Cuevas del Almanzora

El Lugarico: Cita veraniega en Villaricos

Tadeo Martínez ha sido premiado a lo largo del tiempo por su fidelísima clientela

Imagen de Villaricos.
Imagen de Villaricos. La Voz
La Voz
07:00 • 14 ago. 2021

Tadeo Martínez ha sido premiado a lo largo del tiempo por su fidelísima clientela al concedérsele espontáneamente a su restaurante de Villaricos el título de Don, reservado en otros tiempos a los bachilleres y que Miguel de Cervantes concedió a Sansón Carrasco y negó al Licenciado Vidriera. Junto con Judas Tadeo el patronímico es signo de excelencia y está en el reino de la gastronomía -y de los cielos- merced al mejor arroz caldoso con bogavante del mundo (Fausto Romero-Miura dixit), que como diría un castizo demodé está que quita el sentido.



Mediado el mes de agosto se celebra en Don Tadeo un almuerzo incondicional convocado por un almeriense en ejercicio, el doctor José Manuel Gómez-Angulo Giner, prestigioso cirujano cardiovascular, jefe de servicio en el Hospital Chio de Málaga y heredero de una dinastía de médicos, con su abuelo Manuel Gómez Campana a la cabeza,  citado por Pedro Antonio de Alarcón, y su padre el inolvidable galeno del mismo nombre, toda una personalidad que derrochaba empatía y repartía afectos en forma de abrazos desde que despuntaba el día. Pues este José Manuel de ahora, nacido para hacer amigos, va calentando la cita anual por el grupo de 'wasap' desde meses antes para que nadie se olvide de anotarlo en su agenda por muy veraniega que sea.



Se trata de una reunión de varia condición ideológica y profesional en la que encontramos médicos como Arráez,  Artero y Álvaro;  periodistas del fuste de Georgina Higueras, Pedro Manuel de la Cruz, Diego Armario, Juan Espejo, Carlos Santos, Francis Romacho, Martínez Soler y otros plumillas voluntarios, sin que se nos olvide mencionar a la clase política con Rodrigo Sánchez Haro, Diego Asensio, Martín Soler, Javier Torres Vela, Jesús Caicedo y el actual Alcalde de Cuevas, junto al diplomático Chencho Arias, ex embajador ante la ONU. Nunca falta el registrador de la propiedad Javier Brea, cuyo coche automático aparca solo, ni los empresarios Miguel Giménez, Gabriel Oyonarte y el hispano-británico Fraser Prynne, que cumple cuarenta gozosos años en España. Ni el vicerrector de la Politécnica de Madrid, Manuel López Quero, ni tampoco Juan Luis López-Ortega, José Luis Aguilar, Martínez de Haro. Seguro que se me olvida alguno. Perdón. 



Herederos como somos de lo que queda de un cierto espíritu ácrata del Mediterráneo sería de ver por parte del lector el nivel de complacencia y de acuerdo entre tirios y troyanos, republicanos y monárquicos, progresistas y conservadores, pastoreados por el doctor Gómez-Angulo que otro gallo nos cantaría si no hubiera dejado la política. Si don Luis Siret viviera acaso nos contaría que ya Escipión el Africano degustaba este arroz exquisito en el asedio de Baria durante la Segunda Guerra Púnica. Pero aparte imaginaciones, y aun dando por hecho que el bogavante es más propio del Atlántico, convengamos que Tadeo es un maestro singular que lo mismo te lo hace con gamba roja de Garrucha que con otras especies de la rica fauna del mar de Alborán.



Pocas reuniones de tan profundo espíritu liberal o libérrimo se dan en el verano andaluz, por lo que quiero dejar constancia en mi Lugarico de su ya tradicional convocatoria a la que no se puede faltar –no hay excusas que valgan- aunque ese día los periodistas tuviéramos que estar de guardia esperando la exclusiva imposible de la boda del Papa. O no.



Placeres no catalogados: que Georgina Higueras te diga en chino cómo se pide el arroz con bogavante en Beijing o que Francis Romacho cuente cómo a Happy Ending se le ocurrió la simplísima genialidad del nuevo logo de la Junta de Andalucía. Incluso que Fraser nos emocione por sus cuarenta años vividos con nosotros. Y suma y sigue. Porque allí también se sienta el vivo retrato de José María Artero, hoy renacido en la biblioteca municipal de su nombre, y tantos otros sucesores de buenas gentes de Almería, como una galería rescatada del tiempo amarillo. Es como estar almorzando en el comedor de la casa común de nuestras queridas costumbres, más o menos en la calle Regocijos. O por ahí.



Lo que caracteriza a la reunión agosteña de Don Tadeo es ese cierto signo ácrata, amigos en libertad no sometidos a disciplina alguna, capaces de poner a caer de un burro a Pablo Casado y a Pedro Sánchez en presencia de algunos de sus conmilitones. De ahí que no prospere ningún intento de colegiación o de politiqueo, pese a que la mayoría de sus comensales son gente de eso que se ha dado en llamar influencer. Dios nos libre de las malas compañías.



Al levantar acta de cita tan sabrosa no dejaré fuera a los que no podemos asistir este próximo lunes. Pero con la intención basta, como nos decía el cura cuando de niños no podíamos ir a misa y se nos recomendaba estar en espíritu. Pues eso.


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