Convivir con el sueño de llegar a la élite

La cantera de Unicaja Costa de Almería sigue creciendo

Los canteranos de Unicaja echan una mano al primer equipo en todo.
Los canteranos de Unicaja echan una mano al primer equipo en todo. Cristina de Arriba

‘Dejad que los niños se acerquen a mí’, pide el voleibol de élite, y en Almería se está cumpliendo. No solo es entrenar, esforzarse, repetir, insistir, mejorar, en pista y en gimnasio. No solo es competir con deportividad defendiendo un escudo, ni vestirse con la misma ropa que las estrellas del club más laureado de la historia del voleibol español, en los entrenamientos y en los partidos. Es mucho más. Sentirse parte de las categorías inferiores de Unicaja Costa de Almería está siendo la satisfacción de una experiencia completa para los chicos que han elegido el verde en su formación como jugadores de vóley. En plena etapa de captaciones en todas las edades, con esa seguridad que solo permite tener la certeza de que se ofrece lo mejor, muy lejos del mercadeo y muy cerca de la ilusión, su club se enorgullece de los que ya están en la dinámica de ‘convivir con su sueño’, y, recíprocamente, los chicos devuelven el interés depositado en ellos sabiendo exprimir cada momento, partidos incluidos.


Toman la palabra quienes, con más ilusión que nadie, aguardan cada sábado en el que sus modelos a seguir saltan a pista en el Moisés Ruiz. Si juega el equipo con el que sueñan debutar algún día, realmente también juegan ellos, porque se les otorga una responsabilidad a cada uno dentro de cada partido. Así, son parte de lo máximo a lo que se puede aspirar en España dentro del deporte al que aman, la Superliga, y no solo eso, sino vivir más adentro de la primera fila también la realidad del vóley internacional en la CEV Challenge Cup. Miguel Trujillo y Paco López, entrenadores y ‘amigos’ de los chavales, son los encargados de organizarlos. “Cuando el primer equipo juega, es el día de más cuidado, ya que tiene que estar todo preparado a la perfección a la hora indicada”, asegura un Trujillo que además les pide atención al juego, algo parecido a ‘tomar apuntes’: “Es una experiencia única el estar tan cerca del campo, escuchar a los entrenadores en las indicaciones, verlos en acción a unos metros tan solo, y se aprende mucho con tan solo estar atento”.


Todos tienen la oportunidad, “van rotando entre ellos en los puestos de ‘mopa’ o de recogepelotas dentro del mismo partido”, empapándose del voleibol de élite, siendo el único club que puede ofrecer esa experiencia, por motivos obvios. Paco destaca la concentración que los chicos muestran para que todo salga bien: “Pues la verdad es que cuando empieza el partido siempre hay como un pequeño nervio de que todo funcione correctamente, pero para eso hacemos mucho hincapié en que tengamos la mayor organización”. Luego está el sentimiento que el ‘juego real’ despierta a los canteranos, “es emocionante ver los partidos más de cerca que estar en primera fila e incluso puedes escuchar al entrenador”, asegura Elio: “Para mí uno de los partidos más especiales de la temporada fue contra Saaremaa”. Manolo da una de las claves buscadas por el club, “aprendo mucho, la verdad, la movilidad dentro del campo y algunas jugadas”, y describe la cercanía humana que tiene con las ‘estrellas’.


En ese sentido reconoce haber estado “nervioso al principio, porque los tenía como profesionales, pero luego, como los conoces más, porque los ves en el gimnasio y en la pista, entrenando después de nosotros, ya no estás tan nervioso”. En cuanto a Gabi, su resumen es la fiel representación del sueño: “Yo, cuando fui por primera vez de recogepelotas, no tenía ni idea de nada de voleibol, pero ver el calentamiento hizo que quisiera llegar al juego que tienen, y después, en cada jugada que hacían, gritaba de la emoción; además, todos los jugadores daban miedo de cerca, pero al verlos jugar tan próximo, más me di cuenta de que era mucho más impresionante, y me puse como objetivo llegar al equipo de Superliga de Unicaja Costa de Almería, lo que espero conseguir algún día”. Pablo, que además de jugar, arbitra, profesa el mismo respeto e idéntico deseo: “Tanto en mi faceta de jugador como de árbitro, yo siento admiración por los jugadores de Superliga y quiero llegar a jugar como ellos”.



El ejemplo de pista también inspira a Valentín: “Es una experiencia muy linda, tanto por el nivel como por la situación vivida en los partidos, y es impresionante ver la calidad de los jugadores, así que me gusta mucho poder estar”. No le importa para nada a Fran, o Paco, como le llaman sus compañeros, la función que desempeñe en cada partido, ya que su interés de no perder detalle e interiorizar tanto acciones como gestos de los jugadores le hace saber aprovechar la oportunidad: “A mí me gusta ser tanto recogepelotas como ‘mopa’, porque aparte de ayudar al equipo y al desarrollo del partido, también puedo aprender de ellos cómo jugar mejor”. Antonio piensa muy parecido: “Cuando estoy de recogepelotas siento ganas de poder llegar a ese nivel; verlo tan de cerca hace que solo quiera entrenar para llegar a ese nivel, y cuando hay un jugador a mi lado, tengo ganas de pedirle consejos para mejorar”.


Naím, que ha ido un poco más lejos que los demás al participar de algún entreno técnico del primer equipo, tiene clara la gran ocasión que supone formar parte de la organización de los partidos: “Me gusta mucho ir porque aprendo de los mejores y puedo observar de cerca muchas cosas, jugadas, saques, ataques y colocaciones; es muy bueno saber que tienes a jugadores de tanto nivel tan cerca y que puedes preguntarles y que te aconsejen”. Raúl desvela otro detalle clave, el del día después: “Cuando estás de recogepelotas, esperas alguna jugada muy buena, y cuando llega es increíble, tanto que me paso los días comentándolo con mis compañeros en los entrenamientos, y está claro que intento imitar lo que hacen, porque ese sentimiento es único”. Todos estos testimonios son incluso motivación para sus ‘mayores’, que asumen el nada desdeñable papel de ser modelos a seguir por la cantera.


Se aprende voleibol, claro que sí, pero también a asumir una responsabilidad al más alto nivel organizativo: “Cuando estoy de recogepelotas me siento un privilegiado y pues a veces pienso ‘tío, qué guapo, estoy tocando la pelota que ha tocado Ignacio’, y de ‘mopa’ pues igual, pero me cansa y al final acabo sudando -risas-“. Mohamed lo da todo, eso está claro. Javier vive momentos de tensión que ha aprendido tanto a manejar como a resolver: “Se está bien y cómodo, aunque siempre está esa rara situación de que no llega el balón a tiempo, y no sabes mucho que hacer, pero no tengo ninguna queja”. Ricardo lo vive como un equilibrio de ambas cosas, tensión y placer: “Estoy un poco nervioso, porque tienes que estar muy atento por si se moja el suelo, y como los partidos son importantes, pues tienes esa presión, pero también se disfruta mucho porque ves el partido muchísimo mejor al estar muy cerca, lo que te permite fijarte muy bien gestos técnicos que tienes que aprender poco a poco”.


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