“Hay plazo” dicen los ‘rajoyanos’. ¿Se equivocan?

Enviados especiales este sábado a Zamora, el feudo del 'super vicesecretario' Fernando Martínez Maillo, insisten en manifestar la sensación de tranquilidad que emanaba de quienes rodeaban al líder, Mariano Rajoy, investido, en estos tiempos de falsas investiduras, con la increíble capa alistana, de hondo significado folclórico y también religioso. 'Lo urgente es esperar'; la máxima de Pío Cabanillas se ha convertido en la divisa del 'marianismo'.


Periodistas viajeros a Zamora preguntaban, cuando podían, al entorno del presidente por las angustias sobre el ultimátum dado por Ciudadanos a Cristina Cifuentes para que dimita; o sobre el otro ultimátum del PNV para apoyar --o no-- los Presupuestos para 2018; o sobre qué va a pasar con la 'ofensiva jurídica' del Gobierno, ahora contra el Parlament catalán por haberse atrevido a querellarse contra el juez Llarena. 


O, claro, acerca del bombardeo aliado sobre la Siria del genocida Bashar al-Asad, un ataque que Rajoy, en discrepancia con la izquierda, ha aprobado. Buscaban los que indagaban algún signo de nerviosismo, algún avance programático, algo: ¿se acerca la tormenta perfecta, si es que no estamos ya instalados en ella? Nada, ni un indicio de intranquilidad, ni un paso hacia adelante o hacia atrás: "hay plazo", te decían, siguiendo sin duda la filosofía presidencial, quienes al presidente rodean y loan.


"Hay plazo" ha sido la máxima de la conducta política de Rajoy probablemente desde que, hace más de cuarenta años, se encaramó a la vida pública. Hay plazo, ahora, para decidir qué hacer con Cifuentes, aunque nadie dude de que está sentenciada. Lo malo que es que Ciudadanos ha fijado el comienzo de mayo --el 2 es la fiesta de la Comunidad de Madrid, recordando el levantamiento contra los franceses: ¿presidirá los fastos la actual presidenta del 'master'? Lo dudo-- para decidir si se unen a la moción de censura contra CC propuesta por los socialistas y apoyada por Podemos.


El margen de actuación de Rajoy aquí es, como máximo, de dos semanas. Menos margen aún le queda para saber si el PNV podría llegar, en última instancia, a apoyar los Presupuestos o, ya en el debate parlamentario sobre las enmiendas a la totalidad, deja caer al Ejecutivo. Por cierto que los 'rajoyanos' se muestran, comenzando por el ministro de Hacienda, seguros de que el respaldo peneuvista a las cuentas del Estado acabará por llegar. Hay plazo...


...O no, porque mucho depende de cómo evolucionen las cosas en Cataluña, donde, por el momento, todo va a peor. El último episodio bélico en la guerra jurídica se centra ahora en la querella presentada por el presidente del Parlament, Roger Torrent, contra el juez Llarena, enemigo público número uno de los independentistas, por presunta prevaricación. A lo que el Ejecutivo central piensa en responder con otra querella, esta por presunta malversación contra el Parlament, que estaría indebidamente gastando el dinero en su acción contra Llarena.


Sí, es de locos. Pero, mientras tanto, los plazos hasta el 22 de mayo, cuando, si no se ha formado el Govern, habrá que repetir elecciones en Cataluña, siguen corriendo. Para bien o para mal, quién podría saberlo. Lo que sí pueden constatar viajeros a Zamora es las prisas del Gobierno Rajoy por deshacerse del pringoso paquete del 155, que distancia la política del PP hasta de los catalanes menos independentistas, amén, claro, del PNV, de un PSOE que ya empieza a tambalearse en su apoyo a la política catalana del Gobierno y de no pocos medios europeos, crecientemente críticos con la España pilotada por Rajoy.


Pero, ya digo, el Gobierno mantiene la calma. Incluso en medio de las oleadas de manifestantes que claman contra el mantenimiento de "presos políticos", que es una realidad irreal, pero muy recogida por la prensa extranjera. Incluso cuando miles de personas salen a la calle en Pamplona para gritar contra el juicio por la vía antiterrorista a los descerebrados que atacaron a unos guardias civiles en Alsasua. El respeto al Estado de derecho, a la legalidad vigente, a las instituciones, se resquebraja. 


Y no todo se puede tapar con la capa de gruesa tela de Aliste. Ni me parece que esta vez se pueda basar la estrategia en aguardar a que se pudran los problemas y en sentarse a ver pasar ante tu puerta el cadáver de tu enemigo. Ya se sabe --bien que lo comprobó, a su costa, Sancho II de Castilla-- que Zamora no se ganó en una hora. Siete meses tardó el asalto a la ciudad en la que doña Urraca se había hecho fuerte. Y es que no conviene ni acortar los plazos de manera artificial ni, en plan Don Tancredo, tratar de alargarlos, como si no existieran. Y el tic tac del reloj, implacable, sigue sonando, también para el impasible Mariano Rajoy, aunque él nada de esto muestre en su rostro impenetrable.

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