Adiós a Jaime Díaz Gálvez, un almeriense de pura cepa

José María Díaz Pérez

Jaime Díaz Gálvez

  • La Voz

El pasado día 7 de junio falleció en Roquetas de Mar D. Jaime Díaz Gálvez, médico, séptimo hijo de D. José Díaz López y Dª Carmen Gálvez Felices, padres de una saga de hijos conocida y apreciada en Almería por regentar varios puestos de carne en la Plaza (Mercado Central) y el Molino de los Díaz, si bien Jaime fue el único que no se dedicó a tal profesión, sino que ejerció la veterinaria y la medicina.


Como la del resto de sus hermanos y sus padres, la vida de Jaime estuvo marcada en su niñez por las vivencias de la Almería de los años 30 del siglo pasado, la Guerra Civil y la dura posguerra. A pesar de ello, D. José inculcó en sus hijos desde la primera niñez el sentido de la responsabilidad, el amor por el trabajo (recibió en los primeros 80 la medalla al mérito por el trabajo) y la maestría en la profesión humilde pero digna que ejercía, y continuaron ejerciendo la mayoría de sus hijos (Pepe, Fernando, Alberto, Luis, Américo y Octavio, quien años más tarde fundaría “El Molino de los Díaz”, una marca de referencia en la fabricación y venta de embutidos en Almería durante varias décadas del siglo pasado). 


Sin embargo Jaime desde muy pequeño despuntó en los estudios, y a pesar de las dificultades de la época, decidió continuar estudiando y no seguir los pasos de su padre y hermanos. Terminó sus estudios de bachiller en Almería y consiguió entrar en la Facultad de Veterinaria de Córdoba, donde cursó la carrera entre los años 1948 y 1953, siendo decano D. Germán Saldaña y con profesores como D. Rafael Castejón, D. Gumersindo Aparicio, D. Manuel Medina o D. José Martín entre otros.


Al terminar la carrera de Veterinaria volvió a Almería, donde compaginó el ejercicio de la profesión con la ayuda en el negocio familiar, durante unos años duros en los que la única opción era trabajar sin descanso, pero que siempre recordó con cariño, por las muchas vivencias que pudo atesorar, y que ayudaron a terminar de forjar su carácter. 


Además de la milicia ordinaria, hizo el servicio militar por el turno universitario, alcanzando el grado de Alférez, en el Ejército del Aire. Siempre dijo que una de sus grandes pasiones y vocación no alcanzada hubiera sido poder ser piloto militar; no obstante, la vida le deparaba otro destino.  


Jaime contrajo nupcias en mayo de 1956 con Pepita Pérez (en la misma ceremonia se casó también su hermano Américo con Mercedes Matías), tras varios años de noviazgo que incluyeron las ausencias de Jaime durante los cursos escolares en Córdoba, y en los que su amor se fraguó y mantuvo a pesar de la distancia y gracias al contacto epistolar y telefónico. De dicho matrimonio nacieron seis hijos: Jaime (+1960), César, Celia, Jaime, Américo y José María. 


El devenir de los años y las oportunidades profesionales hicieron a Jaime cambiar la Veterinaria por la representación de productos farmacéuticos en la multinacional Pfizer, donde llegó a ocupar puestos directivos a nivel andaluz, al punto que a finales de los 60 del siglo pasado trasladó su residencia a Sevilla, sin dejar nunca de amar profundamente a su querida Almería. Posteriormente se instaló en Granada, donde cursó la carrera de Medicina entre los años 1969 y 1975, con profesores como D. Luis Rojas Ballesteros, D. Buenaventura Carreras, D. Miguel Ciges, o D. Vicente Salvatierra, obteniendo un expediente académico brillante, a pesar de trabajar y llevar un hogar con cuatro hijos adelante, a la vez que estudiaba la carrera. 


Ya licenciado en Medicina (con 46 años), comenzó el ejercicio de dicha profesión en Roquetas de Mar, a la vez que cursaba en Granada la especialidad en Medicina Interna y Análisis Clínicos. Más tarde, a finales de los 70, decidió fijar definitivamente su residencia en Granada, donde nació su hijo José María, si bien nunca abandonó su tierra almeriense, a la que volvía constantemente para veranear y pasar todos los períodos de vacaciones y fines de semana que podía. 


Trabajador incansable y amante de la profesión médica, además de su trabajo dedicó parte de su tiempo a labores colegiales en el Colegio de Médicos de Granada, donde ocupó diversos cargos electos; tras jubilarse de la Seguridad Social en 1.999, continuó ejerciendo la Medicina en el ámbito privado hasta la edad de 84 años, edad a la que la salud le impidió seguir adelante. 


Sus grandes pasiones siempre fueron el flamenco (miembro fundador de la Peña El Taranto), los coches (miembro fundador del Automóvil Club de Almería), su familia y su Almería natal. Quienes le conocieron destacan sobre todo su carácter serio, quizá marcado por una niñez dura por las circunstancias y el tiempo que le tocó vivir, la ejemplaridad de su vida personal junto con un gran sentido de la responsabilidad, el amor por su esposa Pepita, por sus hijos y por su profesión médica, su honestidad y la lealtad a sus amigos (siempre dijo que era hombre de pocos amigos, pero amigos para siempre). 


Un almeriense de pura cepa, de estirpe y de corazón. Descanse en paz.