La provincia de Almería y sus cinco grandes humedales

Son muchas las especies que se pueden contemplar en estos ecosistemas hídricos

El agua es el elemento común de estos cinco humedales, pero también lo que los diferencia
El agua es el elemento común de estos cinco humedales, pero también lo que los diferencia La Voz

Cinco son los grandes humedales que a vista de astronauta resaltan como islas en el mar de plástico. Ecosistemas que sobreviven, a duras penas, a la eterna lucha entre hombre y naturaleza, entre medio ambiente y sociedad: Las Albuferas de Adra, los charcones de Entinas en Almerimar, la Cañada de las Norias, las viejas salinas de Cerrillos y la Ribera de la Algaida en Roquetas de Mar. 


Una de las pocas verdades absolutas que el ser humano tiene asumidas es que el agua es fuente de vida, y los humedales son un claro ejemplo. Alrededor del agua, la vida se regenera continuamente y estos enclaves nos han ofrecido, a lo largo de la historia, una gran variedad de recursos sostenibles que nos han permitido sobrevivir: sal, materiales de construcción como cañas, eneas, juncos, barros, sosa alacranera para elaborar jabón, la caza de liebres, de aves, para la alimentación, y un largo etcétera que nos sorprendería.

 

Sin embargo, en la época en la que vivimos, la de lo sintético, los beneficios que nos ofrecen no podemos verlos, tocarlos, y eso nos lleva a destacar de ellos lo que interfiere en nuestro bienestar. Son reguladores de las temperaturas, protectores naturales de las costas, sumideros de carbono, controladores de las crecidas, islas de biodiversidad para la conservación de especies, y sirven de refugio, descanso y alimentación de especies migratorias que llevan miles de años recorriendo el planeta.



Si los estudiamos de forma individual veremos que cada uno se formó en condiciones y épocas diferentes. Las Albuferas de Adra son el delta, la desembocadura, del antiguo cauce del Río Adra. La Cañada de las Norias se formó recientemente, a raíz de las extracciones de arena para los invernaderos, lo que permitió aflorar el agua de los acuíferos. El resto son charcas costeras que se secaban cada verano, salvo las Salinas de Cerrillos, que las preparamos para producir sal.


Diferencias

El agua es el elemento que tienen en común, pero a su vez también el que los diferencia y hace únicos. Su origen, la salinidad, la profundidad, si se secan o no en verano, va a determinar la riqueza de especies, la biodiversidad que encontremos en cada uno de ellos. Dependiendo de la época que se visiten podremos ver unas especies u otras, y disfrutar de la belleza que nos ofrecen las diferentes estaciones del año. 


En una sola e intensa jornada podemos hacer un recorrido por todos ellos, pero es recomendable no ir con prisas para tener la ocasión de observar, entre otras muchas especies, aves, algunas en peligro de extinción y que gracias a estos humedales sobreviven, como la malvasía cabeciblanca, la cerceta pardilla, la gaviota picofina, el fartet -un pequeño pez de cuatro centímetros que solo podemos ver en toda Andalucía en la cuenca del Río Adra- o el galápago leproso, que saca su cabecita a respirar en algunos de los humedales citados.


Las diferentes figuras de protección con las que están catalogados nos vienen a indicar su gran importancia y los esfuerzos que debemos hacer entre todos para conservarlos. Tenemos que aprender a mirar lo que nos rodea, a volver a conectar con la naturaleza, a comprender sus ciclos e intentar reducir los impactos que generan nuestros actuales modelos económicos. Nos corresponde recuperar el equilibrio que nunca debimos perder. De nosotros y del cuidado que hagamos de nuestros humedales depende que los flamencos sigan volviendo cada verano a buscar el alimento y el descanso que necesitan en sus largos viajes.


 

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