Antonio Carvajal: “La poesía es un estímulo para convivir hacia un futuro mejor”

El poeta ha recibido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales

Antonio Carvajal, fotografiado por Francisco Fernández.
Antonio Carvajal, fotografiado por Francisco Fernández. La Voz

Instalado frente al Mediterráneo en su casa de la Costa Tropical, el poeta y filólogo dice que vive con cierta tranquilidad estos días de confinamiento, pero que se sentiría feliz si no lo tuvieran preocupado y sobresaltado los demás. Premio Nacional de la Crítica, en 1990, Premio Villa de Madrid, en 2005, Premio Nacional de Poesía, en 1912, Premio Internacional de la Academia de Ceppo de Pistoia (Italia), entre numerosos reconocimientos nacionales e internacionales,  Carvajal expresa que se siente “preocupado por los que desgraciadamente no podrán superar la situación y preocupado por la manifiesta insensatez de tanta gente que me parecía normal o que, dado el rumor de la vida, pues la vida suena mucho, este silencio impuesto me hace percibir voces oscuras que me pasaban desapercibidas”.


- ¿Qué opinión le merece esta situación de crisis sanitaria y social? ¿Le ha cogido de sorpresa o era algo intuido?

Me ha cogido totalmente por sorpresa. Nunca tuve claro qué es un virus, como no sé muy bien qué es una bacteria, aunque sé en cambio lo que es la hendíadis y la hipálage, que son palabras técnicas de mi profesión que pocos conocen. Estoy muy acostumbrado a que los ignorantes desprecien la métrica y me sorprende la cantidad de sabios hondos que hablan del virus que nos aflige como si se lo tomaran untado en las tostadas.


- ¿Cómo ve la respuesta de la gran mayoría de la ciudadanía?



Admirable, porque la mayoría del pueblo español, esa muchedumbre maravillosa que algunos llaman plebe, a la que pertenezco, es profunda y manifiestamente buena. Los otros me dan mucho miedo.


- ¿El aislamiento y los condicionantes impuestos le ocasionan importantes alteraciones en su vida habitual? ¿Le suponen grandes privaciones?

Hasta ahora no padezco ninguna alteración importante ni privación que me amargue el bienestar. Tengo clara conciencia de que sigo siendo muy afortunado, quizá porque pido poco y agradezco mucho lo que recibo. Toda mi vida he sido poco callejero y, como viví poco en mi casa hasta la jubilación, ahora no me siento recluido, estoy donde siempre quise estar.


- ¿Difieren mucho sus actividades actuales de las que habitualmente desarrolla en estado de "normalidad"?

Mi estado actual de normalidad es no hacer nada que no me apetezca, que para eso me jubilaron, afortunadamente, Y en eso estoy.


Creación imposible

- ¿El hecho de vivir con la libertad de movimientos restringida le induce más a la creación?

Libertad de movimientos tengo poca porque espero con alguna impaciencia que me operen de la cadera, y a ver cuándo me llega el turno. Y la creación me resulta imposible, dado el acoso al que me someten los viruhistéricos.


- ¿Trabaja en la actualidad en alguna obra o proyectos concretos?

Estoy documentándome para escribir el libreto de una ópera cómica que tenga mucho movimiento escénico y toda la guasa que me sea posible generar. Y tengo un proyecto precioso con un músico amigo, con el que sueño despierto.


- ¿Qué aporta la poesía a situaciones como ésta? En este sentido, ¿participa o ha participado en algún tipo de iniciativas?

Desde mi propio quehacer, la poesía, como todas las actividades artísticas, es un estímulo para convivir hacia un futuro que se quiere mejor. Hasta ahora vengo colaborando en cuantas iniciativas me proponen. Iniciativas no puedo tener porque los histeriovíricos no me dejan pensar con sosiego.


- ¿Qué lectura de su ingente obra sugiere o recomienda para estos días excepcionales?

¡Cielos!, y fíjate lo fino que me he vuelto que no escribo la palabra adecuada que comienza con la misma inicial, a mi obra se le han aplicado muchos adjetivos, pero eres el primero que la llama ingente. Mi poesía completa reunida en dos volúmenes apenas llega a 1500 páginas. Si suprimes las muchas páginas en blanco, necesarias porque los poemas tienen que respirar y el blanco es aire a los ojos, no llego a una media de 25 poemas por año. Para quienes no me conocen les recomendaría la antología que me hizo Concepción Argente, “Cuerpo lento del tiempo”, y otra antología, hecha por Francisco Silvera, “Alzar la vida en vuelo”. Es una pena que la de Antonio Chicharro esté agotada.

 

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