Qué bonito es ver venir un torrente de Esperanza

La hermandad universitaria cumple setenta y cinco años

Me gusta cuando Dios me dice “te propongo algo”, porque siempre acierta. Ayer me colocó en la confluencia de General Castaños con José Angel Valente: el sitio perfecto para ver venir a Estudiantes de la Catedral, el giro y la puerta de Las Puras. Me gusta cuando Dios me dice “te propongo algo” porque, ayer, Miércoles Santo, me dio el titular y el argumento para esta crónica, aparte de hacerme un regalo precioso por las setenta y cinco primaveras que también cumple este año la cofradía universitaria.


Qué bonito es el color verde Estudiante, qué bien queda llenando de empaque las calles del casco antiguo, ¡las de todo su itinerario! Qué bonito es ver venir al misterio de la Oración en el huerto a los sones de “la agrupa”, qué bonito verlo revirar justo delante tuya y, aunque no veas al perro, ni el nido, saber que están ahí y que son guiños que le dan aun más ternura a ese momento bíblico en el que el Maestro está pasando miedo del de verdad mientras los apóstoles duermen. Qué bonito es el nuevo conjunto del paso de misterio, qué pedazo de regalo le ha hecho Estudiantes a Almería con la incorporación de los tres durmientes.


Pero si bonito es ver venir al Maestro, mucho más hermoso es ver venir a la Esperanza y llenarte de Ella. ¿Habrá sensación más bonita que la de escuchar esas campanillas golpeando contra los varales y anunciando que el Amor y la Esperanza tienen nombre de mujer, alma de Madre de Dios y se derrama a borbotones initerrumpidamente por las calles de Almería desde hace setenta y cinco años? Pues, por si eso les parece poco, créanme que la hay.





Y la hay cuando resulta que, después de una nueva levantá, la banda de música San Sebastián de Padul, comienza a interpretar una nueva marcha y reconoces los sones de“Encarnación Coronada”. La hay cuando el paso de palio revira para encarar el convento de Las Puras, hasta el que la Virgen llega navegando sobre una marea de fieles que, cantando, rezan el Ave María y una lluvia de pétalos, que exagera la belleza de la trasera de un palio, pone el broche perfecto a una estampa del mismísimo cielo. Y la hay cuando, después de todo esto, las monjitas y, con ellas, una guitarra sonríen en su clausura al encontrarse frente a frente con la Esperanza.


¡Qué bonito será siempre el verde Estudiante!


Niños a la caza de cera y estampas

Son legión, cada vez son más y quiera Dios que nunca falten. Ayer, Miércoles Santo, una decena de chaveas aprovechaban cada una de las paradas del cortejo de la cofradía de Estudiantes para acercarse a los penitentes a pedirles que derramaran cera fundida sobre sus bolas de aluminio.  Y, cuando el cortejo andaba, entonces estaban atentos para asaltar a la primera persona que vieran repartiendo estampas de la Esperanza.




 





 

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