“Mi madre decía que hay que ser valiente, justa y feliz y en eso estoy”

Marina Valverde acaba de publicar su primer libro, fruto de diez años en Asia con su familia

Marina Valverde, en el Parque de los Periodistas, con un ejemplar de su libro.
Marina Valverde, en el Parque de los Periodistas, con un ejemplar de su libro. Marta Rodríguez

Marina Valverde Barbero (Almería, 1975) creció en el barrio Plaza de Toros de la capital y es una enamorada de su tierra. Sin embargo, el destino tenía otro planes para ella: un modo de vida itinerante en el que su familia es su fiel compañera de viaje. Juntos han pasado cinco años en La India y otro lustro en Vietnam. También han recorrido buena parte del mundo. En su primer libro, ‘Mapaki. La cabaña del mundo’ (Círculo Rojo, 2021), la autora trata de fijar las vivencias de ese tiempo antes de que el olvido las borre.

Para ser tan almeriense ha pasado mucho tiempo fuera de casa.
Sí. Cuando conocí a mi marido, que también es de Almería, le dije que con él hasta debajo del puente del mundo. Nuestras familias son de aquí, pero él se encarga de la parte comercial de la Embajada, lo que nos ha llevado a vivir en India y Vietnam. A nosotros nos gusta decir que Almería es el resto del mundo. Nuestro destino ideal es este, por eso volvemos siempre que podemos y soñamos con retirarnos aquí.

El centro de gravedad de su primer libro, ‘Mapaki. La cabaña del mundo’, es la familia. ¿Cómo surgió?
Cuando volvimos de Vietman, mi madre me animó a hacer algo que siempre me ha gustado: escribir. Ella decía que en la vida hay que ser tres cosas: valiente, justo y feliz. Así que me lancé a escribir y en eso estoy.


Yo estudié Biblioteconomía y Documentación y he escrito diarios desde que tengo uso de razón. Pero es verdad que escribir para los demás es como desnudarte; me daba vértigo que llegara el momento de entregar el manuscrito y no poder revisarlo más.


Pero por encima de todo soy lectora y nunca olvidaré el momento en que llegaron las cajas con los libros a casa; no las abrí porque quería esperar a que mis hijos llegaran del colegio, pero sí hice un agujerito para ver el grosor. Y aunque esta es la primera entrega de una trilogía, ya tengo en la cabeza hasta cómo acabará el último.




La idea inicial era escribir el libro solo para su familia, ¿no es así?
Sí, yo lo concebí como una novela juvenil para mis hijos y ahora ellos son casi mis agentes literarios. Cuando empezamos a barajar la idea, hicimos una lista y nos salían 67 posibles compradores, de modo que todo lo que me está viniendo después, incluso esta entrevista, es un regalo.



Ahora estamos en nuestra urbanización de Aguadulce y no es que lo hayan leído los niños, es que lo ha hecho la generación de mis padres, la mía y los pequeños. Mi hijo dice que está recomendado de 9 a 99 años. Me hubiese gustado hacer una presentación este verano, pero sí he ido haciendo mis pequeñas reuniones en las que tomábamos una tarta y hablábamos del libro.

¿La razón de ser el proyecto es que sus hijos no olviden los países donde han vivido?
Cuando estábamos en Vietnam y ellos eran muy pequeños, vivieron cosas mágicas que tomaban como algo cotidiano, pero yo no quería que las olvidaran. Quería fijar recuerdos y vivencias como el Año Nuevo y cómo se celebra o esos mercados con montañas de huevos negros que se entierran en la tierra y se comen cuando fermentan. También deseaba transmitir valores como la familia y la amistad que están en todas las culturas. Y, sobre todo, anhelaba que sintieran curiosidad por saber más y que descubrieran lo bonito que es viajar.

Su historia tiene algo de Peter Pan: niños que viajan cada noche en pijama y cuyos padres no tienen ni idea.  
(Risas). No lo había pensado, pero sí. Es un libro de viajes para niños. En esta primera entrega, que está ambientada en Halloween, van a Vietnam y a Japón, y en las siguientes visitarán otros países. En cada sitio tienen un guía y, curiosamente, no tienen problemas con el idioma, ya se verá por qué. Siempre que vuelven tienen que dar las gracias usando una especie de contraseña: ‘Mapaki’. Los personajes principales tienen mucho que ver con mis hijos Marina y Pablo y con nuestra perra, Kika, pero luego hay otro que me ha dado vía libre para la ficción. Me encanta porque siento que he creado todo un universo, pero conectado con la vida real.

¿Qué balance hace de la experiencia de cambiar de hogar cada cierto tiempo?
Muy positivo. La gente nos decía que vivir en distintos países sería una experiencia muy buena para los niños, pero ciertamente lo ha sido para todos. Cuando vives fuera y no conoces a nadie, tu familia se convierte en una piña.



 

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