La Almería vaciada

“El único bar aún está cerrado: está regentado por la misma persona que lleva la tienda”

Uno de los tantos pueblos de la provincia que está perdiendo población.
Uno de los tantos pueblos de la provincia que está perdiendo población. La Voz

Al pasear por sus calles el silencio que envuelve a este pequeño pueblo de la Alpujarra almeriense se entrecorta por el gorgoteo del agua, que corre en forma de riachuelo, acequia o fuente. Un silencio solo roto, en algunas partes, por el ruido procedente de las pocas obras que ahora mismo se están ejecutando, a lo que hay que sumar el claxon de los vendedores ambulantes que cada día acuden al pueblo. Sus calles empinadas prácticamente están vacías hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento en la que un pequeño grupo de vecinos disfruta, a la sombra que dan los árboles, de una buena charla matutina. El único bar que hay en el pueblo aún está cerrado, ya que es regentado por la misma persona que lleva la tienda, y que ahora permanece abierta.


Esa es la estampa que durante una mañana se puede apreciar en Beires, el municipio que goza de mayor calidad de vida (82 sobre 100 puntos), según un reciente informe elaborado por Francisco Joaquín Cortés, economista que desarrolla su trabajo en la Fundación Cajamar. Al otro lado de la balanza está Rioja, municipio que este trabajo daba el peor índice en cuanto a calidad de vida se refiere (48 sobre 100).


A la hora de elaborar este informe se tuvieron en cuenta diferentes parámetros e indicadores, tales como la vivienda, la disponibilidad de servicios, el tráfico en el casco urbano o la calidad ambiental de la que disfrutan sus vecinos. Beires es un pequeño pueblo de la Alpujarra almeriense, cuyo padrón es de 121 personas, aunque este número desciende al hablar de los vecinos que viven en él los 365 días del año. La media de edad de sus vecinos es alta, muy alta, hay pocos jóvenes y tan sólo cinco niños que corretean por sus plazas. Calles empinadas, casas de color blanco, muchas de ellas cerradas a cal y canto hasta que llega el fin de semana o el verano cuando el pueblo cobra vida. Existen casas abandonadas, cuyo estado contrasta con el resto. También hay otro denominador común: los maceteros, las parras o los huertos que adornan a este pequeño pueblo, cuyo marco es Sierra Nevada.


Sus vecinos aseguran que hay pocos, pero que no faltan servicios básicos. En el mismo edificio, en el centro del pueblo, está el Ayuntamiento, el consultorio médico, el Centro Guadalindo, el bar y las dependencias del Juzgado de Paz. También se celebra misa una vez a la semana.Una cabina de teléfono, un buzón para las recetas médicas, contenedores de basura y de reciclaje, bancos, aparatos para hacer gimnasia y un pequeño parque infantil complementan el equipamiento con el que cuenta Beires. Tampoco parece que haya problemas con el aparcamiento. Un gran mirador, junto a la recién remodelada iglesia, deja al descubierto, aún más, la belleza del paisaje natural que envuelve a esta zona.



 “Aquí se vive muy bien y tranquilo, demasiado”, comenta Angelina Moya, vecina de Beires. “Aquí no hay actividad ninguna”, apunta. Todos los días por la mañana venimos a la plaza del pueblo, nos sentamos en los bancos y tomamos el fresco a la vez que charlamos”, señala Angelina Moya, quien explica que le suele acompañar su hermano y un sobrino, a la vez que otros vecinos que se van sumando a la conversación. “Por las tardes salimos a pasear, pero poco”.


Su hermano, Antonio Moya, apunta que en Beires sólo hay un “barecillo y una tiendecilla y nada más”. “La gente va en coche a otros pueblos más grandes para hacer la compra”, comenta. Por ello, Francisca Maeso, vecina que desde hace diez años regenta el único establecimiento donde se puede hacer la compra, dice que en los próximos meses cerrará el negocio. “Se vende muy poco. Ésta es la tienda de los olvidos”, apunta. “En el bar -también regentado por ella- ya no se pueden poner más baratas las consumiciones”, apunta.


Antonio Yebra, alcalde de Beires, también asegura que en su pueblo se vive muy bien, aunque reconoce que faltan restaurantes y casas rurales para acoger a los turistas que visitan la zona. “Como aquí no hay nada se van a otro pueblo”, ha señalado, a la vez que explica que hay un proyecto para acondicionar un edificio en casa rural. A pesar de ello, “aquí se vive en la gloria, ni ruido ni voces ni nada”. Beires es el que más, mientras que Rioja es el municipio que menos calidad de vida ofrece a sus vecinos. Algo que no se entiende en este pueblo del área metropolitana, cuyo padrón asciende a 1.361 habitantes. “Me sorprendió el resultado de este informe”, asegura la alcaldesa de Rioja, Mª Isabel Sánchez. “No pienso que aquí se viva tan mal”, añade. La crisis, “como en otros muchos pueblos”, ha castigado a este pueblo almeriense, muy vinculado a la construcción. La primera edil señala que el precio de la vivienda no es desorbitado y que éste ha bajado en los últimos años a consecuencia de la realidad económica. “Hay viviendas antiguas como hay en todos los pueblos, al igual que casas abandonadas”, apunta Mª Isabel Sánchez.


La primera edil tampoco considera que su pueblo esté castigado por la contaminación. “No hay grandes industrias que contaminen la atmósfera. Además, nuestro nivel de emisiones de CO2 es bajo si se compara con los niveles medios de Andalucía, España y Europa”, añade, a la vez que recuerda que su municipio fue uno de los primeros a la hora de elaborar un Plan de Optimización Energética (POE). “Antes de que se construyera la autovía sí había más ruido, pero ya no tanto”, apunta la alcaldesa. Según Mª Isabel Sánchez, la población se estancó hace unos años, pero ésta ya va aumentando poco a poco. Por otro lado, la gastronomía de Rioja es conocida y reconocida, tal y como apunta su alcaldesa. Sin embargo, Rioja no es un pueblo que atraiga el interés de los turistas.


Un puente separa Benahadux de Rioja, cuyas faldas se encuentran tapizadas de los característicos naranjos del Bajo Andarax. El resto del paisaje presenta un aspecto más abrupto y más seco que el que aparece en otros rincones de la provincia. La vida aquí es tranquila, según señalan sus vecinos, a la vez que cómoda, ya que cuentan con la proximidad de la capital y otros servicios municipales.

 

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