El amor también viaja en patera

“A mi querido y dulce Brahim, de su amiga íntima de Italia, pero africana en su corazón”

La agenda tirada en la playa debió de ser un regalo de Giuly.
La agenda tirada en la playa debió de ser un regalo de Giuly. La Voz

La canción de amor alcanzó la arena de la playa al amanecer empujada por las frías olas del poniente cuando en el aire todavía se respiraba la muerte y la patera negra embestía las rocas semejando a la luz del sol lo que realmente era: el ataúd que acababa de enterrar para siempre en una cala abderitana los sueños de un joven marroquí. Puede que Brahim.


Brahim Jamal nació hace 24 años en Ouauizerth, una localidad de la comarca de Azila, al norte del Atlas Central. Las guías de viajes explican que acceder a esta zona es difícil, pero no imposible si lo hacemos vía Marrakech. El mal estado de sus carreteras denota la pobreza en la que malviven sus habitantes, que desde niños sueñan con viajar algún día a su particular tierra prometida: Europa.


Brahim era uno de los ocupantes de la embarcación neumática que naufragó la madrugada del jueves en una cala de Adra en la que murió un joven menor de 30 años, que todavía no ha sido identificado por la policía. Tampoco ha trascendido si él se encuentra entre las quince personas que fueron detenidas por la Guardia Civil y que probablemente ya han sido repatriadas a su país, o si, por el contrario, pudo escapar y anda ya a la busca de su amor. Algunas de sus pertenencias aparecieron en la playa, protegidas contra el agua por un plástico negro: su tarjeta de identificación, dos diccionarios y una pequeña agenda fabricada en Italia, un regalo de la persona que probablemente le llevó a tomar la decisión más importante de su vida, embarcarse en una patera para reunirse con ella, con Giuly.


La agenda debió de ser un regalo de Giuly, pues está fabricada en Milán. El mensaje de su portada, “pienso en tí” deja traslucir ya que se trata de un obsequio a una persona muy querida. En su primera página, Giuly escribe la siguiente dedicatoria: “A mi querido y dulce Brahim, de su amiga íntima de Italia, pero africana en su corazón”. En la agenda, el joven marroquí tenía anotados números de teléfonos de amigos y familiares y alguna dirección en España, donde quizás tenía previsto pasar un tiempo antes de intentar dirigirse a Italia. En la imagen aparece la agenda junto a la foto de los dos jóvenes.



Giuly O'kelley vive en Moggio Udinese, en la Lombardía italiana. Junto a su fotografía, Brahim tiene la letra de la canción ‘Hello’, de Lionel Ritchie, escrita en inglés, como dedicada a ella. Todo hace indicar que la pareja se vio por primera vez en un viaje de la joven a Marruecos, donde quizás vivieron su historia de amor y soñaron mil veces con su reencuentro en Europa. 


El diccionario de árabe-italiano con el que viajaba el joven marroquí parece no dejar lugar a las dudas sobre su destino, que se vio trágicamente truncado por el naufragio. Pero en la cartera sus fotos siguen unidas. Los rasgos aniñados de Brahim contrastan con el gesto adulto de Giuly


Brahim y Giuly pudieron conocerse a través de internet, a través de una revista a la que ella estaba suscrita para conocer personas de otros países. En su ficha personal, explicaba que habla cuatro idiomas -italiano, inglés, alemán y francés-, que entre sus aficiones están la música, la cocina o la pintura, y que le gustaría entablar amistad con chicos y chicas africanos. 


La agenda dedicada a Brahim revela que entre ellos había algo más que amistad: “A mi querido y dulce Brahim de su amiga íntima de Italia”. Quizás él se repetía estas palabras una y otra vez en su mente para darse ánimos durante la dura travesía nocturna en medio del temporal de poniente que azotaba el Mar de Alborán la madrugada del jueves. En su mochila aparecieron también algunos útiles de higiene, -un cepillo y pasta de dientes-, y una bolsa llena de dátiles que al parecer apenas probó. 


Al siguiente mediodía, la mar cabrilleaba todavía al azote del viento y seguía escupiendo de cuando en cuando otros efectos personales de los ocupantes de la embarcación, que se vio atrapada en una zona de riscos que sobresalen del agua y que hacen muy complicado navegar en la noche. Al zozobrar, todos cayeron al mar, entre ellos algunos que no sabían nadar. 


Dos jóvenes fueron rescatados por submarinistas de Protección Civil de Adra aferrados a las rocas, aterrorizados y exhaustos. Hasta el momento sólo se conoce que exista una víctima mortal, aunque la policía no descarta que en los próximos días aparezcan más cuerpos. 


Fuentes de la investigación creen que podrían ser más de cuarenta las personas que viajaban en la patera, de seis metros de eslora y provista sólo de un motor de cuarenta caballos, con lo que puede que la mafia que organizó el viaje ni siquiera contara con que llegara a tierra debido al mal estado de la mar.  


Sin duda, a esa mafia poco le importaba Brahim Jamal y su amor por Giuly O’Kelley.


La historia de amor entre Brahim y Giuly ‘recuerda’ que tras las frías cifras que a veces los propios medios de comunicación transmitimos sobre el fenómeno de la inmigración clandestina hay personas con amigos, familia y, por qué no, una novia con quien reencontrarse algún día. Este caso también nos ha mostrado que la aventura de embarcarse en la patera es a vida o muerte y que cualquier circunstancia puede provocar una tragedia como la sucedida en Adra, donde falleció ahogado un joven a escasos metros de la orilla, quizás porque no sabía nadar, algo que es frecuente entre los inmigrantes que llegan a nuestras costas y que evidencia su desesperación.

 

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