El almeriense que triunfó en París

Antonio López poseía una nariz privilegiada y era un empedernido lector

El experto perfumista Antonio López Jiménez.
El experto perfumista Antonio López Jiménez. La Voz

Todo comenzó por una revista de aceites aromáticos que cayó en sus manos y que leía compulsivamente a la luz de un quinqué. El niño del carnicero del Mercado Central, el que abandonó la faca de deshuesar para encerrarse todas las noches con probetas y esencias, terminó conquistado París con su talento para los aromas. Un almeriense humilde triunfando en la meca del perfume. Las revistas especializadas lo llevaron a sus portadas, como el paladín de la cosmética francesa, y los periódicos nacionales de la época como el Arriba o el Ya se hacían eco del talento del perfumista almeriense.


Antonio López Jiménez, nacido en 1909, poseía una nariz privilegiada y siendo aún infante se detenía de camino a la carnicería a contemplar los frascos de colonia en el escaparate de la perfumería de Eugenio Bustos en la calle Granada y de la Venus de la Puerta Purchena. La obsesión pudo con él y en 1932 abrió su propio comercio de venta a granel en el Paseo, donde se llevó a sus tres hermanos, Manolo, Pepe y Eusebio, sin más financiación que la de su propio talento y capacidad de organización.




En los primeros años de la década de los cuarenta, solicitó la representación de los perfumes de la firma Fragonard, con gran predicamento en la época, y ante su éxito, consiguió representar también el perfume Habanita de la marca francesa Molinard.


Por esa época, ya escribía sesudos artículos sobre las propiedades del agua de colonia en el diario La Independencia. Era incansable en el laboratorio realizando pruebas de perfumes, jabones, champús y otros cosméticos. De esa primera época fueron las composiciones de fantasía como Galán de Noche y Heno Azul. Después, con más medios técnicos y humanos, amplió la fabricación hacia los jabones de tocador, talcos y brillantinas. El almacén donde Antonio López realizó sus primeros trabajos estaba situado en la Plaza Pavía. Años después se estableció en el Paseo con tienda, laboratorio y fábrica. En 1944 registra la marca Briseis y adquiere un nuevo local en la calle Martínez Campos.


Se casó el joven emprendedor almerienses con Isabel Hita, la hija del vendedor de pinturas y breas, Fancisco Hita Fernández, y decidió hacerse más grande. En 1948 se constituye la sociedad Destilerías Briseis, con un capital de un millón de pesetas en 1.000 acciones, y abre fábrica en la antigua Avenida de Calvo Sotelo (hoy Avenida de la Estación), en una antigua factoría de corcho de 4.000 metros y encuentra una veta en la marca Tulipán Negro, por la que bebían los vientos los parisinos, junto a otras treinta colonias, talcos, jabones y brillantinas. Tras comprar una pequeña fábrica en la provincia de Málaga dedicada a la extracción de aceite de orujo, se amplía la empresa con una fábrica en Barcelona para atender las zonas de Cataluña, Aragón y Baleares.


En los años cincuenta, los productos Briseis se anuncian en los principales periódicos y radios del país. Abre un departamento de investigación en París y lanza al mercado una nueva modalidad de perfume, Bel Amour, fabricado con glándulas de animales. Promociona el nuevo aroma rociando de perfume los cines y las principales calles españolas. “Málaga ha sido la primera ciudad de España que ha sido perfumada”, narraba el Diario Sur en 1957.


Antonio no se conformaba con nada y con sesenta años a sus espaldas y la vida resuelta se lanza a regentar una fábrica en Colombes, cerca de París, que compra a la firma francesa de la competencia Dorín, desde la que sirve producción a Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Senegal, Canadá y Alemania: el ingenio de un almeriense de Magistral Domínguez dando la vuelta al mundo en un frasco de perfume.


Además, comercializó a través de la fundación de la sociedad Chemia, con sede en Liechtenstein, una esencia realizada al cien por cien con naranja de Almería. El privilegiado olfato de Antonio le permitía trabajar con 900 materias primas distintas en la fabricación de sus productos. Los productos estrellas de la empresa, como Tulipán Negro, consiguieron que desde 1974 a 1987, se alcanzaran facturaciones de 1.500 millones de pesetas anuales, que no estaba al alcance de casi ninguna empresa de Andalucía. Una de sus adquisiciones inmobiliarias fue comprar el edificio del antiguo Café Colón en el Paseo, donde hoy se ubica la tienda de mujer de Cortefiel.


En 1980, Briseis invierte en unas instalaciones en Leganés y en 1987 se materializa la actual fábrica en Benahadux con 30.000 metros de superficie que ha resurgido de sus propias cenizas al sufrir un incendio en 2007. Aseguran los que han trabajado con él, como su propio hijo Carlos, actual director general de la compañía, que el principal mérito de Antonio Briseis fue su eficiencia, es decir, que con pocos recursos obtenía productos de mucha calidad.


El perfume es un arte, como la pintura o la música. Hay productos de origen animal derivados de la gineta, el cachalote o el castor y los de síntesis para dar notas de fondo. El fundador tenía una doble vertiente: la de gerente de la Destilería y la de artista: en la elaboración de un buen perfume hay que derrochar mucha creatividad, es un trabajo lento como el de un alquimista, que se puede demorar hasta dos años de pruebas.


Antonio López estuvo trabajando hasta los últimos días de su vidas, acudiendo a la fábrica de Benahadux. Murió con las botas puesta, con el olfato como el primer día, en 1997, cuando contaba con 88 años. Su última creación fue Cruise.


Llevó siempre una vida muy reservada, vivía su oficio las 24 horas del día y viajaba a Barcelona, París, Suiza, donde visitaba a colegas de profesión. También abrió canales de venta visitando países de Latinoamérica y Estados Unidos. Briseis recibe continuas ofertas de grupos nacionales e internacionales para comprar la empresa almeriense, pero la idea de los descendientes es mantener lo que creó su padre hace casi setenta año.


Además de su actividad como creador de perfumes, Antonio López Jiménez era lector empedernido de autores clásicos. Y entre sus páginas encontró inspiración para bautizar algunos de sus aromas más laureados. Briseis viene de Briseida, una domadora de caballos que aparece reflejada en la Iliada de Homero, Tulipán Negro es el título de una novela de Dumas, y ‘Bel Amour’, de una obra de Stendhal. Antonio no pudo completar el Bachiller, pero de forma autodidacta se le abrió el gusto por la lectura y hablaba perfectamente francés. Otros nombres patentados por Antonio López fueron Tulipán Dorado, polvos de talco Caperucita Roja. En sus inicios fue representante de la marca Habanita, de la casa Molinard. En la actualidad, Briseis suma 180 productos patentados y 19 marcas.


Otras marcas más recientes del fabricante almeriense son Verónica, Violeta Rivera, Rosa de Oriente, Ragatza, Cruise y Clavel Blanco. También hace marca blanca para empresa nacionales y extranjeras.

Hace más de treinta años que Briseis inició sus campañas en televisión, como antes lo hizo en la radio, cine y con la megafonía por los pueblos. Fue una de las primeras empresas almerienses en anunciarse en la pequeña pantalla y es una de las compañías del sector más antiguas de España, con 40 años con productos propios en el mercado. Uno de los más antiguos es la típica agua de colonia Farina de 750 centilitros y etiqueta de plata, que fue un clásico en los baños de medio país. Falleció, tras una vida de lucha, triunfos comerciales y miles de horas en el laboratorio, este almeriense de pro que siempre será recordado como el primer perfumista español que triunfo en París.


 

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