Las mujeres y la II República

  • Mar Verdejo
  • 23:36 / actualizado a las 00:30
  • 14.04.2018

Tras el 8 de Marzo de 2018, cabe reflexionar sobre los hitos feministas que han dejado rastro a lo largo de la historia. Fueron mujeres que empezaron a dibujar y definir conceptos, que fueron protagonistas y que lucharon por la colectividad. Mujeres que se rebelaron contra el rol que se les imponía, aportando ideas y propuestas en todos los campos: pensamiento, política, arte, cultura, etc. Mujeres que están siendo rescatadas del olvido gracias al trabajo de los investigadores y las investigadoras feministas. La lucha por la igualdad no ha sido, ni es, ni será un camino fácil, y decir que las mujeres han sufrido una quema de brujas no es una exageración. Miles de mujeres fueron quemadas en la hoguera entre los siglos XVI y XVII: estos sucesos dramáticos fueron ocultados y empezaron a estudiarse gracias a los movimientos feministas de los años 70. 


En España se inicia el movimiento feminista un poco más tarde que en resto del los países, a principios del siglo XX aparecen las primeras organizaciones reivindicando el sufragio, y durante las tres primeras décadas del siglo se van conquistando derechos como el voto, el divorcio y el derecho a la educación. Las mujeres empiezan a conquistar el espacio público y a acceder a estudios superiores. Fueron partícipes e incluso protagonistas de los acontecimientos que sucedían en el momento. 


En el Aniversario de la Proclamación de la II República, 14 de Abril de 1931, hay que recordar que se consiguieron grandes avances para la sociedad, especialmente para las mujeres que llevaban años de reivindicaciones feministas, como he comentado anteriormente. Con la Constitución del 31 se consiguieron derechos inéditos hasta la fecha: igualdad constitucional entre hombres y mujeres, el derecho al divorcio, la igualdad jurídica, la despenalización del aborto, la instauración de la educación mixta, igualdad en derechos laborales e igual acceso a empleos y cargos públicos. Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Kent fueron las primeras diputadas españolas de la historia del país: pudieron ser elegidas pero no votar (sufragio pasivo). En 1933, con la diputada Clara Campoamor tras un apasionado debate,  consiguieron que la mujer pudiera votar por primera vez. Es de justicia histórica decir que, nuestra querida, Carmen de Burgos ‘Colombine’ había iniciado este camino, pero militaba en un partido que no consiguió representación parlamentaria. Tras ellas fueron elegidas como parlamentarias: Francisca Bohígas (abogada), María Lejárraga (escritora), Matilde de la Torre (periodista) y Veneranda García Blanco (maestra). Tras las elecciones del 1936,  y con la llegada de la maestra socialista Julia Álvarez Resana y la comunista Dolores Ibárruri, conocida como La Pasionaria (que fue vicepresidenta de las Cortes en 1937),  España se convierte en el país del mundo que más mujeres en el Parlamento, además de tener a una de las primeras ministras europeas, la anarquista Federica Montseny, con la cartera de Sanidad y Asistencia Social, y a pesar que su mandato duró muy poco, desde noviembre del 36 a mayo del 37, este fue muy fructífero: hizo el primer proyecto de ley de aborto e inició acciones sociales, como comedores para embarazadas o lugares de acogida para la infancia, alternativos al orfanato.


No lo tuvieron fácil las mujeres españolas en aquella época. Lucharon por sus derechos y todo lo que consiguieron se perdió, en el 39, con la dictadura franquista, que fue muy dura, en especial con las mujeres, porque perdieron de golpe todos sus derechos conquistados y se les impuso la vuelta al hogar y a la familia, y si esto no fuera poco se las llevó hasta una posición humillante, al tener que ser permanentemente tuteladas, negándoles la iniciativa propia y supeditándolas a la voluntad de un hombre. Pasaron muchos años para recuperar los derechos básicos: Ley del Divorcio (1981) o Ley del Aborto (1985). Estas mujeres que han sido condenadas al olvido, y esto es otra forma de hacer una “quema de brujas” pero esta vez sin hoguera.


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