“Aunque nos cueste adaptarnos, nuestro mundo no va a ser como lo conocíamos”

Entrevista al fotógrafo y profesor de la Escuela de Artes de Almería Antonio Jesús García

Antonio Jesús García ‘Ché’,  junto a los estantes que fotografía.
Antonio Jesús García ‘Ché’, junto a los estantes que fotografía. Antonio Jesús García

Abrimos una videollamada y suena, distorsionado por un micrófono de andar por casa, ‘Hurricane’, de Bob Dylan. “Desire es uno de los mejores álbumes de la historia de la música”, comenta Antonio Jesús García (Almería, 1964), mientras intercambiamos unas cuantas preguntas de cortesía y ajustamos el tema técnico. Su telón de fondo es la estantería rebosante de cómics y libros que le está sirviendo como escenario de una serie fotográfica que sube a diario durante esta cuarentena.


¿Por qué empezaste a capturar esos estantes con tu cámara?
Mi fotografía es de calle. Nace de estar aquí, comiéndome la olla, debatiéndome entre ser bueno y respetar las indicaciones o coger la cámara e irme a hacer fotos. Por una vez en mí ha ganado la prudencia y no he salido. Pensando en qué hacer me di cuenta de que en la estantería de libros de fotografía había una especie de dípticos con elementos aparentemente aleatorios. Pero, aunque fuera de manera inconsciente, los fui emparejando con alguna intención. Me tomé como una disciplina eso de hacer una foto cada día.

Supongo que todos nos ponemos rutinas para no perder la cabeza...

Era como buscar algo para reinventarte. ¿A qué le puedo hacer fotos? Vivo en un bajo, por lo que no puedo asomarme a ver quién pasea al perro ni coger una vista cenital. Al buscar un libro para una consulta y quitar uno de esos elementos, me di cuenta de que podías ser una serie.

La necesidad de crear del artista, aunque ahora estés un poco impedido, por el encierro.

Yo soy un fotógrafo de calle, de personas y de escenas. Siempre digo que mis fotos son un gran proyecto humanista y resulta que estoy aquí solo, encerrado. Es decir, no hay ni calle ni personas. Eso ha derivado en la serie. También cocino; curiosamente soy de los que, en casa, cocina para la supervivencia. Me encantan los bares y hacerlo para mí solo siempre me ha dado bastante pereza. O cocino para amigos, para una cena o una fiesta o lo hago para sobrevivir, pero ahora me estoy recreando.

Nos cruzamos a menudo en las barras. ¿Podremos sobrevivir mucho tiempo sin eso?

No nos queda otro remedio. Evidentemente, una de las cosas que echo de menos es eso. Hay muchos a los que me encantaría ir, pero si tuviera que decantarme por un bar sería El Lengüetas: aire libre, las quisquillas... Ese rollo más primario.

No es un tema banal. Tiene que ver con el contacto humano, con eso tan nuestro, tan mediterráneo. ¿Puede llegar a darnos miedo? ¿A transformarnos?
Yo no creo que nos de miedo. Al contrario, pienso que saldremos desbocados, como cuando abren las puertas de toriles. Lo que tengo claro es que esto va a producir muchos más cambios sociales y económicos de lo que parece y, probablemente, la vida vaya cambiando. No me gusta ser alarmista, pero, aunque nos cueste reconocerlo y adaptarnos, el mundo no va a ser como lo conocíamos; al menos nuestro mundo.

¿Crees que sacaremos algo positivo de todo esto?
No. Creo que estamos en una situación bastante límite y, como tal, potencia el carácter de la gente. Puede ser que el que sea buena persona y solidario tenga ocasión de mostrar mucho más en ese aspecto, pero el desalmado tiene también más oportunidad de mostrarse. Sí me gustaría pensar que están quedando patentes las virtudes de una seguridad social y del intervencionismo del estado.

¿Cómo estaremos dentro de un mes?
Yo pienso que igual. Creo que esto va más para largo de lo que parece.



 

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