Historias almerienses sobre el paisaje: Almería y el paisaje (primera parte)

Una serie que aspira a intervenir en la percepción de la realidad geográfica y territorial

La Isleta y el cerro del Fraile, desde la Torre de los Lobos.
La Isleta y el cerro del Fraile, desde la Torre de los Lobos. Rodolfo Caparrós

Almería es un territorio singular, resultado de un marco físico contrastado (un sotavento mediterráneo árido y montañoso) y de una correlativa experiencia cultural que se expresa en el poblamiento y en las estrategias productivas. Nuestra singularidad se manifiesta en el paisaje. Pero la noción de “paisaje” ha evolucionado notablemente desde su instauración en la Europa del s. XIV, cuando Petrarca narra su iniciática ascensión al Mont Ventoux. El paisaje actual tiene un fuerte componente emocional, en el que se reside su potencial para conciliar sensibilidades y voluntades, y para contribuir a la articulación y cohesión social.

El paisaje y la memoria

La lectura del paisaje contiene una cualidad narrativa que la emparenta con los mitos fundacionales de las sociedades primitivas.


La representación cultural del sitio que habitamos (sensu stricto, el paisaje) es el resultado de poner en relación los datos que nuestro aparato sensorial capta del exterior con una memoria gráfica que hemos ido acumulando a lo largo de nuestro proceso de desarrollo intelectual. Esta es la conexión del paisaje con la memoria personal, mecanismo por el que nuestra afectividad respecto a los sitios tiene que ver con nuestra experiencia. Es también el mecanismo por el que tenemos cierto recelo o resistencia a los cambios en nuestro entorno.
 
El paisaje y los aromas
Almería es un territorio de laderas, un espacio con gran potencial de intervisibilidad y vistas panorámicas. Estas grandes escenas se forman a partir de esa cualidad atmosférica. También tiene que ver con el aire la contemplación del cielo, tanto de día como de noche. Esta experiencia de gran cualidad panorámica desde las altas cumbres se corresponde con los aromas de monte, sutiles y tamizados. Como sotavento, Almería es un lugar donde el viento tiene un gran protagonismo, que se manifiesta en la historia desde los molinos de aire a los aerogeneradores. La luminosidad de Almería ha atraído a todo tipo de espíritus sensibles, y nos ha legado una gran tradición pictórica y fotográfica.
 
El paisaje y las formas
La portentosa geología de Almería constituye el soporte físico, material, de la experiencia humana. Sierras y valles compartimentan el espacio; la diversidad de los complejos geológicos del sistema bético (maláguide, nevado-filábride, alpujárride, sedimentarios) propone una paleta cromática infinita. La litología condiciona el hábitat, la arquitectura tradicional y la estrategia humana. Los campos volcánicos, desde Alborán hasta Águilas rematan la singularidad de la gea. El desierto es uno de los iconos de la identidad de Almería, impulsado y promovido especialmente por la industria cinematográfica. La historia minera es el contrapunto humano a esa imponente presencia física. Almería es un territorio minero, con un modelado único, y una antología de los tapices de ladera del mediterráneo, tal es su diversidad y riqueza.

Piedras



Las condiciones geológicas y climáticas (ambientales, en definitiva), tan singulares en Almería, producen un claro predominio de la roca. Territorio pedregoso, árido y de pronunciadas pendientes, invita a una solución global que se manifiesta en la proliferación de mampostería de piedra seca. En todo tipo de construcciones, y muy señaladamente en los muros de piedra, tenemos uno de los iconos de la identidad territorial. Los balates, pedrizas, ribazos, hornazos, como son conocidos en distintos lugares de Almería, contienen una información geológica, climática, sedimentaria, cultural y social que merece la pena desentrañar. Las técnicas y saberes relacionados con la mampostería de piedra seca son desde no hace mucho Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Para los almerienses, son un patrimonio muy material.

El paisaje y los cambios

Almería es un territorio árido. Precisamente por eso, la búsqueda del agua, su regulación, su control, son las claves de nuestra historia territorial. El aprovechamiento del agua superficial y subterránea es la condición de supervivencia, y todas las decisiones humanas, culturales, guardan relación con este objetivo vital. Pueblos, vegas, cortijos: el agua fluye, fluye la vida. Las principales transformaciones territoriales de Almería se relacionan con el cambio de los modelos de gestión y explotación del agua.
(Continúa en la segunda parte)



 

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