El Hermano Rufino, el mejor amigo de las plantas

Le impresionó el paisaje, la naturaleza de Almería y se lanzó a investigar su botánica

Rufino Sagrado nació en Burgos pero se convirtió en un almeriense más.
Rufino Sagrado nació en Burgos pero se convirtió en un almeriense más. La Voz

Sus manos mostraban un ligero temblor fruto del Parkinson que le aquejaba, pero a sus 91 años, el hermano de La Salle Rufino Sagredo mantenía aún muy firme su convencimiento respecto al futuro de esta tierra nuestra - su Almería del alma- a la que dedicó todos sus años de investigación científica.


Después de más de mil trescientas excursiones por todos los campos de nuestra provincia recogiendo plantas y flores, hasta un total de dos mil ochocientas variedades, que ha descrito magistralmente en el mejor trabajo de este tipo hecho en España, el hermano Rufino confesaba tener más ganas de trabajar que cuando empezaba. “Los médicos me han dicho que descanses – asegura sin resignación alguna- pero escribir y leer no puede hacerme daño y, como tengo muchas cosas que descubrir todavía, porque no me voy a morir pronto, quiero poner en marcha y finalizar los estudios que hagan posible convertir a Almería en una provincia rica, económicamente potente y parangonable con cualquiera otra de España”.


Almería era, para Rufino Sagredo, una provincia con problemas por resolver, “pero con posibilidades reales de resolverlos”, entre los que destaca sobre todo la falta de agua. “Resolver el tema del agua no es más que estudiar en profundidad nuestros acuíferos subterráneos por medio de técnicas como la radiestesia y la hidrología. En este sentido, dice yo tengo hechos muchos estudios que podrían ayudar a la explotación de estos recursos que tiene Almería para potenciar y relanzar esta provincia, tan necesitada de recursos económicos”.


La redacción y composición de la paleontología almeriense o terminar el libro sobre las mariposas de Almería, en la que trabajan tres antiguos alumnos del hermano Rufino, son para este enseñante religioso, con auténtica vocación investigadora que desarrolla plenamente con su llegada a esta tierra, han hecho que la vida de este hermano de La Salle haya estado claramente marcada por su pasión por investigar.



Aunque nació en Villalmóndar, en la provincia de Burgos, a finales del pasado siglo, Rufino Sagredo es tan almeriense que, cuando se le recuerda su pasión por Almería, se le saltan las lágrimas. Ni él mismo puede explicar el porqué de ese apego a la tierra con la que se siente plenamente identificado. Llegó a Almería hace 45 años, después de haber pasado por Canarias, Córdoba y Madrid en ejercicio de la enseñanza como religioso de La Salle, congregación en la que ingresa en el año 1912.


A su llegada a esta provincia “que sólo conocía de paso”, le impresiona el paisaje, la Naturaleza viva que atesora Almería y siente la necesidad de investigar en ella. Recorre los campos de la provincia palmo a palmo y comienza a sentir especial atracción por la flora autóctona. Recoge muestras y cataloga las variedades que va encontrando. 


Poco a poco pasa del interés personal al científico. Estudiaba, leía y consultaba cuantos libros de ciencias naturales caían en sus manos. Quiere hacer partícipe de esta pasión a sus alumnos e interesados en la materia, con relativo éxito, porque la verdad es que el hermano Rufino se va a quedar solo en su obsesión científica. Algunas ayudas le llegan, pero tan esporádicas como tardías. 


No le importa demasiado, porque como él mismo dice “con la práctica, si se tiene afición, ésta aumenta notablemente y, además, tampoco hace falta nadie, aunque es cierto que las colaboraciones que he tenido, por pequeñas que le hubieran sido, las he agradecido mucho”.


Los noventa y un años que contemplaban en ese momento a hermano Rufino no le impedían tener en mente proyectos en marcha para Almería. A poco que se le preguntase por sus inquietudes a su edad responde veloz que “tengo pensado la constitución de una fundación almeriense en la que se acometa con científicos de reconocida valía, los estudios necesarios para transformar Almería”.


El Hermano Rufino quería que todo el fruto de que lo que había hecho se quedase en Almería y para ello se construyese un gran edificio para esa Fundación que nunca llegó a realizarse, donde pudieran trabajar los científicos en el campo de las Ciencias Naturales. El Hermano Rufino siempre recordaba que fue él quien encontró el pez fósil más grande del mundo, en un pueblecito cercano a Sorbas. 


 

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