Roquetas de Mar

Los viejos rockeros se despiden pero nunca mueren

Miguel Ríos llena el Teatro Auditorio con nuevo álbum y 40 años de ‘Rock & Ríos’

A sus 77 años Miguel Ríos viaja a las raíces country y blues del Rock and Roll con su nuevo álbum Un largo viaje. Foto de V.N.
A sus 77 años Miguel Ríos viaja a las raíces country y blues del Rock and Roll con su nuevo álbum Un largo viaje. Foto de V.N.
Víctor Navarro
16:27 • 25 abr. 2022 / actualizado a las 16:39 • 25 abr. 2022

Ha transcurrido más de una década desde que Miguel Ríos sorprendiera a sus seguidores con la triste noticia de su retirada de los escenarios, y lo hacía con su último trabajo hasta la fecha, "Sólo o en compañía de otros' que a fin de cuentas, no deja de ser una manera apropiada para despedirse del mundo, en esta caso el musical. No obstante, a sus 77 años y 40 primaveras después del legendario Rock & Ríos el cantante granadino no ha dicho su última palabra, y tras las sensaciones dejadas el pasado sábado sobre las tablas del Teatro Auditorio de Roquetas de Mar, Miguel Ríos ha dejado claro que la edad puede ser motivo para la pausa, la observación y la reflexión, conceptos traducidos en un "hasta pronto", pero no en una despedida sinónimo de "Adiós".



El concierto de la pasada noche fue un esperado reencuentro con el pasado, cuyos antecedentes ya vaticinaban una velada redonda. Entradas agotadas desde los primeros días y entrega de la Butaca Honor del Auditorio a Miguel Ríos horas antes del recital. Los entremeses ya estaban servidos y llegaba el momento de ofrecer el solomillo a un personal que 4 décadas atrás llenó las gradas de la plaza de toros de Almería en la gira 'Rock en el Ruedo'.  Aquellos jóvenes de ayer, llenaron con aplausos el teatro roquetero a la salida al escenario del granadino, rindiéndose ante una leyenda viva de la música española y ante los recuerdos que ésta les dejó en su mocedad.



Buenas noches, bienvenidos hijos del Rock & Roll



Miguel Ríos se presentó en Roquetas de Mar con un 'set' acústico, muy lejos de la contundencia rockera y la sonoridad de la Big Band, solamente él y un taburete, al más puro estilo Johny Cash, escoltado por la banda Black Betty Trio (piano, violín y steel guitarra) a un lado y por el otro José Nortes, guitarra, coros y productor del último álbum del cantante, para ofrecer un espectáculo repleto de sabor sureño, un viaje hacia el árbol genealógico del rock profundizando en sus raíces 'country', 'blues' y  'hillbilly', vistiendo a clásicos como 'Raquel es un Burdel' con camisas Rockabilly al estilo Nashville. La música folk de la era electrónica de los 50' a su servicio.



El concierto se abrió como cualquier conversación civilizada, con un saludo. "Hola Ríos, Hello' seguida por el inmoral 'Bienvenidos' que sacó a la gente de las butacas, respondiendo el agasajo del granadino con aplausos y vítores, incluso, uno espectador se atrevió a romper el protocolo y con un fuerte chorro de voz que, viajó como un 'kamikaze' desde el patio de butacas al escenario exigiría 'Banzai, gesto que fue recogido de buen agrado por Miguel Ríos que aclaraba 'rockeramente' a la sala que el tema pedido no se ajustaba al estilo de música propuesto para la velada. "¡No me jodas 'Banza'! ¿Tú has visto la banda que traigo esta noche, macho?"



Un largo viaje de 16 nuevos temas y otros para el recuerdo



Dicho esto, por el escenario del Teatro Auditorio de Roquetas de Mar desfilaron una veintena de temas repartidos entre algunas canciones clásicas del artista nazarí y los trabajos  contenidos en su nuevo álbum que lleva por título 'Un largo viaje' , en dónde se encuentran temas como 'Memphis - Granada' dónde Miguel Ríos, una vez como cronista de la España que le tocó vivir, narró con swing al público de Roquetas cómo nacería el rock en este país, "al final de los 50 Elvis era Dios, y yo un chaval de Cartuja que se espabiló".



Las nuevas canciones se sucedían una tras otra conectando anécdotas y pinceladas históricas de la vida en el sur, pero no exclusivamente de los U.S.A, la atmósfera mediterránea de mandolinas y puerto tuvo su lugar con la canción 'Maruzzella', homenajeando a aquellos artistas italianos como Renato Carosone o Teddy Reno que inundaban las ondas radiofónicas de aquella España en blanco y negro de los 50 y de la que el cantante granadino se nutrió en su niñez.


No obstante, el desfile de novedades, acompañado de su respectivo reconocimiento en forma de aplausos, caldeó la paciencia del patio de butacas deseosa de escuchar los himnos de su juventud. "¡Santa Lucía!, ¡Al-Andalus!".


Miguel Ríos, que en su veteranía sabrá más por viejo que por diablo, empatizó con las demandas del público y pedía cautela, "cuando uno saca un disco nuevo hay que meter las canciones como sea, pero tranquilos que os daremos gusto del bueno. En un concierto en Granada me llegaron a gritar: ¡Miguel, tócate una 'bonica' que nos sepamos todos!". Esta anécdota divirtió a un respetable que lanzó algún chascarrillo al aire parafraseando al propio cantante "¡Tócate una 'bonica' qué nos sepamos todos!".


Ni el equipo de sonido silencia la voz de Miguel Ríos

En una noche en la que todo engranaje estaba bien conectado: público, cantante, banda, anhelos... fue menester desconectar el sistema de sonido por problemas en la recepción del audio en los monitores de los artistas. Si bien es cierto, que en primera instancia Miguel Ríos y The Black Betty Trio intentaron capear el temporal con estoicidad, se vieron obligados a detener el concierto durante unos minutos al objeto de reiniciar todo el sistema para reparar todas las incidencias técnicas. "Que te pase esto cuando tienes veinte años tiene un pase, pero con 77..." comentaba el cantante notablemente molesto con su equipo técnico.


A la vuelta del receso, y una vez reajustados los balances y mezclas, Miguel Ríos volvió a lo suyo y el público a lo nuestro y pelillos a la mar, que entramos en el 'Año 2000'.


Antes de dar paso a los himnos que todo el mundo esperaba con avidez, el artista granadino tuvo momentos para la reivindicación social, denunciando la trata de blancas, la violencia de género, la lucha de la mujer a lo largo del tiempo y la actual guerra en Ucrania. Momentos íntimos que sirvieron para que el cantante obsequiase al público con la nana 'No estás sola' dedicada a su hija Lúa Ríos y los poemas musicados 'Para que yo me llame Ángel González' y 'Oración' de los poetas Ángel González y Luis García Montero, cantada 'a capella' y  todo a pulmón.




El Bumerán de toda una generación

La cuadratura del círculo que resumía el concepto del 'pasar de los años' la pusieron dos blues: El de 'la tercera edad' y el del 'Autobús'. Con este nuevo tema, confrontado con uno de sus grandes éxitos, Miguel Ríos reconocía a toda una generación formada por él mismo y sus coetáneos, bajo un mensaje de aceptación orgullosa y nostálgica de lo vivido. 


No fue el grito '¡Banzai!' lo que inflamó los corazones de los viejos rockeros que nunca mueren, sino 'Rocanrol Bumerang' que cumpliendo lo que promete, siempre vuelve para descargar su energía y dar a la gente fuerza para vacilar en el platea del Auditorio a ritmo de Rock & Roll clásico de tupé y cazadora, cerrando de esta manera el recital, frente a la mirada de un público volcado que no entendía cómo podía finalizar un concierto de Miguel Ríos sin Santa Lucía.


Dame una cita en el río hasta su cadencia final

La banda abandonó el escenario dejando tras de sí una estela de incesantes aplausos y ovaciones que se postergaron algunos minutos. Ya no había necesidad de alargar el sufrimiento y durante los bises Miguel Ríos llevó a su público a la catarsis. Tan solo tres temas, pero !qué temas! Las deslizadas notas del Steel Guitar se colaban entre la armonía de los acordes para intuir una melodía familiar que cogía forma poco a poco, ¡hasta que de pronto, y al final del bosque musical de The Black Betty Trio, apareció 'El Río' en el que aquel día nos fuimos a bañar!


Después de la refrescante balada, apareció la santa a la que todos estuvieron esperando. Los devotos de Lucía cantaron aquella historia de amor que arrancaba por su principio. "Dame una cita, vamos al parque".


Si el inicio del espectáculo fue un cordial saludo, la despedida fue un llamamiento fraternidad que envuelve a todos los hombres y mujeres. El 'Himno de la Alegría' levantó de sus asientos a un público que entrelazado por las manos coreaba la melodía de Ludwig van Beethoven hasta su cadencia final y perfecta.



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