Una historia de papel y tinta, una catedral de palabras

La Voz

Hace ahora 80 años que salió por primera vez a la calle este periódico que primero fue “La Nueva España”, después “Yugo” y ya definitivamente “La Voz de Almería”. Tres cabeceras distintas y un solo objetivo verdadero: ser el periódico de los almerienses.


Paco Pérez, el extraordinario periodista y entrañable ser humano que lo dirigió en los 80 todavía respondía con ironía con un “Yugo arriba España, dígame”, cuando la secretaria le pasaba a algún amigo al teléfono. Era una forma de asumir con ternura un pasado que como las sombras de una biografía siempre va unido a sus luces.


Los periódicos eran en aquel tiempo un canal de papel por donde transitaba la propaganda, dejando para la información una esquina perdida que siempre fue la más valiosa porque era la que más interesaba a los lectores. En aquel primer número la noticia mas importante ocupaba el pie de página más perdido de la portada y comunicaba la orden del alcalde de cambiar a la hora “nacional” la hora “negrinesca”. Las consignas tronantes de los vencedores ocupaban toda la página, pero la información que les cambiaba el horario de la entrada al trabajo o la apertura del comercio al día siguiente quedaba reducido a la brevedad de una esquina en la periferia casi invisible de la primera plana.


Cuando busco en los pilares sobre los que se ha construido este edificio de papel y tinta, esta catedral de palabras que reflejan los últimos ochenta años de Almería, no encuentro argamasa más principal que ese caudal interminable de informaciones que, a veces con más vocación que éxito, competían con las consignas. La lucha entre la lírica de la propaganda y la épica de la vida fue una constante durante la dictadura y en esa batalla, al final, la victoria se decantó por la última trinchera. Ahí creo, sinceramente, que está el éxito de LA VOZ: en haber sido el eco de las voces de quienes, cada mañana y así desde aquella primavera del 39, hacían Almería.



Desde la grisura de la postguerra a la luminosidad de la democracia, este periódico ha sido el río por el que ha navegado la vida. Nada humano le ha sido ajeno. Desde los grandes proyectos siempre retrasados a las aceras nunca bien iluminadas; desde el aislamiento milenario a la conexión por autovías con Europa; desde el desgarro de la inmigración a la acogida de decenas de miles de extranjeros; desde el desierto donde solo se cultivaba el esparto y el western a la mayor industria agroalimentaria del continente; desde el analfabetismo a una Universidad moderna; desde la estética de la pobreza que tantos pintores, fotógrafos y escritores denunciaron desde sus convicciones éticas a la belleza sostenible y sin miseria que a tantos turistas;  desde los goles fallados a la estancia en la División de Honor; desde los adioses de quienes nos dejaron hasta los holas de quienes acaban de llegar, todo lo que ha sucedido en la provincia este periódico ha intentado reflejarlo en sus páginas. LA VOZ ha alcanzado sus ochenta años de vida porque no solo ha contado lo que pasa, sino porque ha contado también lo que nos pasa (y los que nos pesa en el alma por tanto olvido).


Sobre esos pilares se ha cimentado su pasado y su presente y será sobre ellos, desde sus páginas o desde las pantallas digitales sobre las que habrá de asentarse su futuro. En una época marcada por la incertidumbre resulta aconsejable sumergirse en la historia de este periódico para ver cómo y hasta dónde ha cambiado Almería


Cuando pasen los años, cuando los decenios se acumulen sobre otras generaciones, quien quiera conocer cómo era la Almería de los siglos veinte y veintiuno no encontrará biblioteca mejor que los tomos ocres de un periódico que sólo busca informar a sus lectores y acompañarlos en el camino de sus paisajes vitales. Contar la historia y sus porqués y ser la púa del abanico que une las varillas de una sociedad poliédrica ha sido, es y seguirá siendo la voluntad decidida de quienes hicieron y hacen posible que La Voz llegue cada amanecer y ya, a través de la red, cada minuto, a los más de cien mil lectores que nos siguen cada día a través del papel o de su edición digital.


La Voz ha cumplido 80 años porque ha sido el periódico de todos los almerienses. Y así continuará siendo porque esa es la razón de su existencia y porque quienes la leen saben, bien que saben, que Almería es una provincia cargada de futuro.   


 

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