Mojácar

Arranca la escuela de verano con menos alumnos y más medidas de seguridad

Abrirá sus puertas desde el 1 de julio hasta el 27 de agosto para hijos de padres que trabajen

Los alumnos de la escuela formando un enorme indalo humano en un curso anterior.
Los alumnos de la escuela formando un enorme indalo humano en un curso anterior. La Voz

Han comenzado en Mojácar las actividades de la escuela de verano, que este año se adapta a los requisitos y normas de seguridad que exige la crisis sanitaria y la situación extraordinaria provocada por la COVID-19.


La escuela de verano de Mojácar abre sus puertas desde el 1 de julio hasta el 27 de agosto solo para los niños de Mojácar cuyos padres trabajen de forma presencial y necesiten ayuda para atender a sus hijos en horario laboral.


Raquel Belmonte, concejala de Cultura y miembro del equipo de Gobierno en el Consistorio, Junto a su alcaldesa, Rosa María Cano, han manifestado la necesidad de la apertura de estas clases, aunque de forma muy reducida, como apoyo a la conciliación familiar y laboral de sus vecinos, que atraviesan momentos difíciles a causa de la pandemia y el confinamiento.



En unas circunstancias en que la situación económica es complicada y poder mantener el trabajo es muy importante, el Ayuntamiento de Mojácar "hace un esfuerzo para mantener este servicio estival pese a que ello suponga el refuerzo de limpieza, desinfección y medidas de protección, así como de personal", trasladaron desde el Consistorio.


El número de alumnos ha disminuido considerablemente en relación a años anteriores, pasando de una media de entre 150 a 200, a los 20 alumnos matriculados este año, los cuales si bien no podrán utilizar muchas de sus instalaciones favoritas como la piscina, encontrarán en otros juegos y actividades una alternativa adecuada a las medidas restrictivas obligatorias.


Además del apoyo a los padres trabajadores, los objetivos de cara a los jóvenes siguen siendo los mismos: ofrecer alternativas al tiempo libre en el periodo veraniego, potenciar y promover actividades compatibles con la seguridad y que al mismo tiempo supongan un desarrollo educativo, inculcando valores saludables dentro de la nueva convivencia.


“Siempre emociona ver el entusiasmo y la energía con que los niños emprenden nuevos retos”, comenta Raquel Belmonte. “A este año, tenemos que sumarle la emoción de reencontrarse con compañeros que no se han visto en mucho tiempo y la responsabilidad de mostrarles y enseñarles que han de relacionarse de otra manera, no por ello menos intensa ni divertida pero sí segura para todos”.

 

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