“Un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver”

Entrevista con el escritor y poeta

Domingo Nicolás, con su mujer María Dolores y su hijo Domingo Enrique.
Domingo Nicolás, con su mujer María Dolores y su hijo Domingo Enrique. La Voz

Es un generoso emprendedor en los espacios culturales de Almería, donde creó la ‘Asociación Ciudadana para el Mundo Infantil’. En esta ciudad fundaría después  la revista ‘Buxía arte y pensamiento’ e intervendría con pluralidad de fechas y medios, en diversas iniciativas literarias, artísticas, musicales… relacionadas con la creatividad.


Cinco décadas de poesía vocacional, o devocional, constituyen parte inequívoca de una memoria generacional, que en este caso reconoce el mérito de la propia obra literaria. Hablamos con Domingo Nicolás.


¿Qué razón ocasionó el primer poema de su vida?
Tal vez consistiera en la atractiva expresión del rostro de mi madre, de su existencia descubierta al inicio de mi vida… O acaso el quebranto ante la pérdida de un ser querido, el más querido en ese instante, un hijo… O quizá pueda tratarse de algún girón o herida, aún libre por el viento, como señalaría luego una melodía de Joan Baez, o mejor –creo– de Bob Dylan. Puede que de ahí naciera la estela indefinible de mi primer poema.

¿Su obra literaria es el resultado de lo vivido?
Con toda seguridad. Porque aparte del aspecto creador del lenguaje, (de la belleza verbal o la expresión de valores estéticos mediante la palabra en acción paralela a la del verso –su unidad de ritmo y otras convenciones–), contamos con la esencialidad primordial del poema, que es lo indispensable de la poesía: lo sentido. Se han dado muchas respuestas, al definir la poesía. Yo comparto la teoría de Robert Penn, quien considera que, en el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver: Y lo que vemos es la vida.

¿Cómo es hoy el recuerdo de su pequeña Malola, perdida con tres años?
Se cumplió el suceso presentido de una pérdida irreparable, de una amenaza que hostigaba a cada instante en aquel diálogo temprano o aurora en plenitud de amor y de dolor. Todos estos sentimientos me llevaron a escribir ‘Malola’, libro que fue presentado por la académica Carmen Conde.

¿Nos podría leer algunos versos de ‘Malola’, de aquel duro misterio?
De aquella crudeza de misterio he escogido el texto que menciono:  “Trozo humilde de pan, que seca tus ojos y hace brillante tu mirada./ Trozo tibio de pan prisionero de tu diminuta mano atenazante./ Trozo de pan que alivia tus encías./ Trozo de pan mojado que, miga a miga, viaja hasta tu vientre y entretiene tu hambre./ Trozo de pan de mi alma en vilo, temerosa hasta que lo hayas ingerido./  Trozo de pan humilde, universal mensajero del amor”.

¿Cuál fue el resultado en lo referente a la Asociación ‘Acemín’?    
En1979 fundé la ‘Asociación Ciudadana para el Mundo Infantil’. Se realizó y trascendió de manera exultante, como era de esperar. Sería hermoso repetir aquella ilusionada actuación, cuya relevante labor de carácter lúdico-cultural marcó toda una época, fascinante para la población escolar. Así llegó ‘ACEMÍN’ y en la memoria permanece su experiencia.

En 1984 compartió el primer premio Alpujarra con Juan José Ceba. ¿Cómo define a este poeta almeriense?
Bueno, se celebró en Ugijar, –durante varios días– , el ‘III Festival de Música Tradicional de la Alpujarra’, al que asistí, encontrándome con Juan José, que andaba ocupado en un reportaje fotográfico sobre las diferentes actuaciones. Le comenté mi  propuesta de realizar varias entregas sobre el acto para Ideal de Granada y compartió tanto la idea como el trabajo. Luego, la suma de estos artículos, (I al V), resultó seleccionada, premiada y editada en un volumen  por el Ayuntamiento de Ugijar. Por otro lado, Ceba no deja de ser un excelente poeta, por mí reconocido, y al que admiro.

¿Escucha música mientras escribe en su casa del Valle de Pechina?
Música ¡siempre!: tórtolas,  mirlos, gorriones, incluso ruiseñores, (aves ligeras todas), como si de un crepúsculo sin muerte se tratara, ese ‘momento perdurable’ en sus hortelanos coros pajariles desde el alba al ocaso. Es nuestra música apropiada, la del Valle! …y toda al interior del ‘Huerto Deseado’: desde el alba del áloe hacia el ocaso de Getsemaní, –su olivo– desde el ‘aroma-cinamomo’, a la araucaria del Ángel, o desde el manzano o el granado… Está claro que sí, música siempre! Esta vez en homenaje al Santo más Poeta del universo, San Juan de la Cruz.

Su obra ‘GADEA’ fue ‘Primer Premio Rafael Morales 2008’. ¿Qué significa la obtención de un premio de tal categoría?

 No deja de trascender como  estímulo o voto de confianza. En este caso, el originado por un ilustre jurado, exigente, y de reconocida garantía.   

¿En el ‘Huerto Deseado’ hay árboles plantados por sus amigos poetas?
Naturalmente que sí. Transcurrió mucho tiempo en cercanía y firmeza mi amistad con Julio Alfredo Egea. A ambos  y en misma referencia al arte autóctono de Pedro Gilabert” y el olivo,  el Ayuntamiento de Arboleas, en noble y agradecido gesto, nos otorgó a ambos la titularidad de ‘Hijo Adoptivo’, a la vez que asignaba nuestros nombres libremente a dos calles de la ciudad.  Julio Alfredo, poeta magistral y ‘AMIGO siempre’, (ya hoy en el recuerdo), de nuevo en simultaneidad y analogía referida al árbol de la sabiduría, o del amor, (¿más allá del gesto místico, o de la cortesía–homenaje?) , llegó con su cinamomo de evocador aroma en florecillas lila, y allí mismo  lo plantó; dentro del ‘Huerto Deseado’. Igual hicieron José hierro con su ficus áurea; Ángel García López, araucaria; Sáez y su laurel; Quirosa y su olivo ‘pilarino’, Diego (bis), y Juan Carlos; y los olivos celestes de Virginia, de  Lonardi… y así lejos: Todo azahar en el Valle.  

¿Cuándo fue la última vez que oyó caer la lluvia en su huerto, en su cara...? ¿Le inspiró algún poema?
Cuando llueve, el olor de la tierra mojada es diferente. Petric-olor es el nombre de ese aroma. Ese olor de la tierra siempre llama.



 

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