Arboleas

El brillo eterno de Mirella y del ‘lapis specularis’

Una galería de la mina romana que abrirá al público en Arboleas llevará su nombre

Durante una visita a las minas de Arboleas.
Durante una visita a las minas de Arboleas.
Santos Agüera Pedrosa
11:43 • 20 ene. 2022 / actualizado a las 11:54 • 20 ene. 2022

Hace más de cinco años, Mirella Granados, una gran luchadora y una política que te hacía volver a creer en la política, me invitó a ver las minas de lapis specularis de su municipio. Al ver el yacimiento y su labor mi sorpresa fue mayúscula, pues estamos demasiado acostumbrados al abandono de todo legado histórico por parte de los almanzoríes y sus administraciones, desde los yacimientos nazaríes al Palacio del Almanzora. 



Al llegar al yacimiento, situado entre los mantos de esparto que cubren las lomas de Arboleas, viajamos en el tiempo unos dos mil años atrás para adentrarnos en una mina, pues los romanos comenzaron todo un sistema para explotar el lapis specularis. Este mineral es denominado selenita, un tipo de yeso translúcido, es decir, permite pasar la luz y funcionaría como el cristal de nuestras ventanas. En esto reside la gran importancia que tenía este mineral en el Imperio romano, pues sería demandado para cerrar vanos, como aislamiento o como ornamento. 



Una vez dentro de la mina, el arqueólogo Juan Carlos Guisado nos expuso su funcionamiento. No se me pasó por alto en su explicación que el gran problema que tenían estos romanos era la iluminación y para paliar la problemática realizaron pequeñas oquedades en las paredes para colocar pequeñas lucernas (lámparas de aceite). La imagen de la labor debería de ser impactante, debemos de imaginar que la luz de las lucernas chocaría o entraría en el lapis specularis creando un efecto de luces impresionante: miles de reflejos y juegos brillantes al compás del ruido de los picos. Ni siquiera Tolkien pudo imaginar para las minas de sus enanos algo tan bello.



Estos mineros han estado ausentes durante dos milenios, condenados al silencio y sepultados por el olvido. Muchos serían condenados ad metalla (obligados a trabajar en la mina) y, como nos cuenta el escritor Diodoro (V-38), morirían por los excesivos padecimientos. No obstante, las últimas investigaciones apuntan a que la mano de obra de estas minas no era realizada mayoritariamente por mano de obra esclava sino por trabajadores, aún así las condiciones eran duras. Plinio (XXXIII-72) nos habla de que utilizaban unos martillos de hierro de unas 150 libras para romper los duros sílices. 



Una vez extraído el material, en la bocamina, comenzaba su proceso de preparación. Realizado por manos expertas, se colocaba el material en bancadas o en artefactos de madera y se extirpaban las trazas de menos calidad del lapis specularis. Con una sierra se cortaba el material, en diversas formas dependiendo de los cánones o la utilización para la que sería encomendado. Después, se colocaría en carros tirados por bueyes para que partiesen hacia la ciudad de Baria (Villaricos) y se comercializase por todo el Impero romano. No lo podemos saber, pero quizás la luz de la que se servía el gran Séneca para escribir traspasaba por el lapis specularis que se extrajo en Arboleas. 



La mina abrirá pronto al público, gracias a la iniciativa de su alcalde, Cristóbal García, de su concejala, Mirella Granados, y a la labor arqueológica de Juan Carlos Guisado. Ellos han hecho que estos mineros romanos salgan del olvido y sepamos más del mundo de hace dos mil años, ellos nos han hecho imaginar y viajar en el tiempo. Mirella no podrá ver la mina acabada. La inauguración del yacimiento no contará con su sonrisa, pero su recuerdo será eterno como el de los mineros de lapis specularis. Juan Carlos me contó que una de las galerías de las minas llevará su nombre. Más que merecido homenaje, pues su bondad impregnará la mina como el reflejo de la luz que emana de las lucernas y crea esa belleza al chocar con el lapis specularis. El brillo de Mirella será eterno. 





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