“El cielo de Almería es el mejor de Europa pero lo estamos estropeando”

El astrofísico David Galadí advierte sobre el “tsunami” de luces LED y la falta de normativa

Luz que refleja la ciudad de Almería, vista desde Calar Alto.
Luz que refleja la ciudad de Almería, vista desde Calar Alto. La Voz

¿Imagina tener uno de los mayores tesoros de Europa guardado en un armario, sin que prácticamente nadie conozca lo que esconde? Es lo que sucede con un espectáculo incomparable y que cada día pueden contemplar los almerienses: su cielo nocturno.


La noche almeriense es todo un espectáculo natural y, según los expertos, nos ofrece cada día el mejor cielo de Europa continental. Sin embargo, no sólo escasean los almerienses que conocen este patrimonio sino que, cada vez, es más difícil observarlo por la iluminación incontrolada que avanza imparable con la ayuda de un gran vacío normativo.


El astrofísico David Galadí lleva años concienciando acerca de las bondades (tanto científicas como turísticas o incluso educativas) que acompañan a un cielo de estas características como el que permite que cada noche brillen miles de estrellas sobre la Sierra de los Filabres, donde se encuentra el Observatorio de Calar Alto en el que trabaja este científico de origen cordobés.

Desde la llegada de Galadí a las vanguardistas instalaciones, éste ha dedicado buena parte de su trabajo y mucho de su tiempo libre a estudiar las características de la contaminación lumínica, cómo luchar contra ella mediante normativas y concienciando a la población pero los avances son escasos.


¿Corremos el peligro de perder ese patrimonio? Galadí aclara que no, porque al contrario que un bosque o una pintura rupestre, el cielo siempre estará ahí, pero la calidad con la que podemos observarlo (y de paso, sacarle partido) es cada vez peor. “Es muy distinto a lo que pasa en el Mar Menor o en Doñana, que cuando la naturaleza viva se degrada es difícil recuperarla. Pero cuando la naturaleza paisajística de la noche se pierde es muy fácil recuperarla volviendo a un alumbrado sostenible y razonable. En Almería tenemos el mejor cielo de Europa, lo que pasa es que lo estamos estropeando poco a poco”.


Para llevar a cabo la recuperación de la que habla el científico es imprescindible que tanto las administraciones públicas como la sociedad tomen conciencia sobre una tecnología que se ha instaurado como la panacea en cuanto al ahorro energético y la iluminación pero que, mal utilizada, puede ser el mayor enemigo de nuestro cielo: el LED.

“El tsunami de la luz blanca y de los LED está destrozando el cielo en todo el mundo por cómo se está instalando”. ¿Es entonces inadecuado el uso del LED al contrario de la creencia general? “La cuestión no es LED sí o no”, advierte. “Se están instalando alumbrados nocturnos más intensos y más blancos. Es paradójico porque tanto el LED blanco como el dorado permiten producir más luz con menos coste pero en lugar de aprovecharlo para ahorrar, se está aprovechando para gastar lo mismo o más y producir mucha más luz”.


La solución es tan sencilla como usar los tonos cálidos que han caracterizado a los pueblos del sur de Europa y que también se pueden utilizar con LED. “Deberíamos tender a dejar la misma luz e incluso alguna menos y mantener el tono dorado tradicional del que hemos disfrutado en las últimas décadas. Vamos en la dirección equivocada”, afirma.


Por si las razones esgrimidas hasta ahora para cuidar de nuestro cielo no fueran suficientes, David Galadí se remonta a la prehistoria. “El ser humano, desde que empezó a vivir en cuevas, se acompañaba de noche de luz artificial. Pero el fuego tiene un tono cálido y es al que nuestra biología y nuestra mente está adaptada de origen. La luz blanca es la más perjudicial para el firmamento, para la vida nocturna -la flora y la fauna- e incluso para  la propia salud humana”.


Para atajar la contaminación, el astrofísico alude constantemente a dos objetivos imprescindibles: la concienciación social y una normativa tan exigente como la calidad de nuestro cielo.


Sobre la primera de las prioridades, Galadí cree que “la población debe ser consciente de que algo menos de luz, mejor orientada y con tonos más cálidos beneficia a su salud, al medioambiente, al turismo, a la ciencia…”. En definitiva, se trata de hacer de nuestro cielo “una marca de la casa” más, como ya lo son “los cultivos bajo plástico, las playas de Cabo de Gata… que están muy bien, pero debemos añadirle la calidad del firmamento por motivos culturales, científicos e incluso turísticos”.


LED blancos como ‘champiñones’

David Galadí.
David Galadí.La Voz

Para el astrofísico David Galadí, la norma en la que trabajaba el anterior gobierno andaluz es una ley que evitaría lo que está ocurriendo día sí y día también en nuestros pueblos; que un ayuntamiento “pueda instalar cualquier tipo de alumbrado como le apetezca”. Mientras la administración mira hacia otro lado, los LED blancos crecen como champiñones en nuestras calles ocultando poco a poco las estrellas de un cielo privilegiado por el que Galadí seguirá luchando a diario.



Tanto o más difícil que lograr lo anterior está resultando la puesta en marcha de una normativa autonómica, si bien es cierto que, hasta hace bien poco, una ley en cuya elaboración colaboró activamente el astrofísico cordobés estaba a punto de ver la luz. “Está detenido desde las últimas elecciones andaluzas y el cambio de gobierno”, puntualiza antes de añadir que pese a que no ha recibido “mucha información” sobre este frenazo “queremos atribuirlo al cambio de gobierno y a que los responsables nuevos del departamento con competencias en medioambiente están poniéndose al día”, comenta David Galadí.


El reglamento sobre contaminación lumínica que preparaba el anterior gobierno andaluz es toda una novedad “a nivel español y europeo” dentro de la ley de la calidad ambiental y que obtuvo el consenso de todos los participantes como ayuntamientos, ingenieros... “Es una normativa innovadora que cualquier político que la promulgue le supone el beneficio político de poder lucir algo nuevo, vanguardista e innovador con muy poco contenido político y muy poca polémica”, asevera David Galadí en alusión a algunos aspectos que, a veces, pesan más sobre los representantes políticos que los criterios objetivos.

 

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