‘Pincel y camino’, una exposición poética por los sentimientos de la vida

Miguel Ibarra Marín escribe sobre lienzo los trazos del alma

Detalle de las marionetas de Venecia, una de las obras de Miguel Ibarra Marín expuestas en la EMMA hasta el 29 de abril.
Detalle de las marionetas de Venecia, una de las obras de Miguel Ibarra Marín expuestas en la EMMA hasta el 29 de abril. La Voz

Decía el poeta de la generación del 98 Antonio Machado que “no hay camino, se hace camino al andar”. Un concepto que ha llevado a Miguel Ibarra Marín a presentar su primera exposición pictórica bajo el título ‘Pincel y camino’. 




“Tal y como lo veo, la vida es un camino y se va pintando por los distintos lugares que uno visita, que a su vez son testigos de las emociones que uno experimenta”, explica Ibarra. De ahí que esta muestra selectiva, compuesta por las dieciocho obras poéticas que decorarán hasta el próximo 29 de abril las paredes del sótano de la Escuela Municipal de Música & Artes de Almería (EMMA), sea la viva expresión de los destinos que ha conocido y que más le han impactado. Entre marionetas, sentimientos, regiones metropolitanas, colores vivos y paisajes de su Almería se vienen a la mente de nuevo esos versos de Machado que dicen: “Caminante no hay camino sino estelas en la mar”.




Pero no solo eso. Estos reflejos al óleo conectan con el público a través de los sentimientos que todos hemos exteriorizado alguna vez y que forman parte de la vida. Algunos tan recurridos en el arte como la soledad, el temor y la pasión, pero también otros propios de la gente emprendedora: la viva imagen del coraje y el tesón. 




El esfuerzo tiene su representación nada más y nada menos que en los mariscadores gallegos, un oficio desempeñado por hombres y mujeres que pasan una infinidad de horas encorvados en el mar.


El autor, un artista multidisciplinar

Miguel Ibarra Marín es un apasionado de las artes desde su niñez. Aún no había llegado a la adolescencia cuando su padre, carpintero de profesión, le enseñó las bases de un oficio que le ha permitido ser un empresario capaz de hacer arte con la madera y, en su tiempo libre, sobre lienzos en blanco. Porque “caminante, no hay camino, se hace camino al andar...”, a lo que Ibarra añade: “y andando por el camino, entre luces y pinceles, pintamos nuestra senda, con óleos y pasteles… Una pizca de cobalto, una gota de cadmio y una parte de carmesí, separados en la paleta o mezclados entre sí. Con un pincel de marta y una tela de algodón, vamos pintando nuestro camino con trabajo, coraje y tesón”. Valores que han llevado a este emprendedor a cumplir sus sueños como el que hoy nos ocupa: una exposición de destinos, colores y reflexiones. Pero por encima de todo, una exposición de sentimientos.

 

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