La autovía que cruzará el Almanzora 30 años después

La autovía del Almanzora es un paradigma de lo mejor y lo peor de la política y la sociedad

Manifestación celebrada en el año 2013.
Manifestación celebrada en el año 2013. La Voz

La autovía que cruzará la comarca del Almanzora entrará en servicio en 1991. Esa es la fecha. Y no, no hay ninguna errata ni un baile de cifras. Ese fue el primer titular que, un viernes 13 de diciembre de 1985 y en este mismo periódico, ponía fecha de finalización a la autovía del Almanzora.

El ‘detalle’ escapa a pocos. El próximo mes de diciembre habrán pasado 30 años desde aquella fecha y no; no se celebrará el treinta aniversario de su finalización. Lo que quizás se celebre más pronto que tarde según las noticias conocidas en las últimas horas es la finalización (ahora sí, de verdad) de todos los tramos de la fase que conectarán esta autovía con la del Mediterráneo (A7).

Lo cierto es que desde hace más de dos años las obras avanzan sin descanso e incluso la fecha de finalización se ha adelantado. Algo casi inaudito cuando se habla de proyectos de esta envergadura y -sobre todo- de promesas que nacen de las cuerdas vocales de un político.


Primer escollo
Pero esta vez sí. Salvo cataclismo, que la primera fase de la autovía del Almanzora sea una realidad es cuestión de meses. Y llegará entonces la hora de repasar el historial de una infraestructura con más paralizaciones que curvas en su trazado.

De hecho, esto no tardó en suceder. En mayo de 1988, tres años después del titular que da comienzo a este artículo, vino el primer jarro de agua fría para los habitantes de la comarca que son los únicos, por cierto, que nunca se han olvidado de su prometida autovía y que nunca se han cansado de exigirla.

“El Ministerio de Obras Públicas cambia la autovía del Almanzora por las de Los Vélez y la Adra-Murcia”. Otra cosa no, pero en este caso no se podía contemplar falta de transparencia en las intenciones del Gobierno central ni de los representantes almerienses.

“Las negociaciones de José Antonio Amate, Tomás Azorin y el gobernador civil, Ramón Lara con el ministro de Obras Públicas, Javier Saenz y su homónimo en la Junta, Jaime Montaner, han fructificado en el compromiso de construir la autovía Huércal-Overa-Adra”. Era la primera pala de tierra que se dejaba caer sobre la autovía del Almanzora, que podía darse por enterrada. Pero mientras que unos cavaban, otros retiraban la tierra. Pocas semanas después de la anterior información, el PCE del Almanzora reivindicaba mediante Juan Alfonso Fernández su construcción mediante una plataforma.

Después se sumaron partidos y asociaciones, como la Asociación del Mármol de Andalucía (AEMA) que nunca se ha olvidado de una autovía que para ellos era algo más que una infraestructura de lujo. Era todo un salvavidas (o salva empleos) para el sector.




A pesar de todo, la autovía desapareció incluso de esas promesas políticas, aunque no de la memoria del Almanzora. Fue en marzo de 2002 cuando un titular anunció que “el PSOE pide a la Junta que haga la autovía del Almanzora”. Palabras que esconden mucho más que ese anuncio. Supuso una constante en la relación entre el Gobierno de la Junta, entonces socialista, y sus dirigentes y alcaldes en la provincia. Un gobierno autonómico que, cuanto menos, no entendió la injusticia histórica que inundaba el caso (la autovía llegó como promesa tras la eliminación de la línea de ferrocarril) ni la urgencia de sus empresas y vecinos.


Dificultades
Las paralizaciones reiteradas una vez comenzó su construcción en 2005 así lo constatan. Las meteduras de pata y los problemas tenían su origen a casi 500 kilómetros, pero aquí eran otros los que tenían que dar la cara. Y la dieron hasta que desgastársela. Tanto es así que alcaldes y concejales de todo signo político participaron en una manifestación por esta autovía en 2013. El último acto reivindicativo de este tipo que ha vivido el Almanzora.




El resto es historia reciente. Las obras se retomaron en 2019 bajo el nuevo gobierno de PP y Ciudadanos, que ‘sólo’ tuvo que cumplir con lo prometido hace 30 años para poner su sello a la autovía, construyendo los alrededor de siete kilómetros restantes. Repitámoslo. Siete kilómetros restantes. Siete míseros kilómetros (pese a las obvias complejidades de su construcción) que denotan la falta de agilidad del anterior gobierno y un tino incontestable de los nuevos responsables. Al fin y al cabo, absolutamente todos los vecinos pasean o pasearán con su coche por esta vía.


O casi todos, porque no todo se tiñe color de rosa para los actuales gestores. El tramo que se acaba de adjudicar culminará la conexión de la autovía desde Fines con la A7 pero nada se sabe de la segunda fase, que está llamada a partir del mismo tramo de Fines y conectarla con la A-92 en Baza pasando por Olula del Río, Tíjola o Serón. 


Mantendremos la esperanza de que lo sucedido con la que se conoció como ‘la autovía de nunca acabar’ sirva de aprendizaje para  no tener que repetir aquello del tango, de que veinte años -o treinta- no son nada.

 

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