Las piedras del Padre Tapia

Con ‘Almería piedra a piedra’ fue desentrañando los misterios del pasado de la provincia

El Padre Tapia en una imagen juvenil junto a otros seminaristas en la terraza del Seminario con la Alcazaba al fondo.
El Padre Tapia en una imagen juvenil junto a otros seminaristas en la terraza del Seminario con la Alcazaba al fondo. La Voz

La primera vez que vi al padre Tapia fue en octubre de 1986, cuando la Caja de Ahorros de Almería preparó un coloquio de Historia en su homenaje, que se conoció entonces como I Encuentro de Cultura Mediterránea. En la inauguración de éste, que se hizo en el salón de plenos del Ayuntamiento de Almería, se me rompió la idea preconcebida que tenía de él al escucharle su voz popular y casi ‘rajá’ y notar su enorme timidez. Francamente este descubrimiento me agradó porque imaginé que sería una persona accesible y nada endiosada, como después he podido comprobar. Desde entonces, sé que la grandeza del padre Tapia no está solo en la aportación que sus múltiples estudios históricos han significado para el enriquecimiento de la historiografía almeriense, sino que también ha influido para que ésta sea tal, su excepcional personalidad, y, sobre todo, su insólita sencillez. Esto es una verdad a manos llenas, y poco común en un hombre tan afamado y de tanto bagaje cultura - ¿De qué no sabe el padre Tapia? Cualquiera que le conociera bien, podrá decir que es una mezcla de terruño y ciudad, religiosidad y saber, pueblo y humildad, campechanía y naturalidad. En su hablar se refleja una fuerte huella de su paso por los pueblos (Abla, Vélez-Blanco, Berja, etc), siendo nulo o escaso su baño del deje de Almería.


Como digo, ésta fue la primera vez que le vi y que le escuché: después he tenido la oportunidad de charlar con él numerosas veces, casi siempre en su casa, y todas las veces me ha recibido con mucha amabilidad. Previamente le he llamado por teléfono, y le he dicho: “Padre Tapia, que quisiera hablar un rato con usted” y él me dice: “Vente para acá”. Esto mismo me ha permitido conocer poco a poco la otra cara del padre Tapia, saber anécdotas de su infancia, los difíciles momentos que fueron para él la Guerra Civil, por su condición religiosa, ya que fue denunciado y sólo la providencia le salvó. Y luego sus incontables vivencias acaecidas en los pueblos a donde le llevó su vida pastoral. Así, por citar un ejemplo, fue el padre Tapia, quién bautizó durante su etapa en Vélez-Rubio al actual concejal Cultura del Ayuntamiento de Almería. Fernando Martínez, quien a su vez – quién lo iba a decir hacer 40 años- promovió que se le pusiera una calle al padre Tapia en reconocimiento a su trayectoria como historiador.


El padre Tapia que escribió ‘Vélez-Blanco, la villa señorial de los Fajardo’ no es el que ha escrito ‘El Estado de Tahal’. Ha mejorado, trabaja con mejor técnica la documentación archivística y bibliográfica, sabe de estadística, economía, mentalidades…: en fin, trata de dignificar coherentemente el pasado histórico, aprendiendo de los demás y enseñándonos a todos. Nadie trabaja la bibliografía como él y cuando alguien cree que ha descubierto un material inédito y novedoso sobre cualquier aspecto de la historia almeriense, después resulta que no es tan novedoso y que el padre Tapia, 15 años antes, pasó por ese archivo, trabajó esa documentación y la cita en algunos de sus estudios. 
Por otro lado, no podemos olvidar que su obra es monumental. El padre Tapia ha escrito tanto como el resto de los historiadores almerienses a lo largo de todos los tiempos. Le debemos todo el sacrificio que ha hecho su dedicación altruista por esa labor tan ingrata, su valentía para fructificar tanto en algo tan agotador y nada remunerado como en la investigación. Ahora anda empeñado en acabar la ‘Historia General de Almería y su Provincia’, y lo está consiguiendo. Ya están ocho tomos en la calle, y otros tantos de camino en la imprenta. 


Una cosa que me he preguntado siempre es ¿por qué el padre Tapia ha sacrificado su vida a cambio de tan poco? ¿Qué le ha animado a ello? En Almería, los historiadores y los poetas siempre se han muerto de hambre, las instituciones no han sabido promocionar a los jóvenes ni entusiasmarlos. No se han creado premios a la investigación, ni concursos de monografías. 


Hace varios años, el padre Tapia – que se puede decir que es la persona de las letras que, junto con Villaespesa, el maestro Padilla, Sotomayor y Siret más ha descollado en Almería en todo el siglo XX- fue galardonado con la medalla de plata al mérito provincial por la Diputación y casi a regañadientes. Es preciso que las autoridades provinciales tengan un detalle, después del derroche del tiempo que Tapia ha regalado de su existir para recuperar la historia de nuestros pueblos.



 

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