“Soy de las de ‘solo’ sin tilde: prefiero la lógica de la RAE a los nostálgicos”

Entrevista a Mª Carmen G. Galott, correctora de textos y asesora lingüística

Además de correctora, Mª Carmen G. Galott hace doblaje, radio y teatro (Foto: Paula García).
Además de correctora, Mª Carmen G. Galott hace doblaje, radio y teatro (Foto: Paula García).

Mª Carmen G. Galott (Almería, 1976) hace magia con los textos. Una magia invisible, ya que es correctora y asesora lingüística. Acaba de estrenar nueva página web. Su amor por la palabra rebasa los límites de la escritura, pues también se dedica al doblaje, el teatro y la radio (conduce el espacio Candilejas en Candil Radio). Adoptó el apellido Galott en honor a su abuelo, que era practicante en la beneficencia municipal y murió al no conseguir que se le curase una herida durante la guerra.


Si tuviese que posicionarse en un duelo a muerte entre las personas que escriben solo sin acento y las que se resisten a quitárselo, ¿con quién iría?
No mataría a nadie por esa razón porque soy pacifista, pero estoy del lado de los que se lo han quitado, como dice la RAE [Real Academia de la Lengua Española]. Esa tilde servía para diferenciar entre el adverbio y el adjetivo y se ha llegado a la conclusión de que no hay tantas ocasiones en que se confundan. Esta lógica me vale más que la de los nostálgicos.

Existe la sensación de que la gente escribe cada vez peor, ¿tiene ahora más trabajo?
Esto se discute mucho en la profesión y la conclusión es que no se escribe peor, sino que la gente escribe más y, aparte, lo vemos a través de las redes sociales. Tengo más trabajo que cuando empecé, pero porque me he ido haciendo una clientela. Sin embargo, aún hay una inmensa mayoría que no sabe que existimos los correctores o que no nos considera necesarios.

¿Y por qué son necesarios?
Cuando una persona escribe, se pueden dar distintas situaciones. Puede que no domine su lengua y cometa faltas de ortografía o le resulte difícil plasmar sus ideas. O también puede que escriba bien, pero que sea incapaz de ver sus propios errores porque cuando uno escribe un texto, por mucho que lo repase, necesita unos ojos distintos que, seguramente, los encontrarán a la primera. Más aún si son unos ojos expertos.

¿En qué faceta de su vida la tienen que corregir a usted?
En mi familia dicen que hablo mucho y es verdad que a veces tengo esa sensación, sobre todo en esta situación de pandemia. Vivo sola, veo a poca gente y cuando quedo con alguien, me sale la verborrea. Así que tendrían que corregirme el exceso de verborrea. (Risas). Y soy demasiado puntillosa. Mi profesión es de gente a la que le gusta el detalle y, como me lo exijo a mí, se lo exijo también a los demás. Si lo corrigiese, viviría más feliz.

¿Un libro sin erratas es una utopía?
Cuando empecé en este mundo, te habría dicho que es la situación a la que tenemos que aspirar. Pero tras casi ocho años de experiencia profesional y conociendo a muchos colegas, creo que todos estamos de acuerdo en que es una utopía. Por más que se revise y lo vea el autor, el editor, el corrector de estilo y el de pruebas, se puede escapar algo. Pero no es lo mismo que no lo haya revisado un profesional a que sí. En cualquier caso, es una utopía con la que podemos vivir.

¿Se iría a la cama con alguien que comete faltas de ortografía?
Si tuviera muy claro cómo escribe esa persona, que es un reflejo de lo que tiene en la cabeza, seguramente no, porque eso significaría que no tenemos conexión. Excepto en los últimos años en que existen aplicaciones para ligar y el primer contacto es por escrito, normalmente todos hemos conocido a parejas esporádicas hablando y así no siempre tienes esa información. Me la habrán colado más de una vez, pero tampoco pasa nada. (Risas).

¿Qué palabra sacaría sin pensarlo del diccionario?
Ninguna porque todas las palabras que están en el diccionario llevan mucho tiempo usándose. La RAE nunca se precipita, si acaso se retrasa. A veces sí me chirrían adaptaciones al español de palabras en inglés que son una transcripción de cómo se dice. Vaqueros ahora se puede decir bluyín, que viene de blue jeans.

¿Qué error ortográfico duele más?
Tengo una recopilación de palabras mal usadas por algunos clientes que igual algún día publicaré en un libro, pero no voy a mencionar ninguna por si leen esta entrevista. Sí me da mucha rabia el ti con tilde y lo leo todos los días.

Planteo tres palabras raras y usted me dice cómo se escriben. Jipiar...
No la conozco, pero de oídas la escribiría con j porque vendrá de jipido. Los correctores no tenemos el diccionario en la cabeza. (Risas).

Orate.
Sin hache, esta sí la conozco y está en desuso.

Y bivalvo.
La primera con b y las otras dos con v. Bi viene de dos.  
 
Confiese: cuando se publique esta entrevista, se pondrá a buscar erratas. ¿Se sentirá decepcionada si no encuentra ninguna?
No, no. Me sentiría muy feliz. Si encontrara alguna errata, pensaría que qué mala suerte. Porque tú eres una persona que, aparte de escribir bien, te preocupas mucho. Y en una entrevista sobre el tema, ya sería mala suerte.




 

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