Las visitas al faro y la noche de los monologuistas sirven para enamorarse

Con todos sus defectos y todas sus virtudes, la ciudad desde el morro acaba dejándose amar

Paco Calavera y Pepe Céspedes en Clasijazz.
Paco Calavera y Pepe Céspedes en Clasijazz. La Voz
Jacinto Castillo 08:30 • 01 ago. 2022

La pregunta inevitable, cuando se contempla la Almería que se divisa desde el Faro, es si merece la pena amar a esta ciudad. Si existen razones convincentes para amarla, a la espera de acabar sintiéndose amado por su caserío informe, por su impronta de decorado cinematográfico a punto de ser desmantelado hasta la próxima película.

En realidad, la pregunta es si esta sucesión irregular de edificios, si estos barcos que esperan al pasaje como adormecidos en la dársena, si ese artificio ya inservible que llaman Cable Inglés son argumentos suficientes para dejarse seducir por Almería.  Al menos, para un idilio de verano. De un verano cualquiera, con el sol declinando al ocaso sin prometer nada para el día siguiente.

Desde el Faro, se ve la ciudad como ofrecida, como dispuesta a seducir a quienes la miran con los ojos entrecerrados, mientras escuchan dulces canciones que han enamorado a los amantes de toda la vida. Esta Almería coronada por la Alcazaba que es como una diadema de princesa destronada. Almería, mordida y abrazada por el Mediterráneo. Almería, vista desde la distancia suficiente como para sopesar sus encantos y sus defectos, su inacabable adolescencia.
 
Pero, al final siempre surge el impulso por razones que casi nadie acierta a citar con precisión y claridad, Almería seduce a quienes la miran desde el Faro. Se reinventa como ciudad seductora de irresistible atracción. Antes que bella, turbadora; más que encantadora, convincente en su enmarañada sencillez.

Postal mediterránea A quienes llegan por mar, esta Almería que se deja ver sin rubor desde el Faro debe parecerles una postal resultona, una escala más del Mediterráneo eterno, empeñado siempre en deshacerse a sí mismo. Sin embargo, cuando concluye la visita al faro con la delicada y precisa voz de Sara Marcos acompañada al piano por Pablo Mazuecos, las sensaciones se confunden. ¿Es esta todavía aquella ciudad que se quedó esperando casi todo, apoyada en el quicio de su indolente serenidad, sentada en el banco de su plácida indiferencia?

No. No es cierto. Almería vista desde el Faro en una tarde de verano invita a pensar en otras cuestiones bien distintas que se alejan de aquela indiferencia que los almerienses nunca supieron calificar ni como defecto ni como virtud. Simplememte como conformismo.

Quizás fuese una excelente terapia social para los almerienses de nacion y de adopción ver Almería desde el Morro de Poniente. Al menos, para aprender a amarla sin necesidad de confusas razones de amor, entre la parsimonia y la resignación.

Claro que también es posible cambiar radicalmente de escenario para contemplar la ciudad de Almería desde otra perspectiva completamente distinta. Por ejemplo, en el imaginario creativo de los cómicos almerienses: Paco Calavera y Pepe Céspedes, en el escenario de Calsijazz, como si esta especie de catacumba de la cultura fuese la estancia secreta para enamorarse de Almería a través de la forma de ser de los almerienses. Claro está, vista a través del microscopio de estos brillantes monologuistas.

La Almería que sirve de combustible a los cómicos se desparrama por los barrios buscando esa identidad inasequible al sentido común. Es la Almería que abre la boca todo lo posible para no tener que pronunciar la ese de los plurales. La Almería que se abandona a las tapas de toda la vida y que sería capaz de encontrar la cuadratura delcírculo en El Leng:uetas o el Amalia.

Esa Almería que convierte en almerienses a los más desavisados y a los que se detienen a mirarla a través del cristal de la ternura. Más o menos como hacen estos cómicos. Quizás por eso, la Almería vista desde el Faro acaba enamorando porque no deja de ser una tierna amalgama de virtudes y defectos. De razones de amor y de desamor.


La seducción que emana de la otra cara del espejo

Conectar las sensaciones que generan las visitas guiadas al Faro que organiza la Autoridad Portuaria de la mano de Contraportada con una noche de monologuistas almerienses en el Clasijazz podría considerarse un arriesgado ejercicio de imaginación.  Pero, si el tema de fondo es la capacidad de la ciudad de Almería de enamorar a propios y extraños, puede que resulte útil unir las dos estampas y dejar que las primeras impresiones obren el milagro. Unir la Almería vista desde el Faro y la que destila el humor de los cómicos es como ver la cara oculta del espejo. Es decir, seducción en estado puro.








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