Vivir así es morir de amor’. Hito en su carrera fue la aventura ‘superstar’, arriesgando en lo artístico y en lo económico cuando en nuestro país no había más musicales que las revistas de Lina Morgan. Con la ayuda de Teddy Bautista dejó para la historia unas representaciones y una grabación alabadas por el propio Lloyd Webber. Voz fascinante, talento para contar el amor, actitud y profesionalidad impecables en los directos – nuestro Chipo da fe, que se lo cruzó más de una vez por los escenarios -  y, por supuesto, su buena planta, hicieron de Camilo una súper estrella en los 70. El agotamiento, su paternidad y algunas “movidas” – las musicales y alguna personal - apagaron su estrella poco a poco en esta España que tan poco aprecia lo suyo. En su segundo disco – quizás mi favorito – decía ser ‘Solo un hombre’. Creo que fue algo más, así que dejad a un lado los prejuicios y escuchadlo con tranquilidad. Os vais a sorprender.



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