Benizalón

La persistente lluvia no pudo con la romería al Cerro de Monteagud

Las obras están muy avanzadas y se confía en que estén ya finalizadas para la primavera

La persistente lluvia no pudo con la romería al Cerro de Monteagud
  • El Rector del Santuario, Manuel Pozo, ofició la mayoría de misas. Foto: J.L. Laynez
  • La Voz
  • José Luis Laynez
  • 10.09.2018

Nunca llueve a gusto de todos. En la Sierra de los Filabres rezan a diario para que el cielo sea generoso con ellos y sus cultivos. Años ha habido en los que los 14 pueblos se han surtido de agua que les traían en camiones cisternas. Pero el segundo fin de semana de septiembre los rezos se interrumpen. Y, mira por dónde, estos tres días ha llovido más que en el resto del año.


El caso es que nadie lo diría la tarde del viernes, en que comienzan ya las misas a las 6 de la tarde, tarde deliciosa, soleada, cálida, aunque evidentemente, al caer la noche, la temperatura descendió hasta los 12ºC. La gente se animó y comenzó a subir al Cerro de Monteagud a visitar a la Virgen de la Cabeza y el cerro se llenó de peregrinos. Las misas fueron multitudinarias. Las hubo a las 6, 8, 10 y 12 horas, todas ya en el interior de la aún inacabada iglesia del Santuario.


El santuario, ¡ah, el santuario! Por poco no se ha acabado para esta Romería 2018. Las obras han dado un gran avance, para satisfacción de todos.

Nuevo Santuario

El rector, Manuel Pozo, nos confirmaba que para la próxima primavera las obras deben estar definitivamente finalizadas. “El Obispado así me lo ha comunicado. Ciertamente, todo esto hay que pagarlo y, a pesar de la ayuda económica de la Diputación Provincial, Ayuntamiento de Benizalón y Hermandad de la Virgen de la Cabeza, sería muy de agradecer que los devotos de la Virgen aportaran su donativo para acabar lo antes posible”.


Será el tercer santuario que habrá en el Cerro, tras el primitivo del siglo XVI, el que se construyó en 1959 y el que ya está casi finalizado. La Virgen presidía las misas en la parte derecha del Altar Mayor, ya que las escaleras que suben al camerino aún no tienen colocada la baranda y se ha preferido bajarla para evitar sobresaltos.


El Rector y otros sacerdotes que peregrinaban con grupos parroquiales oficiaban las misas. Las colas para depositar flores y donativos al pie de la Virgen eran inacabables. Unas nuevas estructuras metálicas servían para depositar los ramos florales. Al acabar la Eucaristía, al pebetero a echar centenares de velas, que levantan una humareda que se ve en todos los Filabres. Y la noticia ya comunicada: el domingo no hubo procesión. La lluvia y las obras fueron las culpables.

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