Crónicas del ayer: muerte en el Peñón del Negro

Dos semanas más tarde la Guardia Civil puso a los asesinos a disposición de la Justicia

Muerte en el Peñón del Negro.
Muerte en el Peñón del Negro.
José Ángel Pérez
20:00 • 14 ene. 2023

La mañana del 9 de noviembre de 1944 dos jóvenes de Serón, aunque residentes circunstanciales en Gérgal planificaron de común acuerdo asesinar al guarda jurado encargado de la vigilancia de la zona de cortijos quien en varias ocasiones anteriores les había reprendido al sorprenderlos furtivamente por las fincas con dudosas intenciones lo que provocó en ellos un feroz odio hacia el agente. Ese día. José L. de 26 años de edad y Miguel L. de 24 años estudiaron a fondo la situación de incomodidad que el guarda les provocaba y decidieron pasar a la acción. Sabían que a media mañana el guarda solía ir hasta el cortijo “Polonio” en el que vivía una joven, María M de 24 años junto a sus dos niños de corta edad y donde solía descansar un pequeño rato antes de proseguir su recorrido por la sierra. Los jóvenes llegaron antes, uno de ellos, armado con una escopeta de dos cañones se escondió en el corral del cortijo, mientras el otro le esperaba en el interior de la finca llevando oculta entre las ropas una pistola de pequeño calibre


Poco después, en torno a las diez y media de la mañana, se presentó el guarda en el cortijo quien nada más entrar y saludar fugazmente a Miguel dejó su escopeta apoyada en la pared junto a la chimenea, sentándose a liarse despreocupadamente un cigarrillo. El joven aprovechó el momento confiado del guarda para acercarse hasta el arma y apoderarse de la misma saliendo precipitadamente a la calle. Al darse cuenta de que el muchacho se llevaba su escopeta, Cecilio Márquez salió apresuradamente tras él. Antes de cruzar el umbral de la puerta del cortijo sonó un disparo y el guarda cayó fulminado.


El otro sujeto al verle caído en el suelo regresó sobre sus pasos y con la escopeta del propio guarda le efectuó un nuevo disparo. Unos minutos después al ver que la víctima aún permanecía con vida, Miguel L. con una terrible sangre fría sacó la pistola que llevaba rematándolo de un tiro. En una esquina del comedor María asistía atónita e impotente al cruel asesinato. Los dos jóvenes la encañonaron amenazándola de muerte si gritaba o intentara escapar pidiéndole una jarapa y varias cuerdas donde posteriormente envolvieron el cadáver del guarda subiéndolo a la grupa de una caballería. Los criminales antes de irse con su macabra carga le encargaron encarecidamente a la mujer que si alguien preguntaba por la victima dijese que al guarda se lo habían llevado unos desconocidos. Nada más irse del cortijo María M presa del pánico salió huyendo de la vivienda con los niños, abandonando los animales y dejando la casa abierta. Huyó a la sierra y un día más tarde logró llegar hasta Serón para encontrarse con el hombre con el que mantenía relaciones y que era el padre de los menores.



El cadáver de Cecilio Márquez apareció junto a un pequeño camino en el paraje del Peñón Negro. Los asesinos colocaron su cuerpo para que diese la sensación de que fue asesinado allí mismo por alguien que le atacó para robarle. Colocaron una mano del muerto en uno de los bolsillos del pantalón y junto a su morral dejaron un cuchillo partido en dos. Remataron su acción escondiendo las escopetas y la pistola en un barranco próximo regresando al pueblo, querían aparentar que el crimen era obra de alguno de los fugitivos de la justicia miembros de una partida de bandoleros o maquis como también solían llamarles.


Conocido el crimen, dos semanas más tarde la Guardia Civil puso a los asesinos a disposición de la Justicia. Fueron unos días intensos, donde la Benemérita interrogó a numerosas personas hasta que finalmente obtuvo pistas sólidas acerca de la identidad de los asesinos. La sentencia de la causa, condenado a los dos a 27 años de prisión, mientras que María, detenida por estos hechos el 12 de noviembre de 1944 en Serón e ingresada en prisión, fue absuelta al considerar la sala que no hubo complicidad alguna con los procesados, sino que la mujer actuó bajo amenazas y miedo insuperable.





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