La restauración de la iglesia de Santo Domingo a través de la prensa (I)

La restauración de la iglesia de Santo Domingo a través de la prensa (I)
  • Fachada principal del proyecto de restauración del templo de Santo Domingo.
  • La Voz
  • Juan F. Escámez
  • 07:00
  • 26.08.2018

La historia de la Feria y fiestas en honor a la Virgen del Mar de Almería está directamente ligada a la iglesia y convento de Santo Domingo desde que aquel 21 de diciembre de 1502 la orden dominica recibiera en su templo a la talla mariana.


Por esto, la restauración de la iglesia dispuso el apoyo de todos los almerienses por lo que la prensa del momento realizó un amplísimo seguimiento a las obras para devolverla a su esplendor tras la Guerra Civil.


Inicios de las obras

Tras las fiestas de 1939, las obras comenzaron con las labores de desescombro en el mes de septiembre. Centenares de almerienses participaron en estos trabajos transportando miles de espuertas cargadas de cascotes y cascajos, signo de la devoción del pueblo hacia la Patrona de la ciudad.


Al terminar la etapa inicial de limpieza, la obra sufrió una interrupción mientras se elaboraba el proyecto y otorgaban las oportunas licencias. Durante este periodo de inactividad, falleció José Benítez Blanes, vicepresidente de la Junta "Pro Reconstrucción del Santuario de la Patrona de Almería" para cuya obra donó 100.000 pesetas y que se utilizaron para iniciar las tan deseadas obras.


El proyecto de 1942

En el periódico del día 30 de agosto de 1942 aparecieron los primeros planos del proyecto de la renovada iglesia de Santo Domingo. Un proyecto ambicioso, que se enmarcaba en dos fases, un inicial de restauración y consolidación de la parte más antigua del templo y otra, de ampliación que supondría, según se podía leer, "avanzar hacia la plaza, tomando de ella la rinconada y fachada principal del Instituto en toda su amplitud, con lo que la iglesia quedaría totalmente alineada con la calle Gravina por una parte y por otra, será prolongada hasta la calle de Sagasta (hoy General Tamayo), a costa de la primera nave del Instituto".


En cuanto a la torre, el proyecto preveía que fuera desmontada y nuevamente construida pero en el costado contrario en la nueva fachada principal diseñada. Sería de planta de cuadrada, con siete metros de lado y una altura de 35 metros "con el fin de ser visible a gran distancia desde la calle Álvarez de Castro, frente a la cuál debe ser situada".

El camarín de la Virgen sería reconstruido en dos cuerpos, uno inferior utilizado a modo de coro bajo y exornado con mármoles de colores "de las mejores canteras de la provincia, que será exponente claro de nuestra varia riqueza en materiales de construcción". Al camarín, en el cuerpo superior, se accedería por dos amplias escalinatas para el fácil acceso de los fieles hasta los pies de la imagen de la Virgen del Mar.


Con todo ello, sumando los trabajos a realizar en los 759 metros cuadrados que disponía el templo a los 322 metros cuadrados de amplitud que se proyecta, la cifra alcazaba 1.100.000 pesetas que según las pretensiones del padre Ballarín, prior dominico, debía ser sufragado por todos los almerienses.


Tras 100 semanas de trabajo

Cuando se alcanzaban los dos años del comienzo de las obras en el interior del Santuario, las páginas interiores de los periódicos locales presentaban el estado de las mismas a modo de mostrar el ritmo de la restauración.


Hasta la feria de 1943, se habían invertido 199.389,60 pesetas y se habían colocado más de 200 metros cúbicos de piedra extraída de las canteras de Alhama y Las Hortichuelas. 


En el balance total de ingresos que se disponían para las mismas, unido a las cien mil pesetas de Jose Benítez Blanes, el ayuntamiento aportó anualmente 24.680,60 pesetas los años 1942 y 1943, la Diputación colaboró con 4.935 pesetas, pero la mayor colaboración para el desarrollo de las obras, 72577,05 pesetas, procedió de las limosnas y donaciones particulares. 


Con el objeto de recaudar las mayores donaciones, la congregación dominica diseño una suscripción mensual por la que emitieron sellos o estampas con al imagen de la Virgen del Mar, sin valor postal, con un precio que variaba según el tamaño: 10 céntimos las pequeñas, 1 peseta las medianas, 25 pesetas las grandes y las máximas a 100 pesetas.


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