Pulpí, un lodazal imposible

Pulpí, un lodazal imposible

Tal vez porque se quedó completamente incomunicado no solo telefónicamente, sino también por carretera, Pulpí ha pasado de largo por las informaciones de esta gota fría que tan devastadoras consecuencias ha tenido en el levante almeriense. Sin embargo, el pueblo es un lodazal imposible desde la mañana del viernes y caminar por sus calles es más una aventura que otra cosa.
Las calles de Pulpí están completamente cubiertas de lodo. El municipio “está anegado de barro”, describía ayer a LA VOZ el alcalde del municipio, Juan Pedro García, que calificaba la situación de “límite” y hablaba de “daños incalculables”. Y es que sólo en el centro del pueblo hay más de 200 vehículos a los que o se ha llevado el agua o se encuentran en mal estado. En cuanto a las viviendas afectadas, el alcalde estima que hay más de 300. Muchas de ellas están desalojadas dado el estado en que han quedado y, “afortunadamente, sus habitantes se han podido quedar en casa de otros familiares”, explicaba García, que añadía que “en la parte de arriba del pueblo las casas están reventadas”
Los comercios del pueblo también se han visto gravemente dañados. “Hay empresas que lo han perdido prácticamente todo. Y eso sin hablar de las pérdidas ocasionadas por el agua y el barro en la agricultura y la ganadería del municipio”, apuntaba el alcalde, que insistía en que los datos que acababa de facilitar se referían solo al centro del pueblo.
Para Juan Pedro García, lo prioritario ahora es ayudar a todas las familias. “Eso es lo primero, volcarnos con ellas, y después ya se verá”, pues quiere reunirse con todas las administraciones para ver cuál es el camino a seguir para conseguir las ayudas necesarias para los afectados y devolver el pueblo a su estado original.
La localidad pulpileña era ayer una estampa dantesca. Cientos de personas sacaban barro de sus casas, sótanos y comercios. El centro del pueblo está, de hecho, inaccesible al tráfico rodado. Sólo algunos valientes en bicicleta se atrevían a circular por la calzada.
Las inmediaciones de la rambla que recorre el pueblo ofrecían las imágenes más crueles y es que todo lo que arrastró el agua superó el límite de los cuatro metros de profundidad de la rambla y barrió literalmente la zona. La iglesia de San Miguel se ha inundado por segunda vez en su historia. El parque de vehículos municipal se ha quedado reducido al 30% y la mayoría de las motos de la policía local se han perdido con la riada.
También el archivo municipal ha pasado a mejor vida. Custodiado en el sótano de la casa consistorial, ayer aún tenía más de un palmo de barro cubriendo el suelo y era imposible acceder a él por lo resbaladizo del piso.
García recordaba ayer como una pesadilla “las tres o cuatro horas horribles del viernes, sin poder hablar ni con la familia porque no había manera de comunicarse con nadie” y confesaba que llegó a temer por su vida y por la de todos los que estaban con él en el ayuntamiento cuando el lodo hizo su entrada por las ventanas.





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