Almería, vista desde 1852

Nuestra provincia en el siglo XIX según el ‘Atlas de Bachiller’

El ‘atlas de Bachiller’, una ‘fotografía’ de la Almería del siglo XIX.
El ‘atlas de Bachiller’, una ‘fotografía’ de la Almería del siglo XIX. La Voz

“Las antigüedades de esta provincia han suscitado varias y reñidas controversias entre los eruditos. En el sitio mismo que ocupa la capital, hubo, en tiempo de los romanos, una población importante llamada Portus Magnus. Arruinada esta, la reedificó Amalarico, rey godo. Los árabes le dieron el nombre que hoy conserva aún sin alteración. En el siglo VIII había allí un puerto importante donde anclaban los buques de mayor magnitud que se conocían entonces. Fueron aquellos campos teatro de guerras, durante siglos, entre las diferentes tribus de árabes que recorrían la comarca. Fundóse allí un reino independiente que tuvo cinco soberanos, hasta que lo conquisto el emperador D. Alonso, no sin necesidad de heroico esfuerzo y sin pérdida de muchos muertos y heridos por ambas partes. Entonces tomó Almería por armas una cruz colorada de San Jorge, en campo de plata, con orla de castillos, granadas y leones, blasones que le han quedado desde el S. XII”


Con este relato histórico comienza el “Atlas de Bachiller”, del Consejo de Instrucción Público creado en 1852. Esta obra, al que se puede acceder desde la Biblioteca Nacional de España, nos muestra la historia y geografía de la España y es, en la práctica, un Estado de provincia y ciudades de mediados del siglo XIX. La provincia de Almería fue creada bajo escuadra y cartabón en 1833 y contaba en 1952 con 9 partidos judiciales, 108 poblaciones, cuatro de ellas ciudades, 29 son villas, 69 lugares y una aldea.


La mayor de las poblaciones era, lógicamente, la ciudad de Almería, que contaba con “239 calles estrechas y torcidas; con mucha limpieza en ellas; y 5 plazas, de las cuales la principal es muy hermosa y se forma de los edificios siguientes: La casa de Ayuntamiento, muy grande, cuya fachada se forma de una galería y dos torres cuadradas al extremo; la casa de la Diputación Provincial y las oficinas del gobierno político; que sirve además para mercado. Las demás plazas las completan la fisionomía de la ciudad son la de San Francisco, la de la Catedral, Santo Domingo y San Sebastián”.


El cambio en la propia fisionomía de la ciudad a raíz de las desamortizaciones de Madoz y Mendizábal y los cambios de ciclos económicos han abandonado, cuando no derribado, varias construcciones, como el acueducto que llevaba las aguas a la cuidad, las fábricas de perdigones (una de ellas actualmente embutida entre edificios) y los hornos de fundición o las fábricas de esparto muy numerosas a mediados del XIX. 




El ‘atlas de Bachiller’, una ‘fotografía’ de la Almería del siglo XIX.
El ‘atlas de Bachiller’, una ‘fotografía’ de la Almería del siglo XIX.La Voz


Prosigue el relato de este atlas almeriense recorriendo la geografía de nuestra provincia y de algunas de las poblaciones más importantes como Dalías, Berja, Cantoria, Alcolea o Huércal-Overa. Destaca la obra que en “las deliciosas vegas de esta provincia hay abundancia de maíz y toda clase de frutos, siendo innumerables los árboles frutales que tiene, principalmente naranjos y limoneros. E


En las cercanías de Adra, que es el punto más privilegiado, no solo hay los frutos peculiares de aquella región, sino la caña dulce y otros productos de climas cálidos. Entre sus principales productos se cuentan la aceituna, almendra, lino, cáñamo, barrilla, sosa, aceite, seda, esparto y azúcar. Hay mucho ganado vacuno en la vega de Almería. Son notables las salinas de Roquetas, propias del estado, en que pueden fabricarse 80,000 fanegas de sal común. Hay muchas canteras de jaspe de varios colores, bellos mármoles y piedras de muchas clases. Hay bastante caza en las inmediaciones de la capital; la principal es de codornices”.


La economía de nuestra provincia era la ya conocida explotación de la minería, en punto álgido durante esta época, de las que nos queda los numerosos vestigios dentro de la propia ciudad, como los hornos del cerro de las Mellizas o de la Chanca, o las innumerables minas y la arquitectura, lamentablemente muy abandonada, en las Sierra de Cabrera, Almagrera, de Gata, en el valle de Rodalquilar o en las Menas de Serón.


Son tan importantes las minas que tiene esta provincia de galena argentífera, de plomo, de cobre, de varios metales y de cinabrio, que en “su explotación consiste la principal industria del país”, llega a afirmarse en el atlas. El comercio de exportación consiste en plomo, esparto, barrilla, y jaboncillo de sastre; la importación en géneros de algodón y lana de Cataluña, sedería de Valencia y Málaga, y lencería de Marsella y Gibraltar. El término medio de los buques de cabotaje que entran en un año en el puerto de Almería es de 700”.


Esta fotografía plasmada en palabras de Almería nos muestra de forma precisa cómo eran los modos de vida, la economía o la propia fisonomía de pueblos, calles y montañas y nos evoca a una ciudad y una provincia muy diferente a la actual, pero a la vez ligada a su propia historia, al recuerdo de lo que fuimos, de nuestras fortalezas y carencias, las mismas que en 2020 seguimos padeciendo o disfrutando. No obstante, y según nos relata esta obra, Almería tiene muchas tradiciones y leyendas, entre las cuales se cuenta que aquí desembarcó Santiago acompañado de doce discípulos. 



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