“Que el mejor final para un alpinista es la montaña es una tontería”

El almeriense Javier Campos es explorador

Javier Campos en el Polo Norte Magnético.
Javier Campos en el Polo Norte Magnético. La Voz

El almeriense Javier Campos se ha convertido en uno de los exploradores más polifacéticos de España. Ha esquiado el Polo Norte magnético, atravesado los hielos patagónicos y recorrido el desierto del Sáhara en bicicleta. Dedica parte de sus expediciones a colectivos vulnerables. Sueña con retirarse a una casita en el Parque Natural de Cabo de Gata.


Dio sus primeros pasos como explorador a los 15 años. ¿Qué se le pasó por la cabeza? 

Con esa edad yo hacía todos los deportes que se me ponían por delante, pero ninguno me acababa de enganchar. Entonces me compré una botas para la nieve y me sedujo lo del alpinismo. Recuerdo un intento de subir al Veleta en invierno: visualmente me fascinó tanto que  quería repetir cada fin de semana. La alta montaña está llena de matices.


Carga sobre sus piernas haber sido la primera persona en atravesar el Great Himalaya Trail en invierno y en solitario. ¿Qué le motiva?

Yo no soy un gran escalador ni un gran alpinista ni un gran nada, pero tengo una virtud y es que puedo caminar horas y horas durante días. El Great Himalaya Trail está pensado para descubrir los valles ocultos de Nepal. Técnicamente no es difícil, solo hay que aguantar un montón de días andando con mucho peso y desniveles. Descubrí que nadie lo había hecho en invierno y encontré la motivación.


¿Qué piensa cuando tiene por delante 1.800 km a pie por una cordillera así?

Es mejor no pensar. Uno de los grandes aprendizajes es encontrar objetivos a corto plazo: si piensas en el final, simplemente te das la vuelta. En una conferencia alguien me preguntó si en esos momentos lograba trascender. Al principio me pareció una tontería, pero es cierto que te apoyas en el mundo de los recuerdos y en la gente querida y también vas haciendo planes.


¿Qué es más duro para el explorador: la soledad, el frío, el agotamiento físico?

A mí la soledad se me da bien, me aguanto. No tengo problema en pasar tres o cuatro meses solo. Te podría dar nombres de alpinistas famosos que se niegan en rotundo a hacer actividades así. 

Luego está el frío que, llegado a un punto, puede ser irreversible y traducirse en la amputación de dedos.  


Documenta audiovisualmente sus aventuras. ¿Hasta qué punto es posible captar los momentos más duros y los más felices?

Es imposible captar el alma de lo que estás viviendo porque son cosas muy íntimas, sufrimientos muy personales. Y por mucho que tengas la cámara, no recogerá el frío y el viento doce horas seguidas. 

Pero documentar esas expediciones es importante porque demuestras que la has hecho de verdad. Además, a mí me gusta contar historias.


¿El mejor final de un alpinista está en la montaña? 

Hay quien dice eso, pero a mí me parece una tontería. El mejor final es a los 90 años rodeado de los tuyos y sin demasiado dolor. Ningún sitio es bueno para morir.

  

Esta primavera hemos asistido a la imagen de la sobreexplotación del Everest, ¿le impresionó?

Esta pregunta me mata porque esa fotografía, siendo real, está engañando sobre la situación de la montaña. Es cierto que existe una problemática, que puede ser impactante, pero yo tengo una foto del mismo sitio dos días después y había cuatro personas. 


¿Qué pasa con esto? Tenemos demasiadas facilidades para ir al Everest, no solo por las expediciones comerciales, sino porque contamos con una previsión metereológica que nos dice cuál es la mejor hora del mejor día para subir y todos quieren hacerlo en ese momento. Pero hay que separar al turista de montaña del alpinista. La gente quiere tocar cima a cualquier precio, otros preferimos hacerlo de forma honesta. 


¿Cuáles son sus próximas expediciones?

Si te digo que el Everest, voy a quedar fatal (Risas). Ahora estoy con proyectos en El Aconcagua y el Ártico, pero tengo confirmado al 98 por cierto que después subiré al Everest. Lo que está claro es que no voy a ir por la cara sur donde se hizo esa foto y por la que en la última temporada han subido 816 personas frente a las 62 de la vertiente norte. De todos, solo cuatro lo han hecho sin oxígeno. De modo que subir por la cara norte sin oxígeno me parece un reto de primerísimo nivel. Otra cosa es que me atreva. 


Usar oxígeno me parece una falta de respeto a la montaña, pero renunciar a él es aumentar las posibilidades de congelación en un 90 por ciento y tampoco me apetece ni morirme ni perder un dedo. 


Ha usado sus aventuras para ayudar a colectivos vulnerables, ¿con qué propósito?

He tenido una vida privilegiada por ver tanto mundo y cumplir tantos sueños e intento hacer cosas por los demás, pero tampoco con el objetivo de darles difusión. Todos podemos hacer más de lo que hacemos, pero no hay ni que esconderse ni que andar sacando pecho.

 

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