Roquetas de Mar

Discos BPM de Aguadulce echa el cierre para siempre

Un lugar de culto para aficionados a la música desde hace 30 años con Paco Salvador al frente

francisco Salvador, en su último día en Discos BPM.
francisco Salvador, en su último día en Discos BPM.

Varado en el mar de hormigón de Aguadulce, sobrevivía hasta ayer mismo un galeón forrado de carátulas legendarias, de pósters con bandas rebeldes apretando los dientes sobre un escenario, de retratos de cartón de Bruce Springsteen con su guitarra o de Bowie con sus ojos azules o de David Bisbal con sus rizos de la época prechenoa. 


Acaba de cerrar sus puertas una de las últimas tiendas de música de la provincia, Discos BPM, en la Avenida Carlos III, después de treinta años ininterrumpidos despachando vinilos, cintas de cassette y cds, como herederos de los discos de pizarra de 'La voz de su amo' de nuestros abuelos y como material arqueológico ya ante la irrupción universal de Spotify o Youtube.


Se ha ido con sigilo BPM, tal como abrió, como un lugar de culto en la Aguadulce de 1990, cuando la única competencia que tenía entonces eran los boletines del Discoplay. Y detrás del mostrador ha estado siempre Paco Salvador,como una figura de cera, un pinchadiscos reconvertido en prescriptor de silencios y sonidos. Ha ido envejeciendo Paco en este tiempo, hasta cumplir los 65 reglamentarios para irse a descansar, al igual que han ido envejeciendo sus clientes, que eran jóvenes cuando compraban los discos de Radio Futura o de Loquillo y que han terminado comprando música por puro coleccionismo fetichista.


 Ha visto pasar, Paco, en su garito, la pasión por el flamenco de los extranjeros, los tiempos del rock duro, del jazz, del soul; ha visto pasar casi todo, Paco, por ese tabernáculo, gente que se dejaba el sueldo y las horas revisando Lps, con los ojos brillando de emoción, punteando con los pies sus temas favoritos.


Toda una vida dedicada a la música la de Paco: primero como aprendiz de Andrés el de Río Preto en Almería, al lado de la casa donde nació en la Rambla Alfareros. Y después como disc jokey de la discoteca Lido, en Alvarez de Castro, que regentaba Pepe el de Rágol. Después puso proa a Aguadulce y allí siguió pinchando música en el Oassis, al lado de los Cines Chaplin, hasta que se cansó de noches y madrugadas y abrió la tienda, esa tienda que ahora acaba de cerrar después de media vida. O una vida entera.



Fueron años buenos los noventa para Paco, cuando aún estaban en boga las discotecas. “Venían de Campohermoso o de Fiñana o de cualquier sitio a comprar música al por mayor, maxisingles que yo tenía, ideales para pinchadiscos. También vendíamos posters y camisetas y éramos puntos de venta de conciertos, como los que organizaba, por ejemplo, Sebastián Clarés”. 


Y añade a continuación, aún con la emoción por el cierre de ese local que ya es historia “he vendido mucho U2, mucho Queen, mucho Bon Jovi, pero como Bisbal en la época de Operación Triunfo no ha habido nada igual, había cola de gente en la puerta cada vez que sacaba nuevo disco. Ayer no había nadie para despedir a BPM y a Paco, quien por última vez bajó la persiana al final de la tarde como ha venido haciendo los últimos treinta años. 


 

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