“Si no tienes principio de úlcera cada campaña, jamás serás un buen agricultor”

Entrevista a José Martínez Portero, presidente de Unica Group

José Martínez Portero, en Retamar.
José Martínez Portero, en Retamar. La Voz


José Martínez Portero (Abrucena, 1958) preside Unica Group, el mayor exportador de hortalizas de la provincia, que agrupa a 15 cooperativas de Almería, Granada, Cádiz y Murcia. Es uno de los grandes valedores de la concentración de la oferta, aunque “aún queda por hacer”. Para ello sigue trabajando muchas horas, como hace “desde que era un zagal”.

Aunque asegura que es muy estricto al exigir el cumplimiento de las normas en su empresa, que considera fundamentales en la actualidad, Pepe -como prefiere que le llamemos-, se ve buena gente a la legua. Se declara “felizmente casado,  afortunado hijo,  padre de tres hijos y abuelo de cinco nietos”.  Llega de su cortijo en Abrucena, su patria chica, a la que le gustaría volver cuando se jubile. Sin embargo, sospecha que su mujer, que es ‘cañaera’, no le dejará. Se muestra franco y campechano, y  a veces se le escapan cosas que podrían no ser políticamente correctas. “Esto no lo pongas”, dice. Pero no se preocupen, aquí lo ponemos casi todo.


Para usted, como empresario hecho a sí mismo, que ha trabajado en un invernadero, ¿qué es más duro, recoger tomates a 40 grados o dirigir una gran empresa?
Recoger tomates, sin duda. Mi trabajo me encanta. Yo trabajo 15 horas diarias y no me agobia. Vamos a ver, hay veces que sí, por una situación mala de mercado o de gestión, pero el invernadero te da más quebraderos de cabeza, con los virus, la botrytis, los costes, el personal, la biblia en pasta …


 ¿Pero el agricultor no llora demasiado ?
Es muy difícil escuchar a un agricultor decir “he hecho un año de puta madre”, pero yo digo que quien no tiene dos o tres veces todas las campañas principio de úlcera, jamás va a ser un buen agricultor. Porque tienes que preocuparte por lo que tienes entre las manos, que si no te pican los abejorros, que si hace frío, calor, una infinidad de cosas. Pero al final las campañas salen.



Y el trabajo está bien pagado.
No es desagradable ser agricultor, siempre y cuando le dediques los cinco sentidos a la explotación. Si te relajas te pasa factura. Una planta te agradece lo que le hagas, y lo que no, te lo echa en cara.


Usted ha dicho que el sector necesita cambios.
Los necesita en la comercialización. En el campo, el agricultor se adapta rápidamente. Si un agricultor ve que su vecino gana dinero poniendo palmeras en la puerta del invernadero, se planta el campo entero de palmeras. Ahora, donde cuesta trabajo hacer las cosas es en las empresas, porque quien se juega el dinero no es el que manda. En ellas mandan los gerentes y los comerciales, y esa gente gana el mismo dinero si el producto vale 50 céntimos o tres euros; quien decide no es el que se juega la pasta. El gestor protege su sillón.


Su gran lucha desde hace mucho ha sido la concentración de la oferta. ¿Cuánto queda por hacer?
Falta mucho. Ahora, con 15 empresas en Unica, somos la empresa más grande, esta campaña vamos a llegar a los 500 millones de kilos, pero para ser respetados como se merecería habría que llegar a los 800 o 1.000 millones.


Luego entendemos que su empresa  no es respetada como se merece.
No, no lo es. Porque mi cliente es mucho más grande que yo, porque va creciendo mucho más rápido que nosotros.


Es decir, que las cadenas de distribución manejan el cotarro.
Es así, pero no lo pongas, que me pueden dar un morrillazo. Quiero resaltar que Unica se está haciendo grande, que queremos dar un buen servicio a los clientes.


Cambiemos de tercio. ¿Es usted de ferias?
Si, me gusta mucho trabajar y también pasar un ratico a gusto. En Abrucena no había feria, sino fiestas, y toros en la plaza del pueblo, que se adaptaba con maderas, y desde chiquitillo me viene esa afición. Incluso cuando mis padres no me daban dinero para la entrada me intentaba colar por algún sitio para verlos.


Se habrá pasado ya por la plaza, supongo.
Sí, de hecho ayer –por el sábado- me di cuenta de que estaba vacía porque coincidía con el fútbol. No lo entiendo, porque fútbol tienen todo el año y toros cuatro días, pero bueno, son así de raros.


¿Qué recuerdos guarda de las fiestas de su pueblo?

De críos éramos muy aficionados a las casetas de tiros y ya empezabas a fumar tus cigarrillos, con los palillos aquellos.


¿Con 10 años?
Si claro, ¡Qué dices! En Abrucena éramos muy adelantados. Aunque te daba tos y te mareabas, pero bueno…


Y ligar, ¿en las fiestas ha ligado mucho de soltero?
 En Abrucena no, porque era muy pequeño. Y aquí tampoco, nunca he sido un ligón. (Risas).


¿Cuándo empezó a trabajar?
Nos vinimos a La Cañada del pueblo cuando yo era muy pequeño. Cuando llegamos aquí, empecé a ayudar en la finca a mi padre. Solo fui al colegio desde los ocho a los diez años... Es una cosa que echo en falta, mucho.  Me gustaban los animales, y si hubiera podido estudiar una carrera, me habría gustado ser veterinario.


Dice que no se fue de Abrucena, sino que se tuvo que marchar. ¿Le gustaría volver, tras jubilarse, como alcalde, por ejemplo?
No, político jamás. Porque si  es homosexual, por ejemplo, no puede decirlo, dependiendo del partido. Es una hipocresía tan grande...  y con eso no puedo, sobre todo con la corrupción. Tengo que tener libertad para criticar, y cambiar de voto cada vez que me da la gana.  En el mismo año he votado a tres partidos diferentes, y extremos entre sí.

 

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