Tripwoman, una plataforma social y una app para mujeres que viajan solas

Crear una barrera de protección femenina, objetivo de un proyecto diseñado por una almeriense

Tania Picado (a la izquierda) junto a su socia, Rebeca González.
Tania Picado (a la izquierda) junto a su socia, Rebeca González. La Voz

Velar por la “seguridad vital” de mujeres que viajan solas a través de una aplicación que les permitirá encontrar alojamiento -tanto de alquiler como ofrecido de forma altruista-, superar la barrera del idioma y encontrar un lugar en el que compartir “experiencias y recomendaciones” de otras viajeras. Este es el propósito de Tripwoman, una plataforma social y una app que ha diseñado Tania Picado (Almería, 1986) y para la que busca financiación a través de la plataforma de micromecenazgo Kickstarter. 


“Estamos tratando de financiar el proyecto, ya sea a través de donaciones de gente o bien por el patrocinio de empresas que estén interesadas en promocionar sus productos en nuestra plataforma. El proyecto es de todo o nada, así es como funciona Kickstarter: solo obtendremos la financiación si conseguimos el cien por cien del objetivo [20.000 euros] antes del 19 de abril. De otra manera, las aportaciones ni siquiera llegan a salir de la cuenta de los colaboradores”, cuenta Picado a LA VOZ desde Berlín, donde reside desde hace dos años y trabaja como autónoma en el ámbito de la construcción.

Además de colaborar económicamente a través de Kickstarter, los inversores que deseen que Tripwoman pueda ver la luz pueden contactar con su creadora a través del correo electrónico triptravelwoman@gmail.com.


El origen El gran objetivo de Tripwoman es “alentar y proteger a toda mujer valiente” que emprenda la aventura de viajar en solitario por otro país, todo un desafío cuando, por ejemplo, no se habla el idioma. “Asimismo, queremos ofrecer un sistema de emergencia integrado por las propias viajeras”, detalla la almeriense, de forma que pueda recurrirse a esta red de sororidad ante situaciones desagradables. 


El germen del proyecto está en 2016, tras el asesinato de las argentinas Marina Menegazzo y Maria José Coni, dos mochileras que recorrían Ecuador. “Esas chiquillas tenían 21 y 22 aňos, no hay derecho. Aquella noche lloré de la frustración porque siempre nos toca a nosotras: salimos a disfrutar y muchas no regresan jamás”, recuerda la creadora de Tripwoman, técnico superior en comercio internacional.

Entonces, Tania pensó que por qué no crear una “barrera de protección femenina” alrededor del mundo “de nosotras para nosotras”, subraya, y añade: “Solo las mujeres conocemos el miedo a andar solas; no porque el mundo sea peligroso sino por las aberraciones que muchos hombres cometen con nosotras”.


Ella, que acumula muchos kilómetros en la maleta, lo ha sufrido en su propia piel. “Cuando tenía 24 años me fui a pasar una temporada a Londres. Llegué sola, sin conocer el idioma y sin apenas dinero. No conocía a nadie, así que quedé con un chico con el que contacté a través de Facebook para que me recogiera del aeropuerto a cambio de 50 euros. Recuerdo que iba aterrorizada en el coche, haciéndole fotos a la matrícula antes de subir para mandárselas a mi madre”. 


Poco después, también en Londres, vivió otra experiencia amarga con una dudosa oferta laboral. “Un tipo me vio buscando trabajo, con los currículum bajo el brazo, y me ofreció un empleo. Me citó en la puerta de su ‘restaurante’ (aún no sé si lo era), me convenció para subirme en su coche y enseñarme otro local (en el que, supuestamente, necesitaba personal) y me llevó a un hotel en medio de una carretera a unos 40 kilómetros de Londres. El miedo a no volver a ver a mi madre me tenía horrorizada y no podía llamar a nadie, ni a la policía, porque aún no hablaba inglés”.


En Tripwoman, Picado cuenta como socia con otra española, Rebeca González. “Tras la noticia del crimen de las chicas argentinas, a las ocho de la mañana del día siguiente llamé a una persona que sabe de programación y le pregunté si mi idea era viable. Me dijo que sí y me puse a trabajar. Más tarde, esta misma persona me presentó a Rebeca, diseñadora de páginas web y app. Cuando le conté el proyecto se emocionó tanto que se quedó a luchar conmigo: ella es muy viajera también y conoce perfectamente los riesgos de viajar sola”.

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