El papel de la psicología en el área de mayores

La psicología ofrece recursos y pautas emocionales, cognitivas y funcionales

Mari Carmen Plaza, psicóloga colegiada. Autora del artículo.
Mari Carmen Plaza, psicóloga colegiada. Autora del artículo. La Voz

El envejecimiento de la población es un hecho evidente. Alrededor del 18% es mayor de 65 años. Esto supone un gran reto a las políticas actuales y a la sociedad en general.


La vejez supone pérdidas y ganancias y la actitud ante la vida puede ser un factor determinante en cómo envejecemos. De ahí la importancia que la psicología junto con otras disciplinas sociales y sanitarias tienen en la atención a esta etapa del ciclo vital. Gran parte de la población envejece de forma independiente y adaptativa. No obstante, también es cierto que un porcentaje importante lo hace en situación de dependencia y patológica.


Envejecemos como vivimos y es por ello de vital importancia anticiparnos y prepararnos gradualmente para esa etapa de la vida a todos los niveles. La psicología tendría un papel fundamental en esa orientación y preparación para el buen envejecer y afrontar esta etapa desde la oportunidad, recurriendo a los apoyos necesarios para compensar las posibles pérdidas o aspectos más deficitarios que se puedan presentar asociados al envejecer.


La psicología es una ciencia que estudia el comportamiento humano a lo largo de todo el ciclo vital y por tanto también abarca el envejecimiento.

Su misión, a grosso modo, es el mantenimiento o mejora del bienestar psicológico (a nivel cognitivo, conductual, emocional, social y funcional) en cualquier momento a lo largo de toda la vida y en cualquier contexto de vulnerabilidad de los seres humanos. Por tanto, su papel en ésta área está más que justificado.


Se puede concluir que la Psicología como disciplina puede intervenir de manera eficaz en etapas anteriores a la vejez llevando a cabo programas centrados en la preparación para la jubilación, por ejemplo, y durante el envejecimiento, programas de envejecimiento activo entre otros, para fomentar una vejez lo más adaptativa y funcional posible.


Por otra parte, también es una realidad que un porcentaje importante de la población envejece de forma patológica y en situación de dependencia con el requerimiento de terceras personas, en mayor o menor medida, en su vida cotidiana. En este contexto junto con otras disciplinas sociales y sanitarias se tendría como objetivo el fomento de la autonomía personal y la prevención de la dependencia. 


Y más concretamente, programas de entrenamiento en memoria, estimulación o rehabilitación cognitiva, psicomotricidad, terapias de reminiscencias, terapias de validación personal, terapias de intervención en las emociones, etc.


 

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