Cuarentena y patentes: El enigma de un permiso en tiempos de confinamiento

El relato de un navío que tuvo que recalar en San José con un misterioso documento

Imagen del documento. A. G. A.
Imagen del documento. A. G. A.

La privación de la libertad de desplazamiento para evitar el contagio de las epidemias ha sido corriente a lo largo de la historia, aplicándose a menudo con especial rigor y estricta vigilancia para lograr que la población cumpliera el confinamiento a que se veía sometida, a veces, por la normativa vigente.


Uno de esos largos periodos de confinamiento se inició en España el 14-8-1759, aunque aquellas personas o embarcaciones que estuvieran controlados por las Juntas de Sanidad, obtenían patentes limpias, que acreditaran que la embarcación no procedía de zona de riesgo. Sin embargo no recalar en el puerto de destino declarado para obtener la citada patente podía ser motivo de incidentes.


Veamos las circunstancias que vivió la tripulación de una fragata francesa nombrada La Fortuna, cuyo capitán se llamaba Juan José Verenchín y el segundo capitán Ramón Lans de Pas, maltés, parte de una tripulación de 31 marineros.


La embarcación recaló en Almería, donde entregaría la patente de sanidad del puerto de origen, y el 28-8-1760 obtuvo otra para continuar el corso, autorización para poder atracar sin problemas en el puerto de destino.



Debió de emprender la navegación poco después, pero sufrió algún contratiempo, acaso por los vientos o alguna marejada intempestiva, circunstancia que provocó la corrupción de su reserva de agua y probablemente estropeara parte o la totalidad de los víveres de su despensa.


Ante tal contratiempo la embarcación buscó refugio en el embarcadero inmediato al castillo de San José, donde probablemente realizara aguada; pero carente de casas de comercio adecuadas,  el segundo capitán, Lans de Pas, solicitó autorización para pasar a Almería con otro marinero de su tripulación para adquirir víveres.


El gobernador de la fortaleza, Santiago Carlos Doucet, concedió la licencia, a pesar de que estaba expresamente prohibida por orden de 14-8-1759. El citado gobernador dio noticia de dicha autorización a la Junta de Sanidad de Almería.


La actuación de las autoridades sanitarias fue inmediata, pues apresaron a Lans de Pas y lo confinaron en las Cuevas de Marín que, al parecer, funcionaban entonces como lazareto, y el 12-9-1760 fue interrogado para aclarar la situación que había justificado su retorno.


Probablemente para documentar su declaración entregaría la patente de sanidad librada 2 semanas antes por las autoridades almerienses. La misma, que debía de haber sido entregada en el puerto de destino, fue entregada en el puerto emisor, quedando en el expediente donde la localicé.


La sorpresa surge cuando se contempla la imagen que encabeza la patente de sanidada pesar de ser un documento de la administración local y de denominar el grabado como Ntra. Sra. del Mar, aparece mutilado en su parte inferior y, sobre todo, no presenta los atributos que identifican esta imagen, creando un enigma que intentaré resolver más adelante.

 

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