Los protagonistas de la verdad: la huella humana del modelo agrícola almeriense

La agricultura almeriense, la hazaña colectiva más importante de nuestra historia

Detrás de la perfecta armonía tecnológica de un invernadero avanzado, entre los componentes de una línea de manipulado o en la pulcra neutralidad de un departamento de calidad hortofrutícola está impresa la huella humana. No sólo la que imprimen los protagonistas de este complejo sistema de producción que comprende desde la ciencia y la tecnología hasta los últimos detalles del mercado. La huella humana del modelo agrícola almeriense descansa también en su propia esencia, tan antigua como la civilización y,a la vez, tan necesaria.


Han sido generaciones de agricultores, quienes están detrás, en medio y delante de este fenómeno que ha asombrado al mundo hasta el extremo de no ser comprendido en toda su dimensión. Han sido estirpes de habitantes de una tierra bella y difícil como las heroínas antiguas. Abuelos, padres e hijos que enlazaron las viejas tradiciones del bancal y el parral con las exigencias cotidianas del enarenado y, luego, del invernadero. Primero, para atender los mercados interiores y, después, para tomar las principales plazas europeas enviando pimientos, tomates, pepinos, judías, calabacines, berenjenas...


Nadie hubiese podido diseñar el modelo de antemano, porque han sido y son miles de mujeres y hombres quienes han tomado decisiones para construirlo. Nadie hubiese podido pilotar por sí solo esta gran creación colectiva que es la agricultura almeriense. Ningún profesor hubiese podido plantear el modelo en una pizarra, porque la que mandaba era la de la alhóndiga. Ningún científico se hubiese atrevido a ensayar en el laboratorio las horas interminables en el invernadero, porque al principio no había horarios sino familias que alimentar. Sólo familias a las que ningún responsable político podía asegurarles el futuro. Sin embargo, el futuro estaba a pocos metros de la casa, debajo de un plástico que era como un segundo cielo.


Ahora, todo es imprescindible: el profesor, el investigador, el responsable político. Son necesarios los emprendedores que aciertan y abren nuevos horizontes y los que se equivocan y dejan en evidencia los caminos inconvenientes. Ahora son necesarias tantas personas y tan diversas en todos los aspectos que el modelo agrícola almeriense sólo necesita mirarse a si mismo, en los pocos días de descanso que permite, para reconocer su humanidad.


Más allá de sus límites en expansión, no es fácil reconocer esta hazaña colectiva porque desde la perspectiva urbana el mundo rural siempre queda por debajo, salvo para recuperar falsos estereotipos bucólicos del agricultor al borde de la pobreza que siempre puede ser mirado con condescendencia. Pero la verdad está en la experiencia vital de cada uno de ellos, en la realidad tangible de cada empresa, de cada centro de investigación, en cada nuevo proyecto. A fin de cuentas, la verdad de una tierra es su agricultura. Y quienes la hacen. 



 

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