Mercé y Tomatito, duelo en Los Aljibes

La Semana Flamenca de El Taranto acogió el martes por la noche un encuentro en la cumbre

Mercé, de pie por bulerías, con Tomatito en uno de sus palos emblemáticos.
Mercé, de pie por bulerías, con Tomatito en uno de sus palos emblemáticos. Antonio Jesús García

La garganta de José Mercé se desmaya en la seguiriya, dejándose acariciar por la guitarra de Tomatito. Los matices sonoros que se multiplican, la sensibilidad dulce y amarga al mismo tiempo y la búsqueda de una profundidad aún mayor en el cante. En el toque.


Un duelo de talento sin víctimas, armados ambos de sonrisas cómplices, de encuentros de voz curtida y falsetas de orfebre.


Mercé, como un almuecín sin edad bajo la bóveda de Los Aljibes, dejó una vez más su rastro indeleble en El Taranto, acompañado de Tomatito, dentro de una brillante Semana Flamenca que esta peña celebra desde hace 48  años.


Juntos, están a las puertas de una gira basada en el último trabajo discográfico conjunto titulado ‘De verdad’ que pasará por el Festival Flamenco de Almería el 22 de julio y que arranca muy pronto en Zaragoza, para recorrer un par de docenas de ciudades.



La conversación después del cante entrecruzó biográficas y reflexiones.
La conversación después del cante entrecruzó biográficas y reflexiones.Antonio Jesús García


Tomatito, anfitrión en su tierra con un tesoro gaditano guardado en la funda de la guitara y Mercé, jerezano y almeriense confeso por tanto cante en esta tierra.  “Esta es mi casa”, dijo el cantaor antes de empezar y acabó en metiendo en una bulería a Carlos, Popo y a Rafael (Carlos Jover, Juan Antonio López Alemán y Rafael Morales). Y al Quiosco Amalia, y a “Tomate a la guitarra”.


Los Aljibes se quedaron pequeños por el caudal de aficionados y por la grandeza de los dos artistas. Por el feliz encuentro del genio y la flamencura multiplicados por dos: la sonrisa oscurecida en el pellizco, el gesto contraído, las manos por detrás de la silla de anea, los párpados apretados, las manos libres entre las cuerdas.  


Cante
La velada partió por malagueñas, a mitad de camino entre Almería y Jerez. Luego, la seguiriya, la soleá, las alegrías, los tientos, el fandango... y el remate por bulerías con José del Tomate y Antonio Torres Pescaíto al compás, el hijo y elyerno de Tomatito.


A veces parece que la letra que canta Mercé es la pura verdad, que hay motivos para dar por ciertas y verdaderas las razones de amor y de angustia que proclaman los versos cantados. Así la soleá y los tientos de Mercé, atravesados por el toque de Tomatito.


En algunos momentos, era inevitable recordar a los aficionados que ya no están y que son parte de la larga historia de El Taranto.


Tras el concierto
“En cualquier parte, la gente sabe a lo que va cuando se trata de Flamenco”, asegura Mercé después de enhebrar una ciudad del mundo con otra, evocando tanos años de carreteras y aeropuertos. El jerezano habla de Cleveland, de Buenos Aires, de Nueva York...”la gente entraba en el camerino con lágrimas en los ojos aunque no entendían nada de español...” . Pero en España... “aquí todo es diferente”.  Tomatito y  Mercé se sinceran sobre la percepción del Flamenco en España, y coinciden en que algo no encaja. Que en España no se le da al Flamenco el lugar que el corresponde.  No importa que lo hayan declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. ¿El pop?, “eso es una música de fuera. No es nuestra”.


El Flamenco sigue estando aparte. ¿Será cosa de algún prejuicio social que permanece o de la secularresistencia de este país a tomar a la cultura como referencia de primer orden? A Tomatito se le agolpan las razones, recordando que todo el genio musical español ha vivido idilios intensos con el Flamenco: “Falla, Granados y tantos otros han bebido del Flamenca y han llevado su legado fuera de España”, asevera el guitarrista almeriense, que no se deja en el tintero la visión de la Generación del 27, uno de los referentes inequívocos de esa cultura inmortal que podemos  llamar española sin sonrojarnos.


Hay que hablar también de Paco de Lucía o de Sabicas y de Camarón. Y de como el Flamenco se ha encontrado tantas veces con el Jazz y el Blues, “porque son músicas de raíces” -dice Mercé-: “el blues nació en los campos de algodón de Estados Unidos. También era algodón lo que recogían los jornaleros andaluces  del Flamenco original”.  


Tomatito se reconoce almeriense y jerezano, porque en su biografía está Jerez. Siempre Jerez, la ciudad -santuario que vio nacer a Mercé. Ambos intercambian fragmentos de su vida, entrecruzados de artistas inmortales y de noches de cante y magisterios. Pero Mercé apunta también que El Taranto fue la primera peña en la que cantó al inicio de los setenta, con el insoslayable recuerdo de Lucas López sobre la mesa.


A estas alturas de la conversación, Almería es Cádiz con más invernaderos y Cádiz es Almería con más esteros.
La tertulia es como un collar que admite infinitas perlas. Una de ellas, con Camarón de protagonista. ¿Es verdad lo que se dice de Camarón y Mick Jagger? Tomatito lo confirma sin titubeos. El irreductible rockero coincidió con el monstruo de La Isla en un ascensor y, admirado del talento del cantaor, le propuso intercambiar sus calzoncillos con él. Camarón lo miró extrañado y decidió quitarse de enmedio.  Vete a saber lo que quería ese guiri.    
 


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