Desaladoras: una industria con (obligado) futuro

Estas instalaciones se imponen como algo más que el complemento que suponen para la agricultura

Las instalaciones de Balerma dedican un 25% de su producción al regadío.
Las instalaciones de Balerma dedican un 25% de su producción al regadío. La Voz

Que Almería es una provincia muy seca se sabe desde que el mundo es mundo. Pero que existe una notable carencia de agua apenas es percibido por parte de una sociedad acostumbrada a abrir el grifo y ver salir el maná con abundancia. Mientras en otras partes de España los cortes de agua son habituales, en nuestra provincia el abastecimiento está garantizado por los pozos y manantiales, por los trasvases y, en los últimos años, por las desaladoras. Una industria que, si bien supone un precio más alto para los usuarios que el agua procedente de otros recursos, se impone como el futuro ante las previsibles y preocupantes consecuencias del cambio climático. En el campo de Níjar es, hoy por hoy, fundamental, como complemento hídrico.


Con más de 30 mil hectáreas de superficie de invernaderos, la provincia de Almería resulta determinante para que España, con 70 mil hectáreas bajo plástico, sea el segundo país del mundo en este ranking, liderado por China, con 82 mil hectáreas. Se trata de un dato relevante por lo que significa en la optimización del agua ante las dificultades que se avistan en un horizonte de escasez. Aquí es donde entran en juego las desaladoras.


Almería, a la vanguardia mundial en la agricultura intensiva bajo plástico en climas cálidos, se adelantó en su día con la creación de varias desaladoras que surten de agua filtrada del mar. Contamos con los centros de Balerma, Carboneras y El Bobar (Almería capital), mientras que la desaladora de Rambla Morales, también en el término municipal de Almería, se encuentra en desuso a falta de que Aqualia la ponga en funcionamiento tras haberla adquirido este mismo mes de marzo. La filial de FCC, en manos del mexicano Carlos Slim, piensa invertir 60 millones de euros para recuperar esta instalación que en el año 2009 fue comprada por un fondo de inversión internacional. Por otra parte, la desaladora de Villaricos permanece cerrada, después de que una riada en 2012 interrumpiera su funcionamiento, situación que los agricultores de la comarca lamentan ante la carencia de agua debido a los cortes del trasvase del Negratín.


Sin embargo, el principal obstáculo al que se enfrentan los agricultores para adquirir el agua de estas instalaciones es su elevado precio. La Mesa del Agua, constituida en Asempal, reivindicaba hace unos meses el cumplimiento de la Ley 1/2018, que fija en 0,30 euros/m3, y que se actúe del mismo modo que en regiones como Murcia o Canarias.




 

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