“Si no existiera una universidad en el desierto, la imaginaría como es la UAL“

En ‘Playing campus’ se acerca a la Universidad de Almería (UAL) como a una caja de Playmobil

El fotógrafo Guerrero.
El fotógrafo Guerrero. La Voz

En su libro ‘Playing campus’, Guerrero se acerca a la Universidad de Almería (UAL) como a una gran caja de Playmobil. Su última exposición, que puede verse en el Auditorio Maestro Padilla, es una visión heterodoxa sobre el Festival Internacional de Cine. Tras ganarse la vida como fotoperiodista, volvió a empezar de cero y ahora sueña con ser profesor.


¿Cómo se le ocurrió jugar con la Universidad de Almería (UAL)?

La idea me la propuso Miguel Gallego, director de la editorial de la UAL. El libro se concibió como un encargo para rea­lizar una serie de fotografías describiendo la vida en el campus, con motivo del 25 aniversario de la UAL. Iban a ser unas imágenes que, junto a una serie de textos, conformaran una obra colectiva y conmemorativa.  


Pero el campus es una gran caja de juguetes. Fui allí como un niño que abre su primera gran caja con un mini mundo de Playmobil. Figuras, espacio y complementos para crear historias a mi antojo. El problema es que la fotografía no cuenta historias, al final lo que resulta es más musical que novelesco.


¿Qué particularidades de este campus, a orillas del mar, rodeado por invernaderos y al margen de la ciudad, le atraparon?

Se trata del futuro. La tecnología de las pelis de Godzilla, la rica economía de ‘La Jetée’, la idiosincrasia de los personajes del Godard de ‘Alphaville’... Y la universidad: intelectualidad y diversión.


Dice Borja Criado en su texto inicial que su pelo ha emblanquecido por la angustia existencial, ¿lo siente así?

No. Mis fotos no tienen angustia en un sentido normal. Lo que mis fotos buscan es la metafísica de la atmósfera de Almería, y ahí cada cual la vive a su manera. Borja extrae una angustia existencial, yo extraigo un decorado para un Godard ficticio. Habrá quien vea la vida en el campus y hay quien ve un campus desapercibido a sus ojos hasta entonces. 


¿Cómo es la UAL que ve Guerrero?

Si no existiera una universidad en el desierto, la imaginaría tal cual es. Mi UAL es un espacio racional dentro de una esfera mística.


Su libro es un homenaje a la gente que habita la UAL,  pero desde un punto de vista heterodoxo. ¿Cómo fue hacerse invisible los dos meses en que vivió su día a día?

Bueno, tú me has visto trabajar... ¿Me hago invisible? (Risas). No me oculto, sólo espero pillar a los demás en un buen día y confío en que entiendan que mi intención es noble y nace del corazón. No sé muy bien cómo consigo que esto funcione, supongo que es algo demasiado interior como para dejarse ver.


Tras muchos años ganándose la vida como fotoperiodista, regresó al aula para estudiar en la Escuela de Arte. ¿Qué le ha aportado?

Estar codo con codo con chicos que aún siquiera han descubierto la fotografía para mí es algo muy hermoso. No solo los veo crecer fotográficamente, sino que yo voy a su lado y en la misma jerarquía, de alumno. Esto me obliga a aprender a estar-sin-estar. Y a veces me siento como un monje en retiro aprendiendo los fundamentos desde la más básica práctica. Espero obtener mi título y algún día opositar para ser profesor.


Con un CAF desconocido para parte de la ciudadanía, ¿Almería desaprovecha su potencial fotográfico?

El CAF, bien cuidado y con un presupuesto digno sería una fuente inagotable de prestigio, dinero, trabajo y salud. No cuidarlo con la responsabilidad debida puede ser causa de una gran pérdida para todos a los que nos toca luchar por él. Cada uno debe de hacer lo que esté en su competencia, ya sea hablar de él en el Parlamento o en los medios, ya sea ponerle ofrendas a la Virgen del Mar o cuidar el ‘feng sui’ de la Plaza Manuel Falces. El CAF es una joya y debemos invitar a los demás para que vengan a verlo.


Estos días vemos su último trabajo: un ensayo sobre el Festival Internacional de Cine de Almería.

Hace dos veranos se me ocurrió hacer el trabajo de mis sueños. Y lo primero que me vino a la cabeza fue el cine, Almería y todo lo que significa juntar estas dos cosas. Me pregunté cómo lo haría si tuviera vía libre y presupuesto, y la respuesta fue hacerlo a la antigua, como los paparazzi originales, con una cámara de 120 y un flash antorcha.


Puro glamour fotográfico. Gracias a Dios, en Diputación supieron ver el valor de mi aventura cervantina. El cine, como el CAF, y como los almerienses que se dedican a la imagen y el sonido, son bienes a explotar, mantener y promocionar. 


En este trabajo he sido el fotógrafo que todos queremos ser: uno que tiene tiempo para elaborar su ensayo y que disfruta de libertad. Por eso es muy importante la presencia de mis compañeros en las imágenes. Lo que cada fotógrafo hace solo ayuda a poner en valor el trabajo del resto. Somos un gremio que ama especialmente su profesión, al igual que el resto de periodistas. Por eso resistimos.

 

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