Una lectura dramatizada: ‘Sillas en la frontera’

La Biblioteca Villaespesa iniciaba el martes pasado el segundo Ciclo de Lecturas

Imagen de una de las escenas
Imagen de una de las escenas La Voz

Basado en el libro homónimo, las lecturas dramatizadas de ‘Sillas en la Frontera’  iniciaban su andadura con gran expectación. Para ello nos reuníamos en la Villaespesa un nutrido grupo de amantes del teatro, donde los representantes de todos los estamentos que colaboran con esta iniciativa, introducían con mucha emoción la actividad en su segundo ciclo de vida.


El Centro de Documentación de Artes Escénicas de Andalucía, el Instituto Andaluz de la Mujer, el Laboratorio de Antropología Social y Cultural, el Centro de las Migraciones, entre otros, presididos por la delegada de Cultura, Eloísa Cabrera, daban la bienvenida en el salón de actos de la Biblioteca, ofreciendo este espacio para futuras ediciones.


De la necesidad y la esperanza La actriz Eva López era la encargada de dar vida a este primer texto de la dramaturga granadina Gracia Morales (1973). Este formato de lecturas dramatizadas es algo poco frecuente, pero totalmente recomendable como experiencia teatral. 


Porque es poner un pie en el escenario, comenzar a hablar la actriz y todos vamos entrando en el juego de viajar en el espacio y el tiempo de la mano de cinco mujeres, cinco personajes, unidas por la circunstancia de la migración como hilo conductor, viviendo con ellas su necesidad y su esperanza.



Cada una, comenzando por la primera, que representa el alter ego de la madre de la autora del texto, Gracia Morales, ponen de manifiesto que la gente emigra fundamentalmente por pobreza extrema,  llevando el alma flotando en esperanza, el motor que las desplaza, a veces hacia el abismo, a veces hacia campos más soleados donde puedan encontrar la dignidad existencial.


Así, esta primera mujer que emigra a Paris desde la Alpujarra en los años 60, nos canta el tango ‘Madre con los cabellos de plata’, mientras nos relata su vida entre fregonas y pucheros con fondo de señoras francesas. Una maleta sobre las tablas será el elemento escénico que ancla el espacio dramático para cambiar de personaje. Así, la actriz va sacando diferentes elementos de vestuario que se va poniendo conforme transita por los distintos dramas.


La mujer 2 es la prostituta de Europa del Este que desgarra el alma con su discurso de búsqueda de clientes bajo el ojo avizor del chulo que la tiene esclavizada: “Yo debo de volver a levantar esta máscara que sonríe y busca, busca otro cliente que quiera pagar los 50 euros que valgo”.


Eva López ha estudiado sus personajes con mimo, lo que demuestra en sus atildados acentos aplicados a cada una de ellas, que nos envuelven con su amargura. La mujer 3 es una madre árabe subida en un camión completamente a oscuras junto a 47 personas más, donde tiene que lidiar con el miedo y la incertidumbre de que alguien les quiera abrir la puerta en algún lugar del mundo, para al menos respirar otra vez.


Mientras tanto va notando cómo se espesa el aire y la esperanza de que aquello salga bien, con un hijo pequeño en sus brazos: “Una linterna, eso querría, para verle el cuerpo a nuestro hijo que ha dejado de llorar y apenas se mueve…” La mujer 4 es la madre desesperada en un campamento de refugiados, donde siente que su corazón se ha vuelto de hielo, cuando está a punto de golpear con una piedra a un niña sola que se ha colado en su tienda y que quiere comer algo.


Su propio hijo es la que la detiene y le devuelve la empatía para con el dolor de los más desvalidos que ella. La mujer 5 es la sudamericana que cuida de la madre octogenaria de la autora del texto, cerrando así el círculo de la propia historia familiar de emigración femenina y quien solo accede a comer de mano de una extraña, cuando le canta el tango que ella entonaba en Paris.


‘Sillas en la Frontera’

(Edual 2019) Editado y coordinado por  la doctora en Filología Hispánica, Concha Fernández Soto. Es una interesantísima antología que recoge la obra de 22 dramaturgas, y que hablan desde el texto teatral de las mujeres emigrantes.


Ellas, sentada en esa silla en la frontera, esperan poder abrir un agujerito en el grueso muro de la incomunicación. Con una edición exquisita, ilustrada por tres artistas, esta confluencia de situaciones algunas de ellas escritas en otros idiomas, árabe, inglés y francés, nos sientan en esta espera incómoda del mundo global y deshumanizado, donde la pobreza y la tiesura de la postura tienen cara y voz de mujer.


Madres, carne fresca sin ojos subida en tacones de vértigo esperando el asco en cada esquina como oficio..., todas conscientes del drama de unas vidas asfixiantes.

Enhorabuena a todas, especialmente a la actriz Eva López y a Ascensión Rodríguez, actriz y directora artística, por encarnar el alma de estos textos.


El teatro es el arte del vibrar en directo con la palabra, algo imprescindible como sociedad, pretendiendo remover en este caso los cimientos de nuestra cultura misógina. Las mujeres volvemos a hacer uso de la sororidad artística para decirle al mundo que nos contiene que no nos gusta, que necesitamos soñar con otro posible más justo. Y para ello usamos la esperanza en movimiento. Aguardamos con impaciencia  las siguientes citas del ciclo que tendrán lugar en 2020.


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