Detrás de la pantalla (XXIV): Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades

Le pregunté un clásico ‘¿Cómo va todo?’ y él respondió un sincero ‘Como la misma mierda’.

Me pasó hace ya un par de semanas. Fue en la presentación de ‘Cuando fui náufraga’, ese libro de Marta Rodríguez que es ahora un mapa vital.


Aquel fue día de reencuentros post-confinamiento. Al saludar a un compañero con el que, a lo tonto, llevo compartidos más de 25 años de vida, le pregunté un clásico ‘¿Cómo va todo?’ y él respondió un sincero ‘Como la misma mierda’.


Dos semanas después, aquel día me parece un lujo como pocos. Vi a gente a la que había echado de menos. Cumplimos con esa tradición que es despedirse con un ‘a ver si nos vemos’ y, por el camino, reímos. Cómo se notaba que era un plan organizado por la albojense más sonriente del mundo.


Me parece un lujo aquello porque llevo unos cuantos días aislado tras haber estado en contacto con un positivo por coronavirus. Todo bien, que nadie se asuste. PCR negativa y a esperar  por si acaso. Con lo que me estaba yo peleando por este tema y me lo he comido con patatas.



Me peleaba porque creo que se ha criminalizado a los jóvenes de una forma que, la verdad, no hay derecho. Que si las salidas, que si las discotecas, que si los botellones... Que sí, que sí. Pero he visto restaurantes en los que una pulga podía cruzar desde la puerta de entrada hasta el cuarto de baño saltando de mesa en mesa, ya que la distancia entre una y otra era de todo, menos de seguridad. 


Pero qué malos son los jóvenes, y qué irresponsables (léase con voz de señor cascarrabias que se está clavando una paella en Aguamarga con sus 10 primos, las mujeres y los críos).


Pues aquí estoy, en una celda de rejas invisibles, por no contagiar al tonto de la paella (y a los míos, que eso sí me importa un poco más).


Y sigo dándole vueltas a la presentación del libro de Marta. Porque recordando aquello, creo que en la ‘nueva normalidad’ vivimos por encima de nuestras posibilidades y que nos van a pegar un cerrojazo espectacular.


También sigo dándole vueltas a mi reencuentro. Si él pudo ser sincero y decirme que estaba ‘como la misma mierda’, no sé por qué me quedé con las ganas de contarle que he pisado un psicólogo por primera vez en mi vida (y eso es genial) y que estoy en proceso de reconstrucción. Y no pasa nada.

 

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