Almería, tierra de cine

Los áridos escenarios de Tabernas llamaron la atención de los directores de la época.
Los áridos escenarios de Tabernas llamaron la atención de los directores de la época. La Voz

Ignacio M. Fernández Mañas

Historiador de cine


Cuando Almería era una tierra abandonada y olvidada, a principios de los cincuenta del siglo pasado, el cine le abrió una senda para encontrar las marcas de un orgullo y de una pasión. Poco a poco, Almería se fue transformando en tierra de cine. 


En 1951 comienza esta historia, con la llegada de la productora c la película española “La llamada de África” de César F. Ardavín, quien encontró en la capital de Almería un lugar idóneo para construir algunas de sus secuencias. Dos años después, los parajes de Níjar, Mojácar y Garrucha se convirtieron en escenarios de otra producción nacional, Sierra maldita, dirigida por Antonio del Amo y estrenada en 1954. El director francés André Cayatte descubrió, en 1956, el desierto de Tabernas y quedó profundamente impresionado, tal como le comentó a Carlos Pérez Siquier en una entrevista en Afal. La belleza sobrecogedora de estos paisajes le sirvió como un personaje más en la película Oeil pour oeil (1957).



Pero fue en la década de los sesenta cuando se produjo el gran auge de las producciones en esta provincia, por entonces la que menos renta per cápita tenía de España. En el primer lustro, dos grandes superproducciones llegaron por azar y por necesidad a localizar rincones inéditos para las pantallas, a montar decorados monumentales, a asombrar al mundo, enseñando las playas, los desiertos, las dunas, las calles, los barrios, los monumentos de este lugar del sudeste español sangrado por la emigración de sus gentes: Lawrence de Arabia (1962. David Lean) y Cleopatra (1963. Joseph L. Mankiewicz) aproximaron nuestros parajes al mundo del cine, descubrieron una tierra prometida. Y poco después, un italiano, Sergio Leone, conquistó el Oeste, sirviéndose de los singulares e insólitos parajes almerienses con la trilogía del dólar (Por un puñado de dólares -1964-, La muerte tenía un precio -1965- y El bueno, el feo y el malo -1966-), Hasta que llegó su hora (1968) y ¡Agáchate, maldito! (1971), que crearon una nueva visión del género western. Esta tierra se convirtió en una nueva California. Por aquí cabalgaron Clint Eastwood, Burt Lancaster, Yul Brynner, Charles Bronson, Giuliano Gemma, Lee Van Cleef, Burt Reynolds, Gian Maria Volonté, Brigitte Bardot, James Coburn, Henry Fonda, Eli Wallach, Claudia Cardinale, Raquel Welch, Franco Nero, Tomas Milian, Faye Dunaway, Orson Welles y tantos otros. Pero no de westerns vivió este Hollywood español, las películas bélicas también fueron un baluarte: Un taxi para Tobruk (1961. Denys de la Patelliére), con Charles Aznavour formando parte de un comando francés; The Hill (1965. Sidney Lumet), que supuso el primer trabajo en Almería de Sean Connery; Mando perdido (1966. Mark Robson), que reunió a Anthony Quinn con Alain Delon; The Rat Patrol (1966), serie televisiva norteamericana; Cómo gané la guerra (1966. Richard Lester), con John Lennon entre su plantel de actores; Mercenarios sin gloria (1969. André de Toth), con Michael Caine como protagonista; o la oscarizada Patton (1970. Franklin Schaffner) son una muestra. 


La desaparición de la política cinematográfica española de ayuda a la coproducción y el declive del western y de las películas bélicas inspiradas en la Segunda Guerra Mundial provocó que, a partir de mediados de los setenta, el número de rodajes fuera menor, aunque cabe destacar títulos como Viajes con mi tía (1972. George Cukor), con Maggie Smith acompañada de José Luis López Vázquez; El reportero (1974. Michelangelo Antonioni), con Jack Nicholson y la por entonces célebre Maria Schneider; El viento y el león (1975. John Milius), contando con el diseño de producción de Gil Parrondo;  Valentino (1977. Ken Russell), donde en Almería se recrea el Hollywood de los años veinte con Rudolf Nureyev como protagonista; o varios capítulos de la mítica serie española Curro Jiménez (1976).


Desde los ochenta, ya con la democracia en España, y un nuevo rumbo económico, el cine comenzó a mirar a esta tierra de otra forma, se interesó por sus historias, por su tiempo, apareció en las pantallas de mano de directores españoles e independientes un lugar para olvidarse del mundo, para encontrar otro ritmo vital: Montxo Armendáriz, Felipe Vega, Alain Tanner, Pilar Miró, Adolfo Aristarain, Mariano Barroso, Imanol Uribe o Álex de la Iglesia fueron cineastas que encontraron otros filones cinematográficos. Almería se mantenía como una tierra para el cine y más con superproducciones como Conan, el bárbaro (1982. John Milius) e Indiana Jones y la última cruzada (1989. Steven Spielberg).


Nuevos formatos

Paralelamente, a partir de los noventa, se intensificaron los trabajos de investigación sobre el pasado y el presente del cine en nuestra provincia, por medio de series de televisión, publicaciones, congresos y documentales, que favorecieron la consolidación del cine como un referente imprescindible en la historia actual de Almería. E igualmente, las instituciones públicas y privadas almerienses impulsaron su contribución al fomento de este sector tan importante de la cultura y la industria, con oficinas de promoción, festivales de cine y centros de formación.


Y en este siglo XXI, de nuevo ha aumentado el número de rodajes de películas con títulos como Los límites del control (2009. Jim Jarmusch), Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013. David Trueba), Exodus: Dioses y reyes (2014. Ridley Scott), Assassin's Creed (2016. Justin Kurzel) o The Sister Brothers (2018. Jacques Audiard) y series de televisión como Los hombres de Paco, Juego de tronos, Mar de plástico, Black Mirror o Penny Dreadful.


Pero además, se ha abierto otro horizonte con la aparición de cineastas almerienses preocupados por levantar proyectos audiovisuales en esta tierra, como, entre otros, el director José Herrera Plaza, con el documental Operación Flecha Rota (2007, con producción del almeriense Antonio Sánchez Picón), el productor y director Manuel Martín Cuenca, con La mitad de Óscar (2010), el productor y actor Francisco Conde, con La madriguera (2016. Kurro González), el productor Kiko Medina con Todo saldrá bien (2015. Jesús Ponce) y Almería 1975: el cine que nos hizo libres (2017. Juan Gabriel García), el productor Damián Paris, con No sé decir adiós (2017. Lino Escalera) o, desde el campo de la animación, el director José Herrera con Cazatalentos (2018). Todos ellos vienen demostrando, junto con otros grandes profesionales almerienses, que el cine continua siendo un modo viable de seguir generando trabajo e imaginación en esta tierra, que la llamada de Almería es cinematográfica y que nuestra provincia continúa evocando imágenes persistentes para nuevas historias. 


 

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